Scary Monsters

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1980
Un gran gran disco. Aunque para muchos fue un retroceso luego de las experimentaciones con Brian Eno en Berlín, Scary Monsters es a mi modo de ver uno de los mejores álbumes de David Bowie. Sofisticado, audaz, provocativo, altamente sensual, contiene varias de las mejores composiciones del británico y es una especie de rescate del glam pero con elementos del rock duro, el folk, el pop y la electrónica. En el disco colaboran además grandes músicos, como Robert Fripp, Carlos Alomar y Pete Townshend. Se trata de uno de esos trabajos que pueden desconcertar en una primera escucha, pero que seducen y envuelven conforme se va penetrando en sus más íntimos recovecos. He aquí un variado desfile de magníficos temas, de canciones sin desperdicio que van de la erizante “It’s No Game (Pt. 1)” a la felizmente conclusiva “It’s No Game (Pt. 2)”, transcurriendo por cortes tan buenos como la festiva “Up the Hill Backwards”, la bizarra “Scary Monsters (and Super Creeps)”, la irresistible “Ashes to Ashes”, la glamurosa “Fashion”, la conmovedora y evocativa “Teenage Wildlife”, la desgarrada “Scream Like a Baby”, la exultante “Kingdom Come” y la irresistible “Because You’re Young” (con un Townshend en plenitud rocanrolera). Scary Monsters es -quizás- el último Gran Disco (así, con mayúsculas) de David Bowie, su último verdadero clásico.

Let’s Dance

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1983
Con Let’s Dance se inicia de algún modo el periodo más complaciente de David Bowie. A pesar de contener excelentes piezas, en general el espíritu del disco es flácido, hueco, artificioso. De pronto, Ziggy Stardust caía en las tentaciones del superestrellismo, del jetset, de la música bailable más superficial, de la actitud abiertamente vacua. Álbum en cierto sentido neo romántico, Let’s Dance se salva porque, a pesar de todo, la calidad de Bowie está ahí, presente, sin doblegarse del todo ante el sentido pedestre de su coproductor, el discotequero Nile Rodgers. El disco empieza muy bien con la dinámica “Modern Love”, una canción al mismo tiempo artística y comercial que lograría un gran éxito de ventas como sencillo y hasta sería utilizada para musicalizar… un anuncio de Pepsi. Otro tema interesante –escrito al alimón con Iggy Pop– es “China Girl”, el cual contiene una insólita participación del entonces muy joven guitarrista Stevie Ray Vaughan. “Let’s Dance” sigue un poco la línea de composiciones de discos anteriores como “Fame” o “Fashion”, mientras que la cinematográfica “Cat People (Putting Out Fire)” –coescrita con Giorgio Moroder– agrega un relativo ambiente ominoso a un trabajo lleno de fuegos de artificio.

 

Tonight

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1984
El descenso artístico de David Bowie durante los ochenta siguió su curso con Tonight, una obra que no hace sino tratar de repetir el éxito de Let’s Dance, mediante la repetición casi mecánica de la misma fórmula de hacer musiquita fácil y bailable. Parecía que el antiguo autor de maravillas tan creativas como Hunky Dory y Aladdin Sane olvidaba su pasado y sólo quería triunfar en las discotecas y vender lo más posible. Si ese era su objetivo lo logró con creces, ya que el álbum obtuvo ventas enormes alrededor del mundo y temas como “Blue Jeans” (of all names) o “Loving the Alien” sonaron hasta el hartazgo en los antros de baile de las grandes ciudades. Muchos reflectores, mucha parafernalia, muchas luces estroboscópicas, pero un mismo resultado insustancial. Tonight fue Disco de platino, pero no ha resistido del todo la prueba del tiempo.

 

Never Let Me Down

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1987
Quienes pensaron que con Tonight David Bowie había tocado fondo y no podría caer más bajo, no se equivocaron. Sin embargo, quienes creyeron que el músico ya no tenía remedio tuvieron un leve margen de error. Never Let Me Down, aunque muy en la tónica de sus dos antecesores inmediatos, dio muestras de cierta recuperación en las capacidades creativas de Bowie. No es un gran disco, pero al menos el autor de “Spacce Oddity” lanzaba algunas señales de esperanza para sus más fieles seguidores, sobre todo los de la fructífera década de los setenta. Muy lejos aún de obras como Ziggy Stardust, Station to Station o Low, este álbum retornaba a los temas basados en las guitarras fuertes y las experimentaciones del art-rock que ya parecían abandonadas. Entre las composiciones a destacar se encuentran “Day-In-Day-Out”, “Glass Spider”, “Bang Bang” y el homenaje a John Lennon “Never Let Me Down”.

 

Black Tie White Noise

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1993
El proceso de recuperación de David Bowie, luego de su periodo cuasi discotequero, prosiguió con este disco, el primerop de la década de los noventa, grabado seis años después de Never Let Me Down. Una ausencia demasiado prolongada sin lugar a dudas. El sólo anuncio, en 1993, de la aparición de un nuevo álbum del artista despertó toda clase de espectativas, muchas de las cuales quedaron frustradas; pero no del todo, ya que Black Tie White Noise fue, a pesar de todas sus falencias, un pequeño paso adelante. La obra significó entre otras cosas el reencuentro entre dos viejos camaradas: el propio Bowie y el guitarrista Mick Ronson, aunque poner a éste al lado del productor Nile Rodgers resultaba cuando menos extraño. Inspirado en su reciente matrimonio con la supermodelo Iman, un feliz David presentó en este nuevo trabajo una propuesta que seguía coqueteando con la música dance, aunque con una mayor profundidad creativa. Entre los temas hay dos covers, uno de Scott Walker y otro de Morrisey, mientras que de las composiciones de Bowie destacan “The Wedding” (con obvia dedicatoria), “You’ve Been Around”, “Black Tie White Noise” y muy especialmente la magnífica “Jump They Say”. Un disco de transición hacia las mucho más importantes obras que produciría en adelante.

 

Outside

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1995
Si Ziggy Stardust es un álbum conceptual, Outside lo es aún más. Casi diríamos que es un trabajo híper conceptual y muy (quizá demasiado) pretensioso. Se trata de una nueva colaboración con Brian Eno, luego de la trilogía Low-Heroes-Lodger de casi veinte años atrás. Como en aquellos días, las experimentaciones atmosféricas y disonantes están presentes, pero esta vez enriquecidas con elementos de la música imperante en 1995: el industrial y el grunge principalmente. El disco crea a un personaje (Nathan Adler) y es como una novela negra de anticipación en la cual predominan los temas del crimen y el arte (¿el asesinato como una de las bellas artes?) y las cuestiones del ciberespacio. En su estridente ambición, el álbum falla por su exagerada complejidad. Confuso, irregular, con menos momentos brillantes que grises, Outside vale más por lo que representa como intento por recuperar el impulso artístico que como obra en sí. Para fortuna de Bowie, vendrían cosas mejores.

 

Earthling

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1997
Producir Earthling fue para Bowie como quitarse un enorme peso de encima. Porque si con Outside se había ido a los extremos de la pretensión, de una incontrolable complejidad y de una exagerada sobreproducción, supo rectificar a tiempo y hacer de esta obra de 1997 un disco que si bien no renunciaba a trabajar con la música del momento, sí aligeraba sus sonidos y los hacía mucho más accesibles. Esto no quiere decir que haya vuelto a la superficialidad de la época de Let’s Dance y Tonight, sino que tomó elementos del techno y el jungle para componer su nuevo material y el resultado fue muy satisfactorio. No se trata ciertamente de un gran disco, sobre todo porque de pronto da la impresión de que los beats del jungle fueron sobreimpuestos a canciones convencionales y eso produce un efecto de cierta artificialidad. Sin embargo, Bowie parece moverse mucho más a sus anchas que en su trabajo anterior y el hecho se traduce en una gran frescura y una mayor amplitud musical que son especialmente notorias en temas como “Little Wonder”, “Seven Years in Tibet”, “Dead Man Walking”, “Telling Lies” y la controvertida “I’m Afraid of Americans”. Un buen álbum a secas.

 

Hours

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1999
Un disco refrescante, una obra que es como una bocanada de aire limpio. Después de los intrincados intentos de Outside y Earthling, un álbum como Hours representó un regreso a la sencillez rocanrolera. Último disco de Bowie en los noventa, último disco de Bowie en el siglo veinte, este Horas no se parece en realidad a una sola de sus grabaciones anteriores… y hablamos de todas sus grabaciones. Esto no significa por supuesto que se trate del mejor trabajo del músico ni mucho menos, aunque sí puede considerarse el mejor de los cuatro que hizo durante esa década. En general estamos ante una obra relajada, fina, gozosa, plena, una especie de síntesis de lo que había hecho durante treinta años de carrera pero transmutado al penúltimo año de la centuria que terminaba. Ahí están piezas tan buenas como “Thursday Child”, “Something in the Air”, “Seven”, “Survive” y la estupenda “The Pretty Things Are Going to Hell”. Hours es un disco muy valioso, no sólo por lo que representa o significa, sino por su calidad musical y letrística. Una pequeña joya que anunciaba el advenimiento de espléndidos trabajos para el nuevo siglo.

 

Heathen

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2002
El primer álbum de David Bowie en el siglo veintiuno es un dignísimo y muy prometedor trabajo. De una y muchas maneras representó un renacimiento para el de Brixton, no sólo porque cambió de disquera (de Virgin a Columbia), no sólo porque era el primero de su propio sello (ISO), sino porque en lo puramente artístico también significó un cambio y un paso tan grande que podríamos considerar a Heathen, sin exageración alguna, como una obra a la altura de los grandes clásicos bowieianos. Con Tony Visconti como su co-productor de nueva cuenta, después del enorme Scary Monsters de veintidós años atrás, Bowie realizó un gran trabajo, haciendo un uso exhaustivo y preciso de todos los recursos del estudio, tocando casi todos los instrumentos menos el bajo (incluso ejecuta la batería en el segundo corte) y con invitados de primer orden en las guitarras, como Pete Townshend y Dave Grohl. Todos los temas son espléndidos, desde el subyugante e inicial “Sunday” y el seductor “5:15 the Angels Have Gone” hasta los dos covers que se incluyen: uno de Pixies (“Cactus”) y otro de Neil Young (“I’ve Been Waiting for You”). Un álbum consistente y deliciosamente calmo.

 

Reality

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2003
Después de Heathen, resulta claro que David Bowie estaba haciendo música más que nada por el simple placer de hacerla. Esto queda comprobado con Reality. De nuevo con Tony Visconti como socio creativo en el estudio, Bowie retoma elementos de su época setentera (hay referencias musicales a álbumes como Hunky Dory, Heroes y por supuesto Scary Monsters), aunques perfectamente actualizados. Reality es un disco muy luminoso que nos habla sobre la situación individual por la que en esos momentos pasaba el músico. Madurez, la llaman algunos. Hay aquí canciones realmente memorables. La estupenda “New Killer Star” con la que arranca el disco es tan buena como “Pablo Picasso” (con su evocativa guitarra española en el solo) y lo mismo puede decirse de la melancólica “The Loneliest Guy”, la rocanrolera “Never Get Old”, la suplicante “Looking for Water”, la bella y sencilla “Days”, la deliciosamente pop-roquera “Fall Dog Bombs the Moon”, la explosiva “Reality” (muy Scary Monsters) y, sobre todo, un cover muy emotivo y respetuoso de la preciosa “Try Some, Buy Some” de George Harrison y la que a mi juicio es la mejor pieza del álbum, la extraña y fascinante “Bring Me the Disco King”. Alguien ha dicho que algunos rocanroleros veteranos mantienen la capacidad para seguir haciendo discos cómoda y satisfactoriamente clasicistas, sin que resulten necesariamente nostálgicos o anticuados. Sin duda alguna, David Bowie era uno de ellos.

 

The Next Day

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2013
Diez años tardó David Bowie en volver a dar señales de vida. Una década entera tuvo que pasar para que se decidiera a volver a grabar un disco. La espera valió la pena y The Next Day no decepciona en absoluto. Aunque no se trata de un trabajo a la altura de las obras maestras bowieanas, sí es en cambio un disco estupendo, al que podríamos emparentar con álbumes como Aladdin Sane o Heroes. Se trata de una obra fuerte, no demasiado densa, con momentos tristes y melancólicos, pero sin caer en lo depresivo –ni siquiera en la famosa “Where Are We Now?”. Al escucharlo con atención, se diría que hay más de luminoso (hasta donde puede ser luminoso Bowie) que de sombrío en el transcurso del álbum y que el rock seco y contundente tiene una muy agradecible presencia en varias de las canciones, entre las que destacan la homónima e impetuosa “The Next Day”,  la cuasi blusera “Dirty Boys” (que nos recuerda a Tom Waits y Nick Cave), la sofisticada “The Stars (Are Out Tonight)”, la aplastantemente triste “Where Are We Now?” y la deliciosa. “Valentine’s Day”. Para quienes extrañaban una composición claramente dramática y con ecos ziggystardustianos, coros incluidos, está el penúltimo corte de The Next Day, el expansivo y protosinfónico “You Feel So Lonely You Could Die”, con sus aires de góspel y soul, y quizá la parte más siniestra y desolada del disco venga en el tema final, “Heat”, que obliga a pensar en Scott Walker, no sólo por la manera de vocalizar, sino por el acompañamiento instrumental, lleno de asonancias orquestales minimalistas. Un final sorprendente para una gran obra discográfica que marcaba un aparentemente prometedor retorno.

 

Blackstar

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2016
El último disco de David Bowie, con todo lo que la palabra último carga de gravedad e inevitabilidad. Aparecido tan sólo dos días antes de la muerte del músico, Blackstar es un extraordinario álbum postrero, un testamento genial, la parte final de un legado musical fuera de serie. Siete son tan sólo los cortes que lo conforman, con una escasa duración de 41 minutos. Sin embargo, la grandeza y hermosura de esas siete piezas hacen de este plato un suculento manjar, lleno de riqueza artística. Desde la inicial y homónima “Blackstar”, sabemos que el músico quería ofrecer algo distinto esta vez. Siempre experimental, Bowie presentó una fusión de rock, jazz, soul y pop de espléndida manufactura. Eso se vuelve claro conforme las siguientes canciones se van adentrando en un ambiente misterioso y fascinante, pulcro y provocador, nostálgico y sensual, en el cual el saxofón de Donny McCaslin proporciona un impecable mood jazzístico, con sus espléndidas intervenciones, perfectamente mezcladas por la impecable producción del eterno colaborador de Bowie, Toni Visconti. Composiciones como “Lazarus”, “Dollar Days”, “Girl Loves Me” o “I Can’t Give Everything Away” hacen de Blackstar un trabajo entrañable y no hay mejor manera de agradecer a David Bowie por todo lo que nos dio que escuchar el disco con deleite y, sí, también, con una dulce nostalgia.

 

 

 

Un comentario en “David Bowie
Discografía básica comentada (II)