“But now she’s gone, yes she’s gone away”
The Red Hot Chili Peppers

“I Could Have Lied”

Para 1991, año explosivo con el cual dio inicio la década de los noventa, The Red Hot Chili Peppers (RHCP) era una banda poco conocida a nivel internacional, a pesar de tener cuatro álbumes grabados, poseer un estilo agresivo, contagioso y original –en el cual fusionaban el punk con el funk y el hip hop– y contar con una historia llena de conflictos y tragedias, entre ellas la muerte por sobredosis de heroína de su guitarrista Hillel Slovak.  

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Surgida en California en 1983, la agrupación tenía como sus líderes fundadores al peculiar vocalista Anthony Kiedis y al aún más peculiar bajista Michael Balzary, mejor conocido como Flea. Después de varias pruebas con diferentes alineaciones, en 1989 el grupo quedó consituido por Kiedis y Flea, más John Frusciante en la guitarra y Chad Smith en la batería. Ellos cuatro grabaron primero el estupendo Mother’s Milk, mismo que logró sacarlos del underground y lanzarlos al estrellato nacional, y en 1991 se encerraron en una casona, convertida en estudio de grabación, junto con el afamado productor Rick Rubin, para trabajar en el que sería su primer trabajo para una disquera trasnacional y quizás su mejor álbum hasta el día de hoy, el sensacional Blood Sugar Sex Magik.

Sangre, azúcar, sexo y magia, eso es lo que hay a lo largo de los diecisiete cortes que contiene el plato. Sangre, por su poderoso feeling y su estremecedora entraña; azúcar, porque por primera vez los RHCP se aventuraron a incluir algunas baladas acústicas y el resultado fue formidable; sexo, por varias de las poéticamente provocativas letras de Kiedis; magia, por las hechizantes cualidades de la música que la banda pudo crear para esta obra fuera de serie.

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Blood Sugar Sex Magik arranca sin contemplaciones. El tema inicial, “Power of Equality”, hace honor a su título debido al poderío de su funquera síncopa, la cual se liga con el hipnotizante beat hiphopero de “If You Have To Ask”. Viene entonces el primer rompimiento con la acústica y sesentera (hay ecos del Traffic de Mr. Fantasy, flauta a la Chris Wood incluida) “Breakin’ the Girl”, canción que habla con cierto dolor sobre el fin de una relación amorosa. El riff inicial de “Funky Monks” contagia de inmediato y es perfectamente apoyado por el sólido juego de tarola y contratiempo de Chad Smith y los bajeos siempre sorprendentes de Flea, mientras Kiedis frasea intencionado y Frusciante hace y deshace en el solo a mitad de la pieza. Todo para dar paso a la primera de las varias cumbres del álbum: la sardónica “Suck My Kiss”. Qué bajeo y qué respuesta de la guitarra, qué precisión rítmica en los tambores y qué manera de interpretar del vocalista. De pronto, vaya paradoja, la calma llega con violencia. “I Could Have Lied” es una preciosa confesión de culpa amorosa, una melodía tranquila pero que evidencia una enorme tristeza en la voz de Kiedis, tristeza confirmada por el más que expresivo solo de Frusciante. Nueva irrupción de la fuerza mediante un riff de rock duro que deriva en un funk juguetón y una voz que rapea divertida en la curiosa “Mellowship Slinky In B-Major”. “The Righteous & The Wicked”, otra gran composición funky, permite escuchar las voces de un coro conformado ¿por Frusciante y Flea?

“Give It Away” hizo que los RHCP hicieran volar las cabezas de millones de personas alrededor del mundo. Un funk extraordinario, pantagruélico, excesivo, con un solo de guitarra procesado a la Revolver (The Beatles) y esa hiperactiva vocalización en staccato de Kiedis, quien repite rápida y atropelladamente el título de la canción. El ludismo del cuarteto californiano en su máxima expresión. La sigue “Blood Sugar Sex Magik”, el corte que da título al compacto, con una voz zappiana y un riff protometalero que se combina con otro más cercano al funk. El tercer rompimiento sobreviene con “Under the Bridge”, una de las canciones más conocidas de este disco, si no la que más, y ello no es producto de la casualidad. Se trata de una de las grandes baladas de los noventa, una melodía llena de belleza y ternura y, claro, otra cumbre del álbum. La guitarra juega con filigranas y Anthony Kiedis conmueve con su canto inspirado y sensible al hablar de las tribulaciones de un drogadicto (¿Hillel Slovak? ¿Él mismo?). Una joya.

“Naked in the Rain” se abre como un abanico, recobrando el mood funk y una cierta rabia desafiante en la voz del cantante y los coros que lo apoyan, pero sobre todo en el trabajo del bajo asombroso de Flea. Entre tanto, “Apache Rose Peacock” muestra una mayor calma, aunque el beat permanece en plena solidez y la inclusión de una apenas perceptible trompeta a la Nueva Orleans le da un toque extrañamente juguetón. “Greeting Song” posee un vértigo contrapunteado por la sección rítmica del cuarteto y desemboca en ese elegíaco y funk-hardcorero homenaje a Hillel Slovak (hay algo por ahí que recuerda a Sly and the Family Stone) que es “My Lovely Man”, con Flea y Frusciante en plan grande.

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El disco concluye con dos temas bastante singulares: el largo (más de ocho minutos) “Sir Psycho Sexy” –un seductor funk muy a la Funkadelic, con una coda instrumental verdaderamente adictiva– y el único tema que no fue escrito por los RHCP, un cover ¡de Robert Johnson! llamado “They’re Red Hot”. Una forma bromista de terminar un disco magnífico.

Cabe añadir que poco después de la aparición de Blood Sugar Sex Magik y la gira consecuente, John Frusciante abandonó al grupo, aunque regresaría algunos años después para reincorporarse y grabar otros grande álbumes con sus tres bizarros compañeros. Sin embargo, ninguno tan bueno como esta obra maestra de los Chiles Picosos.