Hay un lugar en la ciudad de Guadalajara donde confluyen, por inverosímil que  parezca, nueve esquinas. No es una trastada alienígena y sí el resultado de una traza urbana caprichosa y juguetona; sin embargo, en ese espacio se da una coexistencia de bandas que han encontrado en diferentes casas sus sitio de ensayo y que en 2005 gestaron un compilado titulado 9 Corners.

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Al lado de agrupaciones como Dragón, Polar Dream o Tordo, aparecía el cuarteto Sutra, banda de místico nombre y sonidos misteriosos que, por inexplicables razones que sólo acontecen en un país como México, me resultó difícil de rastrear.

Sutra -el nombre proviene del poema “El sutra del girasol” de Allen Ginsberg- se formó en 1999, por iniciativa del guitarrista Andrés Orozco y el bajista Balter Ruiz (ambos también integrantes de Volcán, entidad sonora muy recomendable pero de distintas intenciones) y al año siguiente debutaron con un disco epónimo al cual siguió Intención y Nace (ambos de 2004 y ahora inexistentes físicamente).

Desde sus comienzos, el cuarteto amalgamó música e imagen y dicha tendencia los llevó a grabar música para programas de radio y cortometrajes. Poco a poco, esa vocación por ilustrar con sonidos las imágenes o por subrayar lo aparecido en pantalla los hizo integrar  un quinto elemento, una especie de “dibujante” en directo que se encargó de realzar con imágenes el peculiar universo de la banda.

Sutra es un conglomerado dado a la fusión de estilos y ritmos, una alquimia en la que la sicodelia y el krautrock tienen un papel preponderante. Sin embargo, el cuarteto no gusta de emprender largos viajes exploratorios; en vez de ello, concentran ese espíritu de búsqueda en temas cortos en los cuales la intensidad prodiga mejores dividendos.

Han grabado En lo denso (2008) y un par de temas en dos compilados más de 9 Corners -el tercero de próxima edición-, pero ha sido en Reflejo (2009) y Real (2013) donde la agrupación finalmente encontró su voz.

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En Reflejo, los temas abrevan del jazz, lo cruzan con el krautrock y la sicodelia (“Aluminio rojo”), atizan sus composiciones con algo de funk (“Micro Loop”), añaden un tono crepuscular y sombrío vía la trompeta del invitado Chris Grady (“Flotando en petróleo”), son pródigos y prodigiosos en el manejo de la intensidad -“Sincro” entra en alto, se combina con una textura cósmica y el tema parece regresar sobre sí mismo un par de veces, aunque siempre en distintos niveles- y habilidosos para trabajar los estados de ánimo pues Reflejo se divide en dos, siendo la segunda parte más reflexiva, con instantes de introspección (“Cubos”) aunque también con momentos amenazantes (“Armando Sueños”).

Real, por su parte, se consideró uno de los mejores discos de la perla tapatía en 2013 y una vez que gira sobre el reproductor aparecen las señales del porqué. “Seré tu espejo” se construye sobre una base rítmica repetitiva, monótona, que luego cede el paso a la experimentación, a la guitarra misteriosa, reptante, que comienza a dominar la parte central de la composición que se sumerge en un hoyo negro, en un vórtice para luego emerger transmutada, briosa, infectada de fusión.    Ahogada en sí misma, da paso a “Rother” -¿Michael Rother de Neü?-, signada por un efecto de viento que la fondea y luego da pie a ese ritmo motoriske tan propio del krautrock. ¿Homenaje? Mientras llega la respuesta, uno no puede más que montarse en su vehículo preferido y viajar por esta autobahn, adentrarse en los ramales (“Erróneo”), estacionarse en la cuneta para hacer una pausa (“Mil lugares aquí”, “Pakal”), ingerir un trozo de ácido (“Blue Phantom”), observar el paisaje, sus texturas y la coexistencia de sus delicadas y monstruosas creaciones (“Real”) y constatar, nuevamente, la habilidad de Sutra para concentrar en pocos minutos la intensidad.

La peregrinación sicodélica, la experimentación, prosiguen en “Fluor”, un corte en el cual las influencias de bandas alemanas más recientes (To Rococo Rot, Kreidler) es igualmente advertible.

Sutra no define la realidad, pero en Real, desde su portada, nos deja muy claro que ésta es susceptible de múltiples interpretaciones. Estos cuatro, proscritos de cualquier reconocimiento, poseen una voz propia, la han construido paulatinamente, la han vuelto real y sí, este no sólo es uno de los mejores discos tapatíos del 2013, si contaran con la difusión adecuada sería uno de los mejores discos de todo el país… y si me permiten la exageración, bien podría estar en las listas de varias publicaciones internacionales.

 

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