Al escuchar por vez primera el tema de Superman compuesto por John Williams en 1978 José María, mi hijo, se quedó pensativo un momento y después murmuró: "se parece al de Star Wars solo que es más antiguo". Cabe decir aquí que José María tiene 9 años y no sabe quién es John Williams pero conoce bien Star Wars y es un escucha atento.

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Lo primero que me vino a la mente fue decirle que no, que el tema de Star Wars es un año más viejo que el de Superman y que ambos son del mismo compositor, y tal vez por eso le sonaron parecidos. Pero no dije ni una cosa ni otra; lo que hice fue escuchar de nuevo y buscar eso que a mi hijo le sonó familiar y antiguo.

A primera vista, o mejor, a primera audición, ambos temas principales en modo mayor están formados con intervalos melódicos de cuartas y quintas a manera de fanfarria y el ritmo de marcha nos remite al triunfo de los héroes donde quiera que estén: en una galaxia lejana o en Metrópolis. Es cierto que se parecen y si no supiéramos que fueron compuestos por el mismo autor con un año de diferencia lo sospecharíamos sin duda, como lo sospechó José María. El parecido, entonces, existe.

Después seguí escuchando a Superman: los metales presentando el tema y las cuerdas acompañando; los timbales guiando el ritmo dándole a la música fuerza y precisión, mientras las maderas agregan elementos de color. Todos esos sonidos me eran familiares y poco a poco me llevaron a otro tiempo, a ninguno en particular, solo a uno distinto del mío en el tráfico de la Ciudad de México un miércoles por la tarde. Y ahí estábamos el hombre de acero y yo parados en Río Churubusco cuando de pronto hubo algo que me llevó sin escalas a la transición de los siglos XVIII y XIX ¡un piccolo! Y entonces lo tuve claro: ese magnífico tema de John Williams tiene elementos coincidentes con el cuarto movimiento de la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven; el primero de ellos la tonalidad, un poderoso Do Mayor, la cuerda acompañando el tema presentado por los metales a manera de fanfarria, las maderas coloreando, los timbales marcando el ritmo y el inconfundible piccolo dibujando escalas a toda velocidad, volando como Superman.

El tema de la galaxia lejana de Star Wars también tiene metales, percusiones, cuerdas y maderas pero el discurso musical es distinto; ya estamos en el siglo XX con la Sinfonía de los Planetas de Gustav Holst específicamente con Marte, en el que la música nos lleva de la mano al espacio y nos deja flotando ahí hasta que llega la nota final.

El tema de Star Wars, como hemos dicho ya, está formado con las mismas cuartas y quintas que podemos escuchar en Superman, pero no suena igual; y es que la música tiene esa magia: con las mismas doce notas que forman una escala se puede componer una sinfonía, una improvisación de jazz o una canción de los Beatles pasando, desde luego, por toda la música para cine que ha compuesto John Williams para nuestro asombro y deleite.

Entonces es cierto: el tema de Superman se parece al de Star Wars y no es más antiguo pero, sin duda, suena como si lo fuera.

Me alegro de haber bombardeado la primera infancia de José María y Eugenia, su hermana gemela, con cuanta música tuve a mi alcance. Aún no lo saben pero esos sonidos los acompañarán siempre, como la fuerza a los Jedis.

 

 

2 comentarios en “John Williams: en una galaxia lejana o en Metrópolis

  1. Magnífico el artículo, y qué bueno que me haya recordado la infancia de mis hijos. Verá, la más pequeña, Montserrat, nació en noviembre de 1970, y el primer televisor de la familia fue uno pequeño, en blanco y negro, que le compramos a nuestro hijo en 1977 a fin de que no tuviese que ir los sábados donde los vecinos, para ver el programa deportivo resumen de la jornada futbolística. Como puede imaginarse, al poco hubo que comprar uno más, idéntico, para nuestras hijas, que compartían habitación. En otras palabras, durante 10 años Rebeca, 9 Ricardo hijo y 7 Montserrat, se dedicaron a oír conmigo y con mi esposa toda la música de que disponemos en esta casa, y es mucha, desde Bach a John Williams, amén de folclore, rock and roll, pop, boleros, tangos, ¡¡jazz!!… Creo que es la mayor herencia que les he dejado en vida, sólo que hasta leer su artículo no me había dado cuenta. Gracias por abrirme los ojos.

  2. Estupendo relato, mostrando arte, inocencia, imaginación y candor infantil, plasmada por una ágil y elocuente pluma