Este disco suena mejor cada vez. No es algo fuera de este mundo, pero en su hora, la del conflictivo Rock en tu idioma y La movida, dejó sentir su originalidad y una poderosa imaginación, una gran fuerza subterránea para trastornar el desorden establecido con suavidad y ternura. Sí. Con suavidad y ternura.

Grabado en 1986, Silencio es la única producción de Los Encargados, una banda de pop rock argentino integrada por Daniel Melero (voz), Alejandro Fiori (bajo) y Hugo Foigelman (guitarra y teclados). Este disco fue toda una sorpresa electro-pop en lengua castellana.Varios medios y críticos lo consideraron el mejor disco de ese año en Argentina.

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Rock tecno-pop parecido al rock tecno-pop de su época, sobre todo en Inglaterra; pero con una marcada personalidad hispano-latina y urbana, nada folclorizada ni edulcorada con ilusiones de la pachamama y la metafísica tolteca. Pudo ser grabado en cualquier parte del primer mundo del tecno-pop y el rock-balada; sin embargo, todas las piezas que lo componen manifiestan una enigmática pero efectiva sustancia argentina, es música de la ciudad de Buenos Aires. Sin tener que hacer guiños piazzolescos o malambazos como los del Gato Barbieri. Es pop en diálogo brechtiano con la hora del derrumbe de la dictadura militar por la derrota de Argentina en la torpe guerra de las Malvinas.

Música paradójica, amarga como el mate y dulce como los alfajores. Hay una pieza de una grandeza sin igual: “Sangre en el volcán”. ¡Qué letra, qué melodía y qué armonías!Luego hay una rola pop muy sabrosa y agradable: “Trátame suavemente” que poco tiempo después se convertirá en un éxito de masas en el cover de Soda Stereo. También hay otras tres piezas memorables: “Orbitando”, débil por ciertos puntos opacos en la letra; “Creo que estamos bailando”, débil porque su letra tiene un momento muy zombi sin solución; y “Líneas”, excesivamente barroca. Con siete piezas más de buena factura y muchos matices y contrastes entre sí. Algo que se oye mejor cada vez que se vuelve a escuchar.

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El resultado es un disco conceptual con un relato operístico en forma de mosaico. Un cuento sin principio y sin final, una narrativa dispersa y en segmentos. Un tejido de imágenes en el que predomina el espíritu de la ciencia-ficción abstracta. Sí, “abstracta”. Aunque más como la abstracción del cubismo que como la del manchismo y el geometrismo. Extrañas historias de amor casi todas ellas. Ejemplo ejemplar: “Región”.

Resaltan los arreglos, la síncopa, la delicada estructura melódica. Es un conjunto de canciones que se puede escuchar a todo volumen igual que a uno muy bajo, lo mismo en medio de una reunión de mucha gente que en la más precisa y concreta de las soledades existenciales con audífonos y en todos los casos, su escucha atenta convocará una sonrisa de Buda.

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No es rock puro. No hay batería estruendosa ni guitarra estridente, no es música en marcado tiempo de cuatro por cuatro. Predomina la balada sobre el blues. No es espectáculo de masas, porque sus letras son rebuscadas en la mayoría de los casos. Pero quien desee escuchar música en sí, allí tiene “Le Caine”; no se puede pedir más. La canción “Un disparo de luz” trama toda una novela de la angustia en el amor sin espanto digna de la firma de Adolfo Bioy Casares o Leopoldo Marechal.

Pero si en definitiva se oye como rockcito nada más, tú báilalo así y ya. Tú nomás báilalo como rockcito, una sinfonía estúpida; pero ya te digo, mi cuate, seguro que te hará sonreír como Buda. Tú nomás trátalo suavemente y ya verás que te iluminará. Seguro que te iluminará. Cada vez más.

 

 

Un comentario en “Expectativas
El Silencio de los Encargados

  1. Una aclaración: Soda Stereo no grabó un cover de “Trátame suavemente”. El tema lo escribió Melero mientras fue integrante de Soda Stereo, cuando el grupo apenas se estaba formando. Soda lo grabó en su disco debut en 1984 y fue hasta 1986 cuando Melero lo hizo con Los Encargados.