Hace años, al hablar de circulación de la información, se hacía referencia al término “portero” para mencionar a aquellas agencias, organismos o individuos cuya función era cribar las noticias y separar lo que “creían importante” de lo insulso o elegir aquello que “debía o merecía” conocerse y ocultar lo esencial.

Tal vez el término se ha erradicado y en tiempos de Internet pensar en la existencia de semejante “portero” sea absurdo; sin embargo, la prueba de que los países dominantes aún esgrimen todas sus argucias para promover sólo lo suyo, la encontramos cotidianamente.

¿Cómo oponer resistencia frente al alud informativo que nos dice continuamente que volteemos hacia el mainstream y descalifica lo que no es generado allí? ¿Cuántos trabajos de toda índole (teatro, música, literatura) se pierden por el peso de los grandes, los legitimados, los aprobados por la alta —y en ocasiones incluso baja— cultura occidental?

¿Qué hay en Argentina más allá de Los Espíritus, Babasónicos, Indios, Las Pelotas, etcétera, etcétera? La respuesta está en ¡Salgan al sol!: Avant-rock en la Argentina del siglo XXI (Buh Records, 2014), un compilado realizado por Norberto Cambiasso (ex editor de ese oasis periodístico que fue Esculpiendo milagros, profesor en la Universidad de Buenos Aires y el Conservatorio Manuel de Falla y autor de Vendiendo Inglaterra por una libra. Una historia social del rock progresivo británico).

Cambiasso señala que fue a partir de 2004, luego de un incendio en un local cerrado —República Cromañón—, en el que hubo 194 muertos, cuando se dio  “la ampliación del hueco entre el mainstream y el underground del rock made in Argentina, hasta convertirlo en un insalvable abismo”.

En una placa doble, Cambiasso ha recogido el trabajo de 23 agrupaciones cuyas propuestas estéticas son muy disímiles y que si debiéramos usar un común denominador para definirlas, éste sería el de riesgo. Resistencia Chaco, por ejemplo, entrega un rock disonante, agresivo por momentos, que parece grabado al interior de una caja de metal, pero en donde lo más notorio es que allí los límites se han diluido, evaporado.  Antihéroe se acerca al jazz por la vena a la Henry Cow, por citar un referente, para luego inmiscuirse por los vericuetos de John Zorn, pero también deja escuchar su voz.

En ¡Salgan al sol!, una multiplicidad de tendencias y grupos se dan cita y lo mismo encontramos composiciones exploratorias, improvisaciones, acercamientos al free jazz, experimentación, texturas, atmósferas, destellos de Rock en Oposición. Ricardo Cometa titula su composición “Empina el codo”, nombre humorístico para un tema que semeja un festín de percusiones perpetrado por un alienígena en una escuela de samba, antes de ser expulsado de la misma por no sonar adecuadamente a batucada.

EPN Trío es una muestra de cómo esta música abreva de diferentes fuentes y la manera en que cada grupo las resuelva es lo que le da validez a las entregas que conforman este disco. En “Vela, ve (luego de Bela Bartok)” el grupo  inclina el todo hacia una fusión entre el jazz y la música de concierto, pero también incluye algunos destellos de rock.

Bandas inclasificables a las que les queda cual guante el epíteto de RIO dada la polisemia del término. Los caminos por los que se internan estas agrupaciones van desde la música de cámara, el ruido, la improvisación, los drones, incluso hay algo de krautrock y que, como en otros países del tercer mundo (México, Perú, Brasil), en ocasiones son más reconocidas en otras latitudes (aquí serían los casos de Cucamonga, Factor Burzaco o Las Orejas y La Lengua).

Cuco se decanta por el post punk (“Hamaca”), Fútbol nos da uno de los pocos cortes cantados (“El asedio a River Plate”) y Carlos Alonso hace un fundido de rock, jazz, funk, disonancias (“Baño de mostaza”). Criaderos en Seres también apuesta por lo amorfo, el caos controlado (“Alicia bebiendo raki”) y Los Síquicos Litoraleños retoman el folk, lo pervierten, lo “destrozan” (“Sirena chunga y la movida solar”).

Con frecuencia, para hablar del poco éxito de esta música, se menciona su vocación por el riesgo y la aventura, pero poco se piensa en esa forma en la que los medios de comunicación filtran la información para cultivar el gusto anodino y fomentar el consumo de lo convencional. Norberto Cambiasso, lo explica así: “Algunos dirán  que las elecciones estéticas, de por sí arriesgadas, de los grupos en cuestión limitan el ámbito de su influencia y de su circulación. Más bien habría que preguntarse acerca de un entorno que, con el correr de las décadas, expulsa hacia los márgenes cualquier vocación experimental para regodearse en la eterna repetición de tres acordes mal cantados que abruma a la mayoría de lo que hoy goza de  difusión en la raquítica y deprimente escena mainstream”.

¡Salgan al sol! es una oportunidad de escuchar nuevas voces, otras inflexiones y no lo mismo de siempre.