De la India procede una de las familias más activas, ilustres e importantes de la cultura de aquel país, una que se ha distinguido por establecer puentes sólidos entre la suya y las de otros lugares, por vincular sus raíces a la modernidad: los Shankar. Ese clan se ha significado en la puerta de entrada y salida contemporánea de y hacia aquel inmenso territorio por la vía de la música.

A la cabeza se encuentra Ravi, el virtuoso gran maestro del sitar oriundo de Benarés, a cuya visión, talento y amplitud de miras se debe su amistad con los Beatles y con George Harrison, en particular, y por medio de él con la cultura del rock, de la cual se convirtió en gestor y en una de las más fuertes influencias desde los años sesenta del siglo XX (pero no sólo de este género, sino también del crossover de las ragas indias con lo sinfónico académico).

Ananda Shankar, originario de Calcuta, a su vez, fue el hijo de los famosos bailarines tradicionales Uday y Amala Shankar y sobrino del legendario Ravi. Aprendió a tocar el sitar y a finales de los años sesenta se convirtió en el pionero de la corriente indo-funk. Combinó el mridangan con la guitarra eléctrica o el sitar y el sarod con el rock o los sonidos de la música electrónica.

Por otro lado, el apellido Shankar tiene en la actualidad a Anoushka como representante contemporánea del sitar, pues ese fue el instrumento que eligió para expresarse: el mismo que todo el mundo, literalmente, asocia con Ravi, su padre y maestro (progenitor también de Norah Jones, la cantante y pianista del pop jazzy).

Ravi tenía sesenta y un años cuando Anoushka nació en Londres, en 1981. A los nueve años inició sus estudios con un instrumento construido especialmente para ella. A los trece debutó en grande. Tocó con Ravi en el Concerto numéro 1 para sitár y orquesta, con Zubin Mehta al frente de la London Symphony Orchestra. De igual manera se unió a Rostropóvich, a fin de estrenar una obra para violonchelo y sitar. Sus credenciales, pues, son impresionantes (además de sitarista, Anoushka es bailarina, actriz y escritora: publicó el libro Bapi-The Love of My Life).

El proceso de su estilo ha evolucionado a través de  los discos. De Anoushka (1998) y Anourag (2000), en los que tocaba obras paternas, a Rise (2005) y Breathing under Water (2007), en los cuales reúne a músicos de Oriente y Occidente con instrumentos acústicos y electrónicos, con obras propias. Éstas mezclan las raíces hindúes con el jazz, el pop, el folk y la world music (de su progenitor aprendió también que no es conveniente apegarse mucho a las tradiciones).

Sin embargo, fue con el álbum Rise que encontró la ruta nueva a seguir: descubrió el flamenco. Lo que le atrajo de ese género fue su apasionamiento. Al acercarse a éste se dio cuenta de que las divisiones rítmicas del flamenco son menos intrincadas que en la música india, pero hay algo igualmente fascinante y similar en la forma de tocarlas y que su empatía no es de ahora sino de siglos. Como en el flamenco, la música india se transmite de padres a hijos. Gitanos e indios viven la música como una experiencia vital. Han nacido con ese sino y conviven con él.

Su disco más reciente, Traveller, va todo por ese camino. Hay bulerías, granaínas (con el guitarrista Pepe Habichuela) y seguiriyas, entre otras cosas. El gran viaje al flamenco de la sitarista.

Durante casi cincuenta años, Ravi Shankar ha mantenido como base a la música india, relacionándola con el rock, el jazz, el minimalismo y la clásica occidental. En el caso de Anoushka, se trata de un personal diálogo indo-flamenco. Como intérprete del sitar continúa muy relacionada con su tradición y con su padre (haciendo juntos largas giras), aunque como compositora, en sus discos, busca moverse por otro camino: el suyo.