El sueño. Daniel Aspuru toca sax, tabla y sintetizadores en Nine Rain y en El Gabinete. Pero también es inventor. Cuenta: “Mi papá es ingeniero electrónico y desde chavo crecí con un laboratorio en mi casa; mi tío, Ariel Guzik (creador del Espejo Plasmaht), es inventor, trabajé con él cuatro años y me enseñó electrónica a nivel profundo. Con toda esa información, un día tuve un sueño en el que estaba en un escenario y había una máquina similar a esta y me gustó mucho, fue tan mágico para mí ese sueño que dije: ‘quiero hacerlo’ y me puse a trabajar en ello. La máquina de marras es el transductor eólico (TE), un ‘aparato’ de dos metros de alto y dos de fondo, construido con circuitos de electrónica analógica y neumáticos que funciona con una compresora de aire conectada a una manguera y ésta a su vez a unas pipas de bambú. Al aplicarse un voltaje a la válvula electromecánica, ésta abre y deja pasar aire a las flautas que son las que producen la música”.

 

El misterio. El TE estaba terminado, pero lejos de funcionar en su parte electrónica. La fecha de su presentación, en la cual uno de sus invitados era el saxofonista Steven Brown, se acercaba cada vez más. Daniel Aspuru se sentía desmotivado. “De pronto sonó mi celular, de un número desconocido, y dije ‘bueno’ y del otro lado alguien me dijo ‘bueno’. Digo: ‘Me están llamando’ y esperaba a que me contestaran, pero del otro lado la otra persona pensaba lo mismo. Cuando esa persona dijo ‘tú llamaste’, le reconocí la voz y me di cuenta que era Steven. Ninguno nos habíamos marcado, fue una cosa rarísima. Le comenté que no sabía si iba a haber presentación, porque la máquina no funcionaba y en ese momento él comenzó a tranquilizarme y justo entonces empezó a sonar la máquina y a partir de ese momento todo funcionó, fue muy mágico. Steven sólo me dijo:  ‘The baby is born’”.

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La coincidencia. Gabriela León es artista y trabaja en La Perrera, nombre de su estudio ubicado en la ciudad de Oaxaca. Ella, sabedora de la existencia del TE y amiga de Aspuru, le comentó que grabara un disco con Manrico Montero, pero él no sabía de quién le hablaba: “Había visto su nombre alguna vez y a los dos días me llegó un mail del Centro Nacional de las Artes en el que informaban de la visita de un músico japonés que quería tocar con varios músicos mexicanos. El correo decía que nos habían seleccionado a mí y a Manrico Montero, entre otros. Me dio curiosidad, le escribí, le comenté de la coincidencia, nos  pusimos en contacto y resultó que ahora tenemos una amistad entrañable”.

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Correspondances. Unidas las partes y acordado el lugar para trabajar, Manrico Montero (guitarra, grabaciones de campo, objetos), Steven Brown (saxofón, clarinete y voz) y Daniel Aspuru (TE, saxofón, piano y tablas) iniciaron el trabajo en La Perrera. “Allá hicimos la mayor parte de las grabaciones, después otras en mi estudio, fueron cerca de tres años los que se llevó a hacer este disco y la idea de concretarlo surgió de parte de Guy-Marc Hinant, cerebro del sello Sub Rosa, quien lo acogió en su New Series Framework, porque nosotros no queríamos pagar por él” .

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El TE deja oír su voz (“Living Pillars”): silbidos, sonidos graves entrecortados, zumbidos, un chirriar en el fondo, registros graves, notas que entran y salen rápidamente, susurros, ruido blanco, flautas sordas. En “First Symbol” inician los diálogos entre los alientos (a su manera, el TE es un instrumento de viento) y otros recursos sonoros que, salpicando aquí y allá, decoran la fiesta. Hay exploración, una sucesión de sonidos que contraviene el concepto de música y que en ocasiones sirve de fondo a la voz (textos de Charles Baudelaire, Guy Debord, Thomas Wolfe, Steven Brown) para gestar una atmósfera perturbadora (“Correspondances”); percusiones y “flautas” tribales (“Second Symbol”), canciones atípicas (“Vain Little Breath”, “Under the Cannonfire of Time”), oleadas del piano que recuerdan a Erik Satie, abundancia de espacios, composiciones de lento desarrollo ( “White Magic”, “Familiar Glances”).

Correspondances (Subrosa, 2013) es un álbum sin etiquetas, música alejada de constreñimientos, la unión de tres voluntades que encuentran puntos de comunión y forjan un continnum sonoro, una obra de aquí, de allá, de todos lados, un trabajo de vocación universal.