“Elbow deep inside the borderline.
Show me that you love me and that we belong together.
Shoulder deep within the borderline.
Relax. Turn around and take my hand”.

Tool. “Stinkfist”

¿Cómo explicar la música de Tool? O más exactamente: ¿es posible explicar la música de Tool? Hay quien dice que la mayor contribución de este grupo es la de haber llevado las oscuras y amenazantes atmósferas del metal más subterráneo al pretencioso y elegante art rock o, justo al revés, haber trasladado las exquisiteces de este género a la violencia y dureza del heavy metal. Como sea, Tool es una agrupación que puede presumir de algo que sólo las grandes bandas metaleras de la historia podrían ostentar: el tener un sonido absolutamente distintivo y original.

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Ænima (1996) es un disco emblemático de Tool, su mejor trabajo a mi entender. En él se sintetiza la idea toda de su líder, Maynard James Keenan, de crear una perfecta combinación de música y letras plenas de oscuridad, fuerza, desgarramiento, angustia, amor y desamor (no perdamos de vista que Keenan es uno de los grandes escritores del rock, con un alto nivel poético en sus textos). La furia evidente que hay en cada tema de Ænima es reflejo de sentimientos agónicos y desasosegados frente a los cuales uno no puede permanecer indiferente. Ante el ataque instrumental  y vocal, pero sobre todo emocional que hay en cada tema de este álbum, el escucha no tiene sino dos opciones: la de huir y cerrar oídos y mente o la de abrirse por completo y correr el riesgo de ser arrasado por un embate de ira, frustración, intensidad y miedo opresivo que, paradójicamente, puede resultar liberador.

Luego de una breve introducción de percusiones metálicas, el disco abre con un riff golpeante e inescapable. “Stinkfist” es una canción impresionante, un anuncio de lo que vendrá a lo largo de quince cortes y más de 77 minutos. “Algo tiene que cambiar / Innegable dilema / El aburrimiento no es una carga / Cualquiera debería sobrellevarlo / La sobrestimulación constante me nubla / pero no podría prescindir de ella / No es suficiente/  Necesito más / Nada parece satisfacerme / No quiero eso/  Simplemente lo necesito / Sentir, respirar, saber que estoy vivo”, canta Keenan con distintas y escalofriantes voces.

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En Ænima hay algo de rock progresivo, un poco en la línea de King Crimson, con largos pasajes instrumentales. Sin embargo, el ánimo es muy otro. Lo que en King Crimson es precisión técnica y virtuosismo puro, aquí es entraña y martirio, víscera y flagelación, sudor y sangre. También es filosofía contemporánea (de ahí el homenaje explícito al inteligente y controvertido comediante Bill Hicks, heredero legítimo de Lenny Bruce), pero sin intelectualismos o poses vanas. Obra catártica como pocas, este plato –que cumple veinte años de haber aparecido– explora los más diversos y sombríos sentimientos en temas tan explosivos como “Eulogy”, “Pushit”, “Hooker with a Penis”, “Jimmy”, “ Die Eier Von Satan”, “Ænima” e incluso la experimental (sólo un zumbido como de insecto sobre un fondo de efectos de estudio) “(-) Ions”. Pero no todo es trágico en el disco. La ironía, casi siempre cruel, campea a través del mismo con singular desparpajo sarcástico.

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Musicalmente, la riqueza del álbum es completa. Tool crea un sonido tan peculiar que seduce, no sólo con las cambiantes vocalizaciones de Keenan sino con las variadísimas figuras de Danny Carey en la batería, la creatividad de Justin Chancellor en el bajo y por supuesto la inventiva sobrecogedora y genial de las guitarras de Adam Jones.

Tool hizo de Ænima una obra maestra de difícil clasificación. Es una de esas grabaciones que entre más se les escucha, más envuelven al receptor, como si de cada nota, de cada acorde, de cada palabra, de cada beat surgieran delgados hilos de araña que atrapan poco a poco y sin piedad al descuidado oyente, quien hipnotizado se deja capturar, con nula resistencia, al otro lado del espejo sonoro.