2015 fue el año de Kendrick Lamar. Su disco To Pimp a Butterfly significó no sólo un éxito musical (prácticamente todos los medios especializados lo colocaron como el mejor del año), sino un fenómeno social: tras las diversas revueltas raciales ocurridas en los Estados Unidos, hacía falta alguien que volviera a hablarle a la comunidad negra desde el rap, desde el hip-hop, pues como dijera Chuck D, miembro de Public Enemy, este ritmo es la CNN de la comunidad. De suerte tal que el álbum de Lamar se convirtió en un nuevo referente, se rebasó a sí mismo como disco y se convirtió en una declaración de principios, en un manifiesto que revisa sus propias raíces musicales para pararse en los hombros de los gigantes: en To Pimp a Butterfly coexisten el jazz, la música soul, el R&B y, por supuesto, el hip-hop, para crear uno de los mejores discos del nuevo milenio.

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Apenas unos meses después de este hito, Lamar sorprende al mundo con el lanzamiento de su nuevo disco, Untitled Unmastered, una colección de piezas descartadas de las sesiones de su obra anterior. Esta suerte de EP se presenta prácticamente sin producción, pues las canciones no se sometieron a los misteriosos caminos de la masterización y la edición. A pesar de esto, el disco resulta una auténtica maravilla, un nuevo pase mágico del oriundo de Compton, quien nos demuestra que si algo le sobra es ingenio y creatividad.

Ninguno de los tracks posee nombre, así que sólo los distingue una numeración que va del 01 al 08, además de la fecha en que se grabaron. El tema inicial es un rap duro, con una base old school, en el que los músicos invitados se lucen al por mayor (permea en todo el disco el impresionante bajo de Thundercat, uno de los mejores ejecutantes de las cuatro cuerdas en la actualidad) y la rima de Lamar fluye natural y precisa, afilada como navaja.

El segundo corte es una sorpresa aún mayor: un jazz minimalista fúnebre, donde Kendrick canta una melodía que hechiza desde el primer momento para luego dar rienda suelta a la rima como sólo él puede hacerlo.

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El tema 03 está mucho más cercano a aquello que podríamos denominar como hip-pop, un poco en la vena de lo que hacen personajes como Kanye West o Jay-Z, pero con la diferencia de contar con la lengua viperina de Lamar.

La siguiente pieza son casi dos minutos de una maridaje entre el soul y el góspel, todo ejecutado suave y sin prisas, lo que constituye una de las composiciones más brillantes del álbum.

Por su parte, el track número 05 arranca con un bajeo demencial cortesía del mismo Thundercat, el cual se pasea sobre una base jazzística de batería y un piano eléctrico que juega el papel de soporte armónico. Aparecen también un par de alientos fantasmales que le dan a la pieza mucho de su riesgo y sabor. Sin embargo la mayor sorpresa viene cuando aparece la voz, pues Kendrick ha sido sustituido por una belleza femenina, un canto de sirena que resulta una delicia.

El tema número 6 rompe un poco con la línea de erotismo del tema anterior, sin alejarse del todo de la misma: resulta una composición con mucho sabor y energía, de sensualidad sugerida debajo de un ritmo soulero de época.

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Después viene la pieza número 7, que con sus 8 minutos se erige como la más larga del disco. Esta es una suerte de collage de canciones en el que se repite la introducción del track número 2 para dar paso a una base modificada y después a una melodía de voces en contrapunto que resultan maravillosas, para finalizar todo con una improvisación entre el contrabajo de Thundercat y la voz de Lamar. Nota curiosa: la sección intermedia de la canción fue producida e interpretada por Alicia Keys y su pequeño hijo de cinco años (sí, leyó usted bien, CINCO AÑOS) llamado Egypt, quien se encargó de tocar los sintetizadores. Un auténtico y muy simpático prodigio.

El tema que cierra el disco es igual un rap clásico de Lamar, en el que el ritmo se apega a formas más tradicionales, pero no por eso es malo, al contrario: nos demuestra que el rapero ha logrado dominar al máximo sus errores y virtudes.

Tras escuchar el álbum completo, cabe preguntarnos: ¿acaso estamos ante el mejor rapero de su generación? ¿Contemplamos la cúspide creativa de un personaje que se convertirá en alguien vital al pasar el tiempo? La respuesta se encuentra en este disco vibrante, emocionante, lleno de inventiva y poderío: una magnífica apostilla para esa obra de arte llamada To Pimp a Butterfly.

Como alguien dijo por ahí: Kendrick está haciendo lo que Kanye cree que está haciendo. Nunca mejor dicho. Larga vida al único genio que tiene el rap actualmente. Larga vida a Kendrick Lamar.