Una de las tareas pendientes de este gobierno es construir un discurso que explique la crisis de seguridad y que defina qué sigue. Será una tarea difícil en tanto en los años que siguieron a la militarización de buena parte del país, la presidencia anterior no sostuvo una narración congruente de lo que pasaba en México.

Hacia la segunda mitad de su gobierno, a Felipe Calderón y a su gabinete les empezó a preocupar cómo discutíamos la crisis de seguridad en la esfera pública. Llamaron a que los medios no priorizaran la cobertura de hechos violentos y a que habláramos bien de México. El problema, parecía, era de percepción, y estaba afectando la imagen del país tanto nacional como internacionalmente. Mejor dar la buena cara.

Pues bien, Verano Peligroso enseña, jubilosamente, el lado feo. Por sus carreras, por sus hábitos y por sus afectos, Verano Peligroso (http://veranopeligroso.bandcamp.com) es un dueto “moderno”. Sus integrantes son GilbertoHernández y Paulina García, ambos menores de treinta años y chilangos. Él es músico (miembro de la banda indie Furland), exbecario del FONCA y productor. Ella es una especie de curadora del gusto musical de los jóvenes escenosos del DF –conductora en ibero 90.9, editora en Filter y usuaria prolífica de las redes sociales.

Los medios que usan como parte de su proceso creativo y sus canales de distribución también son modernos. Las canciones que conforman Culpable, su primer EP, se tocan con guitarras y laptops. Grabaron el disco en la sala de su casa y filmaron su primer video utilizando iPhones. Los chicos fundaron su propia disquera, Mexitas, para distribuir el EP (que no existe físicamente) mediante su página, iTunes y códigos de descarga impresos en tarjetas postales que diseñaron varios artistas locales.

Más que eso, Verano Peligroso es moderno porque toca la música para curar la cruda después de la matanza. Sus canciones tratan sobre cómo se hace la vida cuando la violencia es lo ordinario y los narradores se saben tanto criminales como víctimas de algo más grande que ellos, que no se menciona: la erosión del “estado de derecho” tal vez o el resquebrajamiento del “tejido social”. En “Culpable” (el nombre del sexto track) la voz femenina se enamora de un chavo que “resultó ser matón”, según él, porque no le quedaba de otra (los buenos y los malos se confunden). En la canción que da nombre al grupo, el sonido de balazos es parte de la melodía y quien canta sabe que no se va a salvar (el peligro es vago: ¿lo provoca alguien más o el propio narrador?) y que no podrá salvar a nadie más. Pero la vida sigue, la chaviza quiere ligar y bailar. Y eso hay que festejarlo.

Contar historias hiperlocales requirió hacer música que sonara así. Gilberto cuenta que la escena musical ya había probado “que podíamos hacer tan bien como bandas de otros países otros sonidos. Ahora queríamos regresar a lo nuestro. Yo quería un sonido que fuera tropical, sin ser kitsch”. Así, Verano Peligroso suena a andino o a banda, dependiendo de la canción, pero lo hace sin sonar irónico.

Hay algo que decir respecto a que las historias de Verano Peligroso las cuenten dos universitarios que viven en la colonia Roma del DF. Su interpretación de la violencia es imaginada. La construyeron a partir de lo que escuchan en medios electrónicos o en los titulares de los periódicos. Pero acaso por eso su percepción sea interesante: llena algunos vacíos en la discusión pública sobre lo que llamamos la crisis de seguridad. En sus canciones, el consumo o el tráfico de drogas, por ejemplo, ni aparece. En contraste, la vulnerabilidad de los jóvenes es un tema central y, en ese sentido, le dan el clavo a la tragedia que yace bajo los despliegues espectaculares de los bandos que están luchando (los buenos contra los malos, como entendía Calderón).

Después de cien días en el gobierno, Enrique Peña Nieto no ha mencionado la guerra, las drogas ni nada que se les parezca. No sé si haga bien o mal con ello. Lo que es cierto es que hay una historia que no se está contando. A lo mejor si quienes hacen el discurso presidencial escucharan discos como Culpable, se les ocurriría diseñar un mensaje que, sin entrar en el saldo del sexenio pasado, se dirigiera a atender la fragilidad de jóvenes como los que pueblan las listas de muertos y desaparecidos… y las canciones de Verano Peligroso. Esa sí sería una nueva cara de México.

 

 

Un comentario en “El soundtrack después de los muertos