En la temática del rock, el crimen de género ha sido un asunto recurrente en su ficción lírica. Basten algunos ejemplos para corroborarlo: “Hey Joe” (una canción que popularizó Jimi Hendrix), “Used to Love Her” (de Guns n’Roses) o “Too Much Blood” (de los Rolling Stones). Sin embargo, de facto, tal homicidio cometido por parte de roqueros (incluidos los del heavy metal más extremo) ha sido escaso y con muestras muy señaladas: el de Nancy Spungen a manos de Sid Vicious, el de Lana Clarkson por Phil Spector y el de Marie Trintignant por Bertrand Cantat, entre los más destacados.

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Señalo éstos por los elementos en común: tuvieron como víctimas a sus mujeres, hubo drogas y alcohol de por medio y las sentencias fueron por asesinato involuntario, sin premeditación. El caso del francés Cantat tipifica lo anterior y a la vez produce expectativas.

Bertrand Cantat fue durante la década de los noventa el líder, cantante y compositor del mejor y más popular grupo galo de rock de entonces, Noir Désir, un cuarteto fundado en los ochenta en Bordeaux, con influencias de MC5, The Gun Club y The Doors (principalmente por la personalidad escénica de Jim Morrison).

Desde su primera grabación de 1987, Où veux-tu qu’je r’garde?, hasta Des Visages, Des Figures del 2001, concentraron sus manifiestos musicales cargándolos de electricidad, dureza y oscuridad, conectados con la espesura de sus influencias sonoras. Tales sensaciones se hicieron extensivas a sus actuaciones en vivo.

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Los cambios a lo largo de su carrera fueron en el tono, no en lo profundo, en lo poético, que siempre se caracterizó por una lírica bien escrita a cargo de un Cantat que evidenciaba sus lecturas, uso del lenguaje y referencias culturales para ofrecer un material en evolución de gran fuerza y riqueza, combinando, además, los idiomas a discreción (inglés, francés y español), según lo requirieran las letras.

Su contexto, por otro lado, lo mostró como un grupo involucrado en el compromiso social, no como pose publicitaria (como hacen tantos otros) sino como militancia en contra de algunos males de la actualidad en el mundo: el capitalismo salvaje, el fascismo corriente, la manipulación mediática, la intolerancia derechista, las enfermedades virales, el colonialismo chino o a favor del indigenismo, con presentaciones e iniciativas tanto fuera como dentro de su país.

Debido a eso resulta incomprensible, en una primera instancia, el asesinato cometido por Cantat en el 2003. Su novia Marie Trintignant participaba en una película rodada en la localidad de Vilna, Lituania. Bertrand la acompañaba en tal viaje, cuando descubrió en el teléfono celular de ella mensajes de su anterior esposo.

Discutieron, pelearon y él terminó golpeándola bárbaramente. Ella entró al hospital en estado de coma y al cabo de algunos días, murió a consecuencia de la paliza recibida. Él fue condenado a sólo ocho años de prisión gracias a los malabares de sus abogados. El andar del grupo, obvio, quedó en receso y con vida artificial, gracias a diversas antologías.

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Un crimen así, bestial, lejos de cualquier previsión en un tipo “normal”, comprometido con la música, con la escritura y con las causas sociales, hace preguntarse: ¿cómo llega alguien así a convertirse en asesino? Según los estudiosos, la personalidad carga un verdadero torbellino de emociones almacenadas; cuando estas emociones, reprimidas generalmente, son provocadas, avivadas, agitadas o activadas, la persona, sobre todo si se encuentra en un estado particular de excitación o de frustración, se vuelve violenta. De ese modo, alguien en apariencia normal y equilibrado es poseído de pronto por el impulso de matar.

Cantat salió de prisión bajo palabra tras cuatro años de “comportamiento modélico”. Al año siguiente, Noir Désir publicó gratuitamente nuevos tracks en su página web. Todo parecía ir viento en popa para el grupo. Sin embargo, el 10 de enero de 2010 la primera ex mujer de Cantat, Kristina Rady, con quien tuvo dos hijos, se suicidó ahorcándose en su habitación, mientras él dormía en la misma casa. A fines de ese año, los demás miembros del grupo anunciaron el fin de la banda (luego de tres décadas de existencia), debido a diferencias “emocionales, humanas y musicales” con su cantante y compositor. Bertrand Cantat continúa con su carrera como solista hasta la fecha.