Elsa y Elmar llegó a mis oídos justo a tiempo. Era necesario escuchar una voz femenina que pudiera sonorizar mi situación de vida actual, esa crisis por la que pasamos los veinteañeros. Nada es casualidad. Sin embargo, nunca me gustaron esas voces de niñas estilo Natalia Lafourcade, Carla Morrison y la Venegas, quienes cantan canciones que mi oído no aguanta los primeros treinta segundos de prueba.

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El de Elsa y Elmar es un folk muy girly, con letras rosas pero realistas, de esas que se antoja escuchar en momentos de desamor pero que ya te encuentras harto del cliché. Es cuando le das vueltas y vueltas a Spotify y no sabes qué escuchar y de pronto te encuentras con una voz tenue pero penetrante que te da lo que andabas buscando.

Elsa Carvajal es originaria de Colombia. Tiene una voz clara y directa. Le canta al amor de manera sencilla y una de sus mayores inspiraciones es el miedo a amar libremente y ser lastimada. ¿Será por eso su admiración por Frida Kahlo?

Ella asegura que canta desde muy niña y el nombre de su proyecto solista es algo tierno pero que va muy ad hoc con su pegajosa música, un pop fino y rítmico un poco al estilo de Vampire Weekend, con instrumentaciones programadas que recuerdan al synth pop de los setenta.

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Elsa Y Elmar lanzó Sentirnos bien, su primer EP, en 2013. La canción “Inmadura” fue la que más pegó, pero en esa época no la había descubierto. Fue hasta su reciente larga duración Rey (2015) y sus temas “Exploradora” y “Payaso”, con frases como “Me duele tanto el amor / si tú no das yo no doy / si te me vas ya no estoy” que me llamó la atención para seguir escuchándola. En sus canciones encontré el soundtrack perfecto para ese preciso momento.

Una tarde lluviosa, esos frescos de la tardenoche, esas noches solitarias, esa botella de vino guardada en el refrigerador, todos son buenos pretextos para oír y disfrutar a esta singular intérprete.