Curiosa de nacimiento, chilanga para más señas, contemporánea de los primeros vuelos de jet en 1955, estudió biología, pero las preguntas que tenía encontraron mejor campo en la narrativa y el periodismo. Creyó que siempre iba a ser cuentista, porque el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen que ganó en 1997 por Ruby Tuesday no ha muerto pareció subrayarlo, pero un manojo de preguntas la llevó a la novela. En 2001 recibió el Narrativa de Colima para obra publicada por Café cortado y en 2010 el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por Yo, la peor. De los Rolling Stones a Sor Juana, del mundo del café en el Soconusco a las enfermeras de la Revolución mexicana (Las rebeldes, 2011), siempre visita el cuento, desde su primer libro en 1986: Cuentos de desencuentro. Manual para enamorarse (2014), publicado en México y en España es el más reciente junto con la novela Doble filo (Lumen, 2014). Su deseo de seguir jugando basquetbol (formó parte de la primera selección del equipo de la UAM) la llevó a escribir La más faulera, muy gustada por los jóvenes lectores desde hace quince años. Una voz para Jacinta y otros cuentos (Norma, 2013) le ha dado primeros lectores.

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Por la palabra y con la palabra, ha sido guionista de Canal Once, columnista de El Universal entre otros, conductora de radio (Muy interesante y Palabras al oído), conductora de televisión (Domingo 7 y Palabra de autor), conductora de talleres de narrativa y profesora en la Escuela de Escritores de SOGEM; hoy es profesora investigadora en la Academia de Creación Literaria de la UACM. Su espíritu viajero se traduce en novelas (Despertar los apetitos, Cambio de vías) y residencias artísticas a las que ha sido invitada (Banff Centre for the Arts en Canadá y Yaddo Colony of the Arts en Estados Unidos). Ha formado parte del Sistema Nacional de Creadores. La editorial La Pereza en Miami lanzó una nueva edición de Tonada de un viejo amor. La Universidad Autónoma de Juárez la homenajeó en la Feria del libro de 2012 y le otorgó el Premio Nacional de las Artes Malinalli; recibió el Governor General de Canadá por la promoción de la literatura canadiense en México. La curiosidad gastronómica de viajes y exploraciones del paladar se han vertido en crónicas o libros como Sor Juana en la cocina (coeditado con la gastrónoma Ana Benitez Muro). Vive en Coyoacán y tiene dos hijas, una diseñadora y otra antropóloga. Le gustan el café en taza roja por las mañanas, las ostras frescas y un buen vino, la música clásica, el blues, el rock y el flamenco, el arte, el cine, caminar, conversar y disfrutar los afectos, entre viajes y libros. Este es su test psicodiscográfico (¿o discopsicoanalítico?).


¿Cuál fue el primer disco que escuchaste?
Los primeros discos que escuché no eran de música, eran cuentos contados por Melisa Sierra, una señora que aparecía en la portada con un vestido verde. La niña de las nieves era un cuento ruso de una pareja que no puede tener hijos y moldea a una criatura de nieve que se derrite. Mi hermana y yo llorábamos y lo volvíamos a escuchar. También oíamos una y otra vez a Las tres ardillitas con Lalo Guerrero y cuando Pánfilo se equivocaba, nos reíamos en la misma frase. Aún me sorprende cómo no nos cansábamos y cómo los discos eran compartidos entre María José y yo.

¿Cuál es el primer disco que compraste?
Hey Jude, 45rpm, de los Beatles. Fue un disco que yo elegí. Tenía 13 años y había ido a Oregon a quedarme con una amiga que había hecho por carta. “Hey Jude” sonaba en el radio, compré el sencillo con la manzana verde al centro. Era mi pase a la libertad, a lo que sólo a mí me pertenecía. Y me lo traje a México.

¿Cuál fue el primer disco que le envidiaste a alguien por no poderlo tener?
El Köln Concert de Keith Jarret con su portada blanca, puro piano que te llevaba a lomo de teclas, casi escuchabas respirar a Jarret, lo oías exaltarse, lo imaginabas al pulsar las teclas: música sensual y poderosa Yo lo quería, no sé cuánto tarde en tenerlo, pero formó parte de mi discoteca.

¿Cuál es tu disco favorito para manejar?
Joe Cocker Classic es un disco que no me canso de oír. Me encantan “She Is Always a Woman to Me” y “The Fool on the Hill" en su voz rasposa, en su muy personal interpretación.

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¿Cuál es el disco que mejores recuerdos te trae?
Janis Joplin Greatest Hits, porque la vida entonces era pura fibra emocional, horizonte infinito, porque me lleva a la manera en que habité mi cuerpo, a las ganas de subir montañas, bardas, andar en moto, a la emoción de las pequeñas cosas: un cinturón, la mirada de alguien, una carta, un beso. 

¿Cuál es el disco que más te avergüenza tener?
Ninguno. Aunque pocas veces confieso que Acompáñame de Rocío Durcal me hizo llorar hace muy poco, con la película que me tocó ver en un autobús a Guanajuato. Cada una de las canciones, sobre todo la que da nombre al disco y que canta con Enrique Guzmán, son parte de mis 17 años.

¿Cuál es el disco que más lamentas haber perdido?
Nights in White Satin de Moody Blues, quizá porque con él se fue el novio de mis tempranos veinte, quizá porque era suyo y lo escuchábamos juntos. Yo pensaba que eran míos: el disco y el novio.

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¿Cuál es el disco que adquiriste más recientemente?
Como tenía que conversar sobre Kazuo Ishiguro en un ciclo de cine y literatura, me puse a indagar sobre el autor. Supe que componía canciones también porque la música era una de sus pasiones (por algo escribió la reunión de relatos de personajes músicos: Nocturnos). Así di con Stacey Kent que canta “Breakfast on the Morning Tram", compuesta por Ishiguro, y me gustaron su estilo y las otras canciones del disco. Lo compré por Internet y lo escucho en computadora. Es muy fácil, pero hay algo que se fue en esta forma inmediata y práctica de tener lo que quieres: quizás el gusto de desear y el trabajo por conseguir un disco.

¿Cuál es el disco que más te ha influido en la vida?
Cuando un tío nos regaló a mi hermana y a mí Their Satanic Majesties Request, con su exótica portada en 3D, y Between the Buttons de los Rolling Stones, diría yo que puso una bomba en mis manos. Ya no sería la misma a partir de las canciones de esos discos que sólo conseguías en las tiendas de discos importados y que eran caros. Mi pasión por los ingleses blueseros, rockeros, desgarrados, pólvora y caricia, ya había empezado cuando escuchaba su hora por Radio Capital, sus canciones por La Pantera, pero el capricho de oírlos a mi real antojo, repetir alguna de las canciones y poder usar no sólo la consola en la sala de la casa sino el tocadiscos azul turquesa de mi hermana en nuestro cuarto, hacía de “Simpatía por el diablo” una verdadera revolución. Reconocía que esa irreverencia me gustaba. Y mucho. Y que “Ruby Tuesday” podía ser un himno, una bandera personal.

¿Cuál es el disco que prefieres para hacer el amor?
Las gimnopedias de Eric Satie son aliento, son pausa y cadencia. Son ola, baile. Son sensualidad elegante. Empiezan por erizar la piel y entran al corazón, sin que uno pueda oponer resistencia.

¿Cuál es el disco que quisieras que tocaran en tu funeral?
Lascia ch’io pianga de Händel, porque la muerte es triste y la tristeza en una despedida debe dejar un halo de belleza, una conmoción. Un estremecimiento sin palabras. Aunque pensándolo bien, “Ruby Tuesday” va mejor con la alegría de vida y eso quiero que quede.

¿Cuáles son los cinco discos que te llevarías a una isla desierta?
Qué difícil, caray. Pienso en todos los géneros de música que me gustan. Los suaves sin palabras, los de la entraña, los del recuerdo, los de mis muy cercanos.
Water music de Händel, porque no me canso de escucharla,  porque fue compuesta para que se tocara en el Támesis. La leyenda del tiempo de Camarón de la isla, porque el flamenco es poderoso, me encanta y quisiera bailarlo con el cuerpo y el alma. Let It Bleed de los Rolling Stones, porque tiene la reunión de canciones que más me gusta del grupo. Summertime de Billie Holiday, por la voz emocional de la cantante, por las canciones. Las mejores rancheras de Pedro Infante, porque me dan alegría y por que no quiero que falten “Las Isabeles”: “delgaditas de cintura y de corazón alegre”. Y no me limiten, porque quiero el disco que aún no graba el mariachi tradicional Charanda, los músicos son mi familia. Mis hijas crecieron en él y cantan y tocan allí.