El papel protagónico de la música electrónica en los años ochenta representó para el jazz-rock (mezcla de la improvisación y complejidad musical jazzística con la fuerza y el carácter más directo y agresivo del rock) tanto una nueva fuente de inspiración como un cambio de nombre: “fusión”. A partir de ahí a la dupla se le agregaron géneros (pop, soul, funk, ritmos latinos, reggae, bossa nova, música africana, española, india, asiática y/o clásica) y subdivisiones (crossover, jazz contemporáneo, world-jazz, et al).

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Durante las últimas décadas, la palabra “fusión” se ha empleado con tanto desparpajo que prácticamente ha perdido todo sentido. La voluntad original de aleación iniciada en los años sesenta con el jazz-rock se ha difuminado, si bien continúa desarrollándose en la actualidad en escenas reducidas y de culto como el avant-garde neoyorkino, japonés, escandinavo y germano; en grupos como Atomic, Tribal Tech y la Elektric Band y en los muy destacados proyectos que encabeza Nguyên Lê.

Los padres vietnamitas de este músico fueron exiliados que llegaron a Francia, donde éste nació el 14 de enero de 1959, en París. De niño y adolescente, tocó la batería, el bajo y la guitarra. Luego estudió y se graduó en Artes Visuales, para a la postre licenciarse en Ciencias Filosóficas con una tesis sobre el Exotismo. A mediados de los años ochenta, sin embargo, volvió a su viejo amor: la música.

Fundó entonces al grupo Ultramarine, una banda multiétnica con la que grabó dos álbumes (Programme Jungle y , con mezclas de rock, funk, jazz y músicas contemporáneas). Sus dotes como multiinstrumentista lograron que se codeara con gente como Louis Sclavis, Carla Bley, Randy Brecker, Gil Evans y algunos otros, mientras que sus inquietudes e intereses estéticos lo condujeron a iniciar una carrera como solista y líder de formaciones con estilos diversos.

Su primer disco en tal modalidad, Miracles, apareció en 1990, cuando se trasladó a vivir a los Estados Unidos. A partir de ahí, sus talentos lo convirtieron en uno de los intérpretes más eclécticos que existen en la actualidad, como consecuencia de la mixtura cultural a la que se ha expuesto: la propia (vietnamita), la de crianza (francesa) y la adoptiva (estadounidense). Esta unión de culturas musicales le ha proporcionado una visión amplia y variada, manifiesta en grabaciones de lo más heterogéneo.

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Nguyên Lê ha creado un magnífico universo sonoro que funde de manera convincente las distintas formas del rock, la música folk de diversos países y naturalmente el jazz. Este gran improvisador gusta de trabajar en combinaciones de formato y de nacionalidad que van desde el dueto hasta la big band. Su discografía por lo tanto es grande y múltiple.

Muestra de ello son los discos Soundscape (con el italiano Paolo Fresu y el tunecino Dhafer Youssef), Walking on the Tiger’s Tail (con el estadounidense Paul McCandless), ELB (con el vietnamita Huong Thanh) o Fragile Beauty (con la japonesa Mieko Miyasaki), al igual que su repertorio con el trío Saiyuki.

No obstante, entre los proyectos que ha realizado a lo largo de su carrera hay un par a destacar, por erigirse en medulares y significativos dentro de su desarrollo como músico. El primero, Purple Celebrating, al que le dedicó la primera década del siglo XXI y con el que le rindió tributo a quien es su gran hito: Jimi Hendrix. Con la perspectiva ubicada en un punto que la gente, en general, ha olvidado: su faceta como compositor.

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Nguyên Lê resolvió en el trabajo sus necesidades como intérprete. Ahí buscó el espacio donde evolucionar sus propias concepciones instrumentales y trasmitir la libertad implícita en las composiciones hendrixianas mediante la realización de infinidad de conciertos.

Asimismo, con el segundo de esos proyectos, Songs of Freedom, puso los acentos en su concepto sobre las versiones del canon rockero, a las que con el jazz ha dotado de la creatividad necesaria para que cada vez que se les escuche sean tan distintas como frescas. Lê utiliza canciones conocidas y las filtra a su manera. Los músicos que las interpretan se acercan a ellas con actitudes diversas e improvisan con tales archivos sonoros.

Toman una pieza (como “Black Dog” del Led Zeppelin, “Dark Side of the Moon” de Pink Floyd o “Come Together” de los Beatles, por ejemplo), la dividen en un sinnúmero de fragmentos y la arman de nuevo. Es un principio jazzístico neto. El resultado es tan familiar como totalmente otro y un auténtico y sentido homenaje.

Grupos y obras así, como los construidos por Nguyên Lê, son ejemplos sonoros de la fragmentación contemporánea en que vivimos y representan la dicha de tocar y de explorar la esencia tanto de los temas como de la personalidad musical de sus intérpretes. El tempo embelesador que manejan, en clave de jazz, hace accesible al oyente toda una gama de impresiones inesperadas. En el universo hipermodernista de Nguyên Lê, todas estas causas se fusionan de la forma más primordial y armoniosa del mundo.