Daniel Johnston es una víctima extrema de lo que los psicólogos llaman trastorno bipolar. Es lo que hace poco se conocía como un psicótico maniaco-depresivo y antaño simplemente como un “loco”. Johnston tiene más de cincuenta años y es un artista outsider de la música, del dibujo y del video. Aunque su rendimiento a lo largo de tres décadas ha sido de altibajos y con una carrera de andar vacilante (con meses incluso sin poder salir de la cama por la depresión), no ha dejado de esforzarse para no perder creatividad (más de una veintena de cassettes y discos compactos), a pesar del constante e intenso acoso al que lo han sometido sus “demonios”, expuestos en The Devil and Daniel Johnston (2005), un documental dirigido por Jeff Feuerzeig sobre su vida y su música.

La tradición humanística que había mantenido ciertos grandes modelos heredados del mundo greco-latino y en los que se encontraba exaltada la locura como una “furia” liberadora, pasó a convertirse en un tema exacerbante en el que la agonía y el sufrimiento son parte del desasosiego por la eterna inarmonía del mundo. En contraposición con las ideas románticas de antaño, los médicos han dicho que en estos tiempos la locura ya no es considerada como cosa sagrada, sino exclusivamente como patología.

El médico-poeta alemán Gottfried Benn escribió que “se puede comprobar, estadísticamente, que en general el arte de los últimos cinco siglos es el ejercicio exaltado de psicópatas, alcohólicos, anormales, vagabundos, expósitos, neuróticos, deformes, tuberculosos, enfermos, etcétera: ésa fue su vida y en las abadías, jardines y panteones están sus bustos y sobre ellos se alzan sus obras inmaculadas, eternas, flor y luz del mundo”.

Locura o los nombres que la medicina da a la enfermedad son etiquetas, a fin de cuentas, que no iluminan el enigma de la vida y que olvidan el hecho de que existe un sufrimiento tan destructivo como creativo. Y éste, para quienes sólo tienen conocimientos científicos, resulta de manera recurrente algo sospechoso; la imaginación, para ellos, siempre lo es.

Gracias a su obra única, Johnston ha contado con el apoyo y la admiración de variadas personalidades del mundo de la cultura, desde Matt Groening (creador de Los Simpson) hasta Johnny Depp, Kurt Cobain y David Bowie. Cobain (compañero de enfermedad y litio) incluso publicitó sus dibujos a través de estampados en las camisetas que utilizaba (la rana Jeremiah como ejemplo), mientras que Bowie lo invitó a actuar en el Meltdown Festival del Queen Elisabeth Hall de Londres. Asimismo, el Ballet de la Opera de Lyon le encargó al coreógrafo Bill T. Jones Love Defined, una pieza de 25 minutos para enmarcar seis de sus temas.

Los dibujos de este autor se han expuesto en la Whitney Biennnial y su obra pictórica continúa viajando de una galería a otra por todo el orbe. Entre las últimas se encuentran la Aquarium Gallery de Londres y la Clementine Gallery de Nueva York.

Johnston (nacido en Sacramento, California, en 1961) se ha convertido en ídolo de músicos y su trabajo es apreciado por su falta de artificio y su innegable brillantez. Más de 150 artistas han interpretado sus temas hasta el momento, comenzando por Beck y pasando por Wilco, Sonic Youth, Beach House, Lucinda Williams, Pearl Jam y Tom Waits. Tal heterodoxa variedad por algo será.

 

 

De las primigenias y legendarias grabaciones caseras en cassettes de hace treinta años (Tape y Songs of Pain), hasta el soundtrack de Space Ducks (2012), su primera novela gráfica, la de Johnston ha sido una poesía traspasada por la experiencia de un dolor que hay que adivinar. Un dolor que no es tan físico sino uno que se duele mental y espiritualmente de lo que hay en la vida: una dura historia personal, marcada por la falta de amor, los conflictos familiares, el sufrimiento y los problemas psicológicos. Por eso su lírica es elegíaca, dramática, desgarradoramente bella; hecha de palabras que raspan y arañan, para hablar de esas cicatrices existenciales que son como pequeños gritos de desesperación, sin alharacas, que agudizan nuestras propias incertidumbres.

 

 

Un comentario en “Daniel Johnston y el universo desgarrado

  1. Muy buen trabajo, da mucho gusto ver que se le dedican espacios a artistas como Daniel, saludos coordiales.