Sistema Sonar todo lo desacomoda. Para bien, sí, muy para bien de la música y la cultura. Sistema Sonar desacomoda la costumbre en la costumbre. Nada lo deja en su sitio. Desacomoda lo usual y predecible hasta en lo inusual e impredecible. Todo lo desquicia aunque sea un poco. Todo lo pone a sonar de veras que a todo dar.

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Porque la música que brota de Sistema Sonar desacomoda lo monótono imperante, como la idea de centro y periferia en lo que queda de Occidente y como también desacomoda el concepto de capital y provincia dentro de nuestra(s) culturita(s), los hace ver como dos conceptos dualistas superados por la época del ya no más de dos en dos a ninguna parte. Porque este Sistema Sonar de que hablo desacomoda muchas dualidades falsas. Es un mecanismo de música diverso. Entre tres músicos va la cosa, pero va en más de quince direcciones distintas y todo en un sentido propio, el del desacomodo total de la monotonía nihilista en el espectáculo de la música.

Con Sistema Sonar se confirma que la Ciudad de México ya no es el centro real de la actual cultura mexicana o el sitio desde donde se establecen los cánones de la cultura y así mismo es como también con Sistema Sonar se confirma que de Xalapa, Veracruz, puede emerger en este momento música en verdad actual y cosmopolita, música que llega del porvenir, cargada de buena memoria pero apasionada por lo aún no venido a ser todavía, lo que vendrá, que así se presenta como algo asombroso. Porque la música de este trío de poder que es Sistema Sonar constituye el desacomodo del futuro en un mundito sociocultural donde todo se encuentra encerradito en el presente y mira sólo para atrás, sin optimismo, sin esperanza.

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También Sistema Sonar desacomoda para bien el sistema sin cabeza de las etiquetas y clasificaciones para la música. Vuelve risibles ideas sin pies ni cabeza como postpunk o fusión pesada. Su música rigurosa crea un desorden intenso en un mundito musical donde todo parece repetirse y regresar una y otra vez como “neo” o como  “proto” y algo más pero para nada interesante siquiera. De modo que ya nada se ubica en contexto real, todo es recuerdo de otros recuerdos.   Entonces sépase que Sistema Sonar no queda bien dentro de etiqueta alguna que provenga del pasado de la música popular culta, de masas o contracultural.

Lo que Sistema Sonar hace como música no es exactamente jazz o rock o lo que vino después o vendrá antes, mucho menos es fusión de algo con otra cosa. Es música creativa, música libre, música interpretada con una guitarra eléctrica, un bajo eléctrico y una batería. Así se puede decir que Sistema Sonar es un trío de poder, un trío de poder incómodo, muy incómodo, porque estos tres músicos van más lejos de los círculos marcados y machacones del blues, hacen música de extensos desarrollos en tiempos diversos y a velocidades de asombro. Cerca del jazz y cerca del rock, pero siempre alejándose de ellos para llegar a una situación más auténtica.

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Sistema Sonar desacomoda el rock y el jazz con su música libre, muy libre, porque no tiene letra y porque toda es desarrollo progresivo. Improvisación creativa. Armonía del alma de tres y virtuosismo instrumental, con mucho trabajo de ensayo. Tres músicos que saben aventurarse juntos por lo inesperado y bello, el encuentro surreal con el flujo de notas que se integran en figuras arquitectónicas que se hacen y se deshacen en muchas escalas y dimensiones.

No suenan como Cream, como Police o como Hendrix, tampoco suenan próximos a lo que vino después; dentro del orden del jazz se despegan en diagonal de todo posible modelo; sin embargo, cada compás de música está cargado de enunciados que los conectan con toda la música que es posible escuchar e imaginar hoy día, cuando Internet parece hacer posible todo. Con tal de que todo sea lo que uno quiera. Y los tres jóvenes músicos de Sistema Sonar efectivamente quieren ser un monstruo con tres cabezas, puestas de acuerdo en desear ejecutar la música perfecta y hacerlo en forma perfecta, para comunicar a la vez placer, saber y poder, fuerzas necesarias para acceder por la música a la vida completa.

Este súper trío de poder lo integran Matías Rozat en la batería, Juan Carlos Sardaneta en el bajo y Odger Hernández en la guitarra.