¿Cuál es el peor rasgo del rock progresivo, cuál el más deleznable de la veta sinfónica del mismo? Han pasado más de 40 años de su gestación y una escucha rápida lleva a pensar que esta veta del rock se estancó prácticamente luego de haber cubierto sus primeros cinco años de vida.

Sí, todo apunta a creer, sobre todo cuando aparecieron clones de tercera y cuarta generación, que en las aguas del progresivo es imposible encontrar nuevas figuras. Sin embargo no es así. Hay agrupaciones que siguen los cánones, los principios primigenios instaurados a principios de la década de los setenta, pero que han logrado actualizar el trayecto de esta corriente siempre denostada aunque poco comprendida.

Roine Stolt y su guitarra saben lo que es navegar en aguas profundas e ir a contracorriente. Él se inició en Kaipa y luego de esa banda formó Fantasia, una agrupación con la cual grabó un par de álbumes. No obstante, la trayectoria del sueco se encuentra más ligada a The Flower Kings, un colectivo que se formara por la necesidad de respaldarlo en directo para la promoción de su primera producción en solitario titulada precisamente The Flower King (1994).

Desde esa fecha, el grupo ha grabado diecisiete discos —incluidos aquellos registrados en concierto— y en cada uno de ellos se ha fortalecido la reputación de Stolt como guitarrista, misma que ha explotado aún más en proyectos como Transatlantic y Tangent. Hoy, Stolt, léase The Flower Kings, lanza al mercado Banks of Eden (InsideOut, 2012), su más reciente grabación en estudio luego de cinco años de sequía.

Quienes conocen el trabajo de la banda, saben a qué apegarse. Un sonido que es reminiscencia-homenaje de lo instaurado por exponentes seminales como Pink Floyd, Genesis, Yes, EL&P, pero que ha sabido actualizarse y hacerse de un sonido propio. Sí, cierto, The Flower Kings a veces incurre en los pecados de la majestuosidad onanista, pero las más de las veces, Stolt y compañía (en esta ocasión Hasse Fröberg, guitarra y voz; Tomas Bodin, teclados; Jonas Reingold, bajo, voz, guitarra acústica; Felix Lehrmann, batería y percusión) navegan por esos turbulentos rápidos matizando constantemente, recurriendo al jazz, favoreciendo las partes vocales (aunque claro, el condimento pop que aparece aquí siempre será un peligro para el género), echando mano de lo épico como un recurso y no como una finalidad.

Un ejemplo de ello es “Numbers”, el corte abridor del álbum doble en su edición limitada en donde 25 minutos se convierten en una travesía disfrutable y no en un pesado fardo a cargar como suele suceder en otras apuestas progresivas.

Si bien en el pasado una condición del género fue la de encomiar las composiciones de largo aliento y éstas se siguen construyendo más como un mantra que por una verdadera necesidad, lo cierto es que no cualquiera puede llevar a buen puerto semejantes empresas (“Duel with the Devil”, de Transatlantic, es otro ejemplo). Stolt y su guitarra, aquí funcionan como un seguro y confiable timón que conduce a la embarcación con la suficiente solvencia para recorrer cualquier mar por embravecido que sea.

Pero si hacemos un paseo por las restantes ocho composiciones que dan vida  a este disco, tenemos que Stolt y compañía también saben resolver con gracia los temas más breves. Claro, en un momento en el cual la hibridación es una norma, sí resulta deplorable que el pop, especialmente inserto en las partes vocales, cobre tanta fuerza y lleve a paisajes más comunes y trillados a una música que desde su concepción se ha manifestado pretenciosa, pero que a sabiendas de ello no pierde su arrogancia. Por el contrario, mientras más arrogante sea el progresivo de hoy día, mejor se escuchará y una prueba de ello es Banks of Eden, la más reciente placa de una banda ampulosa y engreída llamada The Flower Kings.

 

 

Un comentario en “Arrogancia aristocrática: The Flower Kings

  1. Si bien en el pasado una condición del género fue la de encomiar las composiciones de largo aliento y éstas se siguen construyendo más como un mantra que por una verdadera necesidad, lo cierto es que no cualquiera puede llevar a buen puerto semejantes empresas (“Duel with the Devil”, de Transatlantic, es otro ejemplo). Stolt y su guitarra, aquí funcionan como un seguro y confiable timón que conduce a la embarcación con la suficiente solvencia para recorrer cualquier mar por embravecido que sea.