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Es a partir de su tercero o cuarto disco que me parece injusto juzgar a la música de Julieta Venegas desde un punto de vista roquero, pues lo que ella hace, básicamente, es música pop, en el sentido más estricto de la palabra, es decir, el de música pop(ular). Es entonces bajo ese parámetro que quise escuchar y analizar su más reciente álbum, Los momentos (Sony, 2013).

Aunque por ahí he leído complacientes comentarios que se refieren a este trabajo como una absoluta maravilla, a mí modo de ver no lo es tanto. Tampoco pienso que sea un mal disco. De hecho, me parece superior, por ejemplo, al último larga duración de Café Tacuba (bueno, el más reciente, pues dudo que pueda ser el último).

coverVenegas decidió incurrir en el pop electrónico (que no en la electrónica) y el resultado no fue del todo afortunado. Convengamos en que la producción es correcta, el sonido es bueno (al parecer lo hizo en su estudio casero), pero lejos de emparentarse con expresiones más interesantes y propositivas del rock pop electrónico actual como The Knife, Lamb, Metric o incluso Lykke Li, la tijuanense pareció inclinarse más por los experimentos (es un decir) de Natalia Lafourcade (quien participa en el disco) y las estructuras cancioneras del José Luis Perales de “Por qué te vas”. De ahí, insisto, que haya que revisar a Los momentos desde un punto de vista estrictamente popero. A partir de esa óptica, se trata de un disco bueno a secas, muy alejado de la calidad de los dos primeros álbumes de la cantautora.

Conocí personalmente a Julieta recién llegada al Distrito Federal, en 1996, cuando como todo equipaje (lo digo metafóricamente) traía consigo un cassette con seis demos de las canciones que formarían parte de su álbum debut, Aquí (a mi modo de ver el mejor de su obra discográfica, por mucho). Luego la vi tocar al frente de La Milagrosa. Con Kurt Cobain y Saúl Hernández, fue la única persona que apareció en tres ocasiones en la portada de la revista La Mosca en la Pared que yo dirigía. La estimo. La respeto. Me parece una artista auténtica y congruente. Pero extraño la música que hacía en sus orígenes. Pudo ser nuestra Tori Amos, nuestra Fiona Apple. Se conformó con ser nuestra Javiera Mena, nuestra Jeanette. Cosas del destino… o del marketing.