Eran tiempos difíciles para quienes querían hacer rock. Luego del Festival de Ávándaro, los roqueros enfrentaron la disyuntiva de la necedad o la migración a otros géneros. Luis Pérez se ubicó en el primer grupo: formó parte de La Verdad Desnuda, después se integró a Ciruela -con el que grabó un álbum sin mayor éxito-, sus pasos lo llevaron a trabajar con Alfredo Díaz Ordaz en Wingman y sus huellas lo ubican en la segunda mitad de los setenta con el Grupo Experimental Mexicano.

Sin embargo, no importaba la agrupación en la cual se encontrara, el flautista incubaba una idea y estaba decidido “a morir o a salir avante de esa experiencia porque sabía que tenía algo diferente”. La búsqueda culminó en 1981 con la aparición de En el ombligo de la Luna, su primer disco solista, mezcla de instrumentos prehispánicos, electrónica y rock, obra seminal de la cual engendró el etno rock.

“En 1978-79, estuve viviendo en condiciones paupérrimas en un cuarto en la calle de Perú y allí es donde se definió exactamente En el ombligo de la Luna, viviendo en medio del ruido, la miseria; en ese entonces, ya no trabajaba para sobrevivir como lo hacía antes. Me iba a tocar en cafés, me llevaba la guitarra, cantaba y de esa manera me ganaba el sustento, pero cuando definí mi trabajo decidí que ya no iba a conceder más; tenía algo, una propuesta que para mí en ese entonces era diferente, era única y tenían que escucharla”.
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Cuando el disco finalmente apareció, se convirtió en una obra de culto instantánea, entre otros factores debido a la dificultad para conseguirlo -fue editado por el ISSSTE- y además su autor no encontraba suficientes espacios para promoverlo, por lo que un par de años más tarde emigró a los Estados Unidos. Allí trabajó con Strunz & Farah, Kitaro, Cirque Du Soleil, Jon Anderson y Andreas Vollenweider y continuó su trayectoria solista con una obra perdida en medio del resto de su actividad (Tales of Astral Travelers, Domo Records, 1998).

Regresó a las grabaciones con Santuario de mariposas, realizado entre 1996 y 1998, pero editado en 2012; una edición limitada, remezclada y remasterizada de En el ombligo de la Luna y los recientes In Situ (grabaciones realizadas entre 2001 y 2013) y La Neza (canciones, 2013).
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Luis Pérez no es un músico común. Su interés lo ha llevado a explorar, a buscar instrumentos precolombinos para usarlos en una música con regusto al pasado; sus notas son una evocación de tiempos perdidos, pero majestuosos. Él también busca los entornos naturales (grutas, cenotes) en donde pueda hallar nuevas sonoridades y explorar y explotar las posibilidades tímbricas de esos instrumentos tan antiguos como el arribo del hombre a Mesoamérica.

Pero también es un ser cosmopolita. En In Situ, esto queda plasmado fehacientemente. Si bien en el disco existe trabajo con instrumentos prehispánicos (“Cumbres de Huautla”), éste es mínimo y se ve rodeado por otros timbres, por apoyos electrónicos (“Arrecifes”). “Tanger”, por ejemplo, es un corte en el que se respira un entrecruzamiento entre las atmósferas orientales y algún chispazo precolombino. En realidad, el álbum es una fusión de la trayectoria de su autor, los recursos se han dispuesto para crear cuadros de contrastes entre la tradición y la modernidad (“Tlatelolco”, “Cañón del Cobre”), composiciones con resabios de new age (“Mantos Acuáticos”, “Aconcáhuac”) y otras en las cuales el multinstrumentista ha buscado pintar vívidos paisajes.
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Sin embargo, lo más importante de In Situ, es que marca el punto de partida de un Luis Pérez dispuesto a dejar el silencio para recuperar su propia voz, esa que se elevara por primera vez en 1981 y que, no obstante el tiempo, todavía tiene cosas que decir.

 

 

3 comentarios en “El etno rock de Luis Pérez

  1. Gran músico y amigo, tuve la fortuna de hacer la primera reseña que se hizo de ese disco en la desaparecida revista Conecte,

  2. Gran trabajo Luis, ojalá encuentres seguidores, que si los hay, no desesperes… Te felicito…