De William S. Burroughs festejamos el primer centenario de su natalicio. La sombra de su influencia ha sido larga y productiva. Con su espíritu clarividente, cosmovisión definida y desde sus distintos lugares de residencia, siempre ejerció como Sumo Augur (una práctica que a base de lucha les ha reservado la prerrogativa del Apocalipsis a los escritores desde tiempos inmemoriales). Enfundado en ello, manifestaba su rebeldía contra un sistema opresivo que presagiaba el auge del totalitarismo.

Sus visiones hablaron de estallidos de violencia urbana, de la fractura del establishment y de la  juventud como punta de lanza en la instauración de cambios sociales. A todo ello lo nutrió con el experimento yonqui y con la anarquía interzonas. Las bases de su lucha estaban en el ansia de transformación y en el fluir de una conciencia eminentemente epicúrea, retrofuturista, discordante y tóxica.

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“Vivo con la amenaza constante de ser poseído y con la obstinada necesidad de escapar de ello, del control”, confesó Burroughs en una entrevista.  “La muerte de Joan (Joan Volmer, su esposa, a quien en una reunión etílica disparó y mató accidentalmente al probar su puntería, en la ciudad de México, en septiembre de 1951) me puso en contacto con el invasor, con el espíritu maligno, y me condujo a una eterna lucha en la que no he tenido otra alternativa que la de escribir mi propio escape”.  Así explicó el autor de Naked Lunch (El almuerzo desnudo), Nova Express y Junkie, entre otros títulos, su inclinación hacia la escritura. Misma que ha servido de inspiración a diversos personajes y grupos de la escena roquera.

Como parte de ese escape, Burroughs aceptó la propuesta de editar discográficamente las lecturas de sus textos musicalizados por un fondo roquero, con estrellas de excepción o leídos por éstas en sus propias versiones. De esta manera, realizó discos antológicos como The Nova Convention, You’re a Hook, Cash Cow, Elvis of Letters, Nothing Here Now But the Recordings, September Songs o Triple Echo, entre otras muchas muestras.

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Como la muy destacada de 1987 con el productor Hal Willner, por ejemplo, quien acababa de terminar la realización del disco Strange Weather de la cantante irlandesa Marianne Faithfull y se encontraba en plena labor con el álbum The Lion for Real de Allen Ginsberg. Entonces sugirió a éste la grabación de algunos temas de W. Burroughs, coincidente en muchos aspectos con los de la generación beat, leídos por el propio escritor y con un acompañamiento musical apropiado.

Para llevar a cabo tal proyecto, que se erigiría a la postre en un valioso documento, fue necesario más de un año y el trabajo conjunto de otros tres productores: Nelson Lyon, James Grauerholz y Les Michaels. Las primeras sesiones de grabación tuvieron lugar en la casa de Burroughs en Lawrence, donde radicaba desde hacía casi una década dedicado más que nada a la pintura. Comenzaron en diciembre de 1988 y dieron como resultado diez horas que contenían partes del Almuerzo desnudo, correspondencia olvidada y poesía diversa, extensión que cinco meses más tarde quedó reducida a tres horas muy seleccionadas.

Sin embargo, Nelson Lyon, dedicado a la búsqueda de material, descubrió unos textos publicados por el oriundo de Missouri que habían quedado sepultados en efímeras publicaciones y rescató de entre ellos “Apocalypse”, “Tornado Alley” y “Thanksgiving Prayer”. Con todo el equipo volvió a Lawrence a fin de obtener la lectura del autor y hacer una edición más rica.

La antología contenida en el álbum Dead City Radio, producto de esos años de investigación y lecturas, fue publicada por la compañía Island en el primer bimestre de 1991. Contiene una excelente selección que da cuenta del conjunto de trabajos escritos por Burroughs, desde los más antiguos hasta los más recientes de aquella época anterior a su fallecimiento (1997), e incluye asimismo momentos únicos, como la versión de varios pasajes bíblicos hecha por el controvertido escritor.

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La ambición sonora para el proyecto del productor ejecutivo, Hal Willner, se orientó esencialmente a la intemporalidad. Para fondear los textos y la voz recurrió primero a unas pistas grabadas treinta años antes por la orquesta sinfónica de la NBC. Pero como el resultado no lo satisfizo, Willner no vaciló en llamar a reconocidos músicos de rock y jazz como John Cale (viola, teclados, bajo, guitarra, compositor y cantante, además de ex miembro de Velvet Underground), Donald Fagen (tecladista y cantante que en sus años mozos militó con Jay and the Americans y luego emérito compositor del conjunto Steely Dan), Lenny Pickett (sax tenor, integrante de la sección de alientos de Tower of Power), Chris Stein (guitarra, bajo y ex de Blondie), al grupo Sonic Youth (roqueros neoyorquinos pertenecientes al más disonante underground alternativo), Bill Frisell (guitarrista de jazz) y Garth Hudson (organista y ex The Band). El producto fue un trabajo hermoso y concentrado que plasma el auténtico lado oscuro estadounidense o dark americana, como también se le llama.

Tras escuchar la grabación junto con Burroughs, Allen Ginsberg expresó a la postre lo siguiente: “Bill está encantado por el efecto general, por su sonoridad, por su ambientación, por la contribución de los magníficos músicos. Yo digo que es un álbum estupendo en el que la voz de Bill destaca sobremanera. Cuando el ánimo de su texto es sombrío, suena como T. S. Eliot, pero cuando no lo es, suena como la misma voz de Dios”.