La historia musical del rock (pop, r&b o soul) del área asiática se caracteriza tanto por su escasez divulgativa como por su pluralismo estilístico, fusión y convivencia entre grandes y pequeñas tradiciones. Lo que distingue y diferencia en general a aquella zona del planeta en dichos géneros es su capacidad de contener y condensar, en poquísimos rasgos, aspectos significativos y valores íntimamente ligados a la cultura propia.

Sus herencias, en coexistencia con las sonoridades occidentales, se han expresado plenamente en las tensiones y contradicciones entre los diferentes procesos de innovación y transformación de estilos. Así es la situación de Vietnam y de Saigón, su capital.

La energía de esa música provino de la desconstrucción y la reconstrucción. Tal vez ahí se encuentre la clave del carácter absolutamente voluntarioso de esta escena que por sí sola sería capaz de echar a pique cualquier tópico. Hace poco, los historiadores musicales vietnamitas, casi todos ellos emigrados o exiliados en países vecinos, se dieron a la tarea de recopilar esa transición y lanzaron el álbum Saigon (Rock & Soul) Vietnamese Classic Tracks 1966-1974 (Sublime Frecuencies), primera entrega de sus investigaciones.

Las distintas formas del pop y el rock occidentales tuvieron que recorrer un camino tan largo para llegar a dichos lugares, atravesar tantos filtros culturales en el camino, que los músicos asiáticos no tuvieron necesidad de tomar en cuenta en el mismo grado sus cargas ideológicas. ¿Pop? ¿Rock? ¿Soul? Todo se prestó por igual al saqueo, para a continuación preparar una música exótica como la que más.

El encuentro entre repertorios tradicionales y músicas cosmopolitas; la movilidad y emigración de los músicos y la relación entre metrópolis vecinas, así como la interacción entre el progreso artístico supranacional y la tradición local generaron nuevos modelos de producción y de consumo musicales que determinaron cambios y por ende enfrentamientos entre ideologías y políticas culturales. Una realidad en la que debían convivir la tradición purista y la instantaneidad mediática y hasta las revoluciones, los estados de guerra y demás trastornos de la vida por esos lares.

El neologismo “V-pop”, con el que se conoció originalmente dicha corriente, fue inventado por una estación de radio en los años sesenta, como una manera de referirse a la música moderna producida ahí, para diferenciarla de la música tradicional, la cual carecía completamente de influencias extranjeras.

Durante la Guerra de Vietnam, los soldados estadounidenses llevaron consigo los discos y la radio (véase la ilustrativa película Good Morning Vietnam, de Barry Levinson) y los asiáticos conocieron también de esta forma el blues y la música country, así como el soul y el rock. Esos estilos de música fueron asimilados y a la postre interpretados por los músicos locales.

Muchos de estos intérpretes comenzaron a retomar los géneros tradicionales de sus respectivos territorios, mezclándolos un poco con las influencias occidentales, y así obtuvieron mixturas musicales novedosas y populares en cada caso. Con la llegada del rock de los sesenta, aquello de verdad explotó masivamente y cundió por toda la zona. A través de la radio se difundieron todos los éxitos del rock psicodélico y demás géneros que surgieron por entonces.

Tal movimiento alcanzó su pico de popularidad cuando los solistas (hombres y mujeres) y los grupos juveniles locales se presentaron en escena, para interpretar el ritmo de manera calcada, con sus diversos acentos y adaptaciones líricas del inglés a los idiomas regionales.

Luego llegó la guerra y estas formas musicales fueron relegadas a la clandestinidad en el norte del país, dadas sus ligas con el Occidente (“el enemigo”), y utilizadas como entretenimiento en los bares del sur. En el primero se siguieron practicando de manera oculta, clandestina, y los discos circularon como auténticas joyas y tesoros, tanto como lo es la mencionada antología para los curiosos escuchas actuales.