TEMPEST

Columbia

Trigésimo quinto disco en estudio de este trovador montado entre dos siglos, Tempest es una grabación más sombría que luminosa. Al igual que los más recientes álbumes de contemporáneos suyos como Tom Waits (Bad As Me, 2011) y Leonard Cohen (Old Ideas, 2012), aquí Bob Dylan hace varias referencias a la muerte y al sentimiento de pérdida. Su voz se siente a la vez cansada y entusiasta, en algunos momentos decepcionada y en otros esperanzada. Hay ira e indignación, pero también alegría y una visión irónica de la existencia (aspectos que resaltan asimismo en los referidos platos de Waits y Cohen).

Son diez las composiciones que conforman a Tempest y abarcan diferentes géneros. El inicial “Duquesne Whistle”, por ejemplo, comienza con una introducción instrumental que parece sacada de un viejo acetato de 78 revoluciones de los años treinta, para transformarse en seguida en un divertido rockabilly que marcha con ritmo ferroviario, mientras que la preciosa “Soon After Midnight” es una nostálgica balada campirana cuya engañosa ternura esconde una sarcástica letra de venganza, sangre y crimen.

El tercer corte, “Narrow Way” es un sensacional country blues que parece salido del Highway 61 Revisited, aunque también remite a temas como “Maggie’s Farm”. Una larga letanía de más de siete minutos que da paso a “Long and Wasted Years”, otra bella balada de amor y desamor. “Pay in Blood”, por su parte, es una gran canción, fuerte y desafiante (“Pagaré con sangre, pero no con la mía”), con una buena carga de crítica sociopolítica, como grande y crítico (y sardónico) resulta también ese estupendo blues que es “Early Roman Kings” y su sonido a la Muddy Waters, con David Hidalgo (Los Lobos) en el persistente acordeón.

“Scarlet Town” y “Tin Angel” son dos piezas excelentes, aunque quizá demasiado largas, pero ninguna se excede como la homónima “Tempest”: ¡cerca de catorce minutos para narrar la historia del hundimiento del Titanic a ritmo de danza irlandesa! El álbum cierra con “Roll on John”, curioso y sentido homenaje a John Lennon y tal vez la última pieza que grabe el poeta de Duluth en su vida. ¿Será?

Tempest es un excelente disco, muy recomendable, pero para cerrar la carrera discográfica de Bob Dylan se necesita algo más exultante, algo que se quede marcado, y creo que todavía está en condiciones de darse ese lujo.