Al comenzar la década, el saxofonista Ramsés Luna se planteó seriamente abandonar la música; sin embargo, un año después dio a conocer a Luz de Riada, cuarteto que debutó con Cuentos & fábulas Vol. 1 (2011) y que un par de años después tuvo su continuación.

riada-1

La inestabilidad en la alineación retrasó el tercer volumen de la trilogía, mismo que finalmente apareció recientemente (EAR Audio/ AICAACIA A.C.). Ahora el grupo lo constituyen Gustavo Jacob (guitarra, bajo fretless y piano) y Ramsés Luna (saxofones, duduk, instrumentos nativos, voz y geoshreed), más el “invisible”, pero siempre audible Edgar Arrellín en la ingeniería de audio; como invitados aparecen Todd Clouser, Eduardo Reyes (voces) y Hugo Hernández Chipa y Manuel Jiménez (baterías).

riada-2

Este volumen arranca con “Play Ball”, un corte significativo porque en él se da el punto de quiebre, la ruptura interna de Luz de Riada con su pasado y el alumbramiento de la nueva piel. Es una composición en la cual Clouser usa la voz más como un instrumento y en la que se anuncia una fusión entre el jazz rock y la world music; sin embargo, conforme el tema avanza, llega a un pasaje tranquilo que remite al llamado rock en oposición.

“Callejón de igualdad” es una composición lenta, inclinada al folk, en la que el sax de Ramsés suena como si se tratara de un acordeón y donde encontramos sutiles diálogos entre los instrumentos. Gustavo Jacob, diestro en la guitarra, también se muestra avezado al bajo; aquí, ancla el ritmo con seguridad y se torna eje fundamental sobre el cual gira lo demás.

riada-3

“Marichiweu” es un tema intenso, profundo, perlado de dramatismo y en el que Ramsés echa mano de su voz para hacer algo semejante al canto, por momentos hay ciertos tintes crimsonianos que se mezclan con sonidos pastorales de una flauta que no sólo busca dar color sino también hablar; el solo de guitarra, breve, sirve de puente para unir nuevamente las partes.

“Monos sobre elefantes blancos” posee un toque exótico, medio indostano, que refuerza la guitarra, pero esto apenas es una intro para dar paso a una multiplicación de las guitarras eléctricas que conforman una hermosa y atrevida pared sonora; es un tema en el que los talentos de Jacob se despliegan sin restricciones y con los cuales crea uno de los mejores cortes del álbum.

En la “Última frontera” regresamos a los terrenos de la fusión con un corte que nuevamente se insinúa plácido, tranquilo, descriptivo. Es una de las dos caras de esta nueva Luz de Riada, porque luego, al llegar al último tercio, se desdobla, retoma fuerza e intensidad. “Satán carroña”, por su parte, es agresivo; en él se encuentra fundida esa vocación tricéfala del dueto: la herencia crimsoniana, la world music, el rock en oposición, aunque al final son la energía y la composición las que inclinan el corte a la última vertiente.

“El cielo no es el límite”, por su parte, toma la música del mundo como punto de partida para luego explayarse hacia los terrenos del jazz y crear una sublime amalgama, un sonido poderoso, robusto,  fuerte por momentos, pero también capaz de aceptar la tersura, la suavidad y encontrar en los cambios de tiempo giros que den un impulso diferente al tema. “Acá entre nos”, al tiempo que borda en la frontera del jazz, también se hace ayudar algo de la electrónica, lo que sin duda abre nuevas veredas para una búsqueda futura de la agrupación. La misma actitud presenta “Paseo de la resistencia”, aunque aquí, más que el jazz, es una sólida sección rítmica la que influye en los oídos para hacernos caer en una fusión electrónica matizada de world music y toques de misterio. En el cierre, “Mía”, la voz de Eduardo Reyes de la banda Barcos de Papel, corona una composición en la que hay visos de funk, perverso pero funk al fin,  con una guitarra excelsa que parece sacada de los delirios nacidos de una ingestión de ácido en Nigeria.

Luz de Riada cierra un ciclo, ha sido una travesía que no ha estado exenta de altibajos, mismos que han llevado a su fundador, Ramsés Luna, a continuar ahora como el proyecto de un solo hombre. La etapa cierra con el que es, probablemente, la mejor placa del proyecto y augura, dada la madurez de su instigador, nuevos caminos que, creo, darán iguales o mejores resultados en el futuro.