Por Sergio Monsalvo C.

Entre otras de sus muchas dádivas, el verano europeo ofrece al transeúnte la posibilidad de volver a ser espectador primerizo gracias a los artistas y músicos callejeros. Enfrentarse a ellos en cualquier plaza provoca eso: el instante mágico de lo que está por comenzar, con toda la expectativa y excitación que conlleva.

El trabajo de estos personajes, tanto noveles como veteranos, emana un sentimiento de viveza, de ensoñadora fantasía, quizá también de melancolía vagabunda. Su canto, lo mismo el original que el versionado, nace del puro deseo y/o de una urgente necesidad y en ambos casos puede identificarse con los escuchas, ser un catalizador para la emoción de las personas.

Aprovechando que no hay escenario (más que el delimitado por ambas partes), tampoco butacas, telones o iluminación artificial, nada, dicha relación se dará de primera mano, tal como la necesita el artista y tal como la requiere el espectador (como empezó todo con la Edad Media y sus juglares).

Obvio es decir que estas circunstancias no garantizan la calidad de ninguna interpretación, son simplemente el marco en que se lleva a cabo el acto. El simple hecho de estar escuchando de otra manera (en la calle, con gente diversa, ruidos incidentales, sin prisas, etcétera) es una experiencia emocionante. Lo es más aún cuando el estilo del artista es original, pues la historia que canta y cómo la canta y acompaña será un nuevo espacio en el que se aprenderá algo distinto. Un marco nuevo para la historia personal.

Dentro de experiencia semejante fue que surgió, precisamente, una vocalista como Zaz. Ella se ha servido, como buen juglar, de los trovadores de su tiempo para expresar algunas motivaciones. Por su repertorio desfilan las palabras de Leonard Cohen, Joni Mitchel, Fred Neil, Tom Waits o Serge Gainsbourg, las cuales le dan la oportunidad de manifestar sensaciones familiares a todos: las del amor, la tristeza, la relación con los otros, recordar o sonreír por eso mismo.

El verdadero nombre de esta joven gala es Isabelle Geoffroy. Nació el 1 de mayo de 1980 en Tours, Francia. Desde los cinco años, en que ingresó en el Conservatorio de su ciudad natal (para estudiar violín, piano, solfeo, guitarra y canto coral hasta los once), su vida ha sido la música. Tanto en lo académico como en lo empírico. Egresada del Centro de Información de Actividades Musicales de Bordeaux, ha viajado por el mundo desde entonces, presentándose en fiestas de pueblo, ferias, pequeños auditorios y plazas, como integrante de grupos de blues, de jazz, de rap, de música étnica diversa. Viajes duros y pocos los ingresos, pero que le sirvieron para hacerse de tablas y madurar.

De igual manera, para conseguir trabajo ha contestado anuncios de ocasión en los periódicos. El primero, para un grupo de variedades, Don Diego, que buscaba cantante. Ahí acudió ella y se convirtió en Zaz, su seudónimo, al firmar con una Z sus colaboraciones en dicho grupo. Con tal banda exploró repertorios africanos, árabes y andaluces, brasileños y latinos en general.

A mediados de la primera década del siglo XXI, la cantante decidió irse a vivir a París y comenzó a actuar, junto a amigos, en piano-bares y en las calles de Montmartre, animando a los miles de turistas que acudían a diario a visitar el Sacré Coeur o la Place de la Concorde, por ejemplo.

Hacia finales de la década, contestó otro anuncio de ocasión. Éste buscaba una nueva voz, grave, con toques jazzísticos y un poco rota. Quien puso el anuncio fue Kerredine Soltani, quien tras escucharla la tomó bajo su tutela y trabajó con ella para convertirse, a la postre, en el productor de su primer álbum, el homónimo ZAZ.

Entre las canciones que recogió en su debut discográfico está “Je veux”, escrita por Soltani, que le dio el éxito a nivel continental, así como la versión de un tema de Edith Piaf, “Dans ma rue” (En mi calle). De este modo, la joven artista rindió homenaje al gran tótem de la chanson francesa, quien también comenzó actuando por necesidad en dichos lugares y cuyas piezas ha interpretado en multitud de ocasiones en pequeños locales y en sus actuaciones callejeras, donde aprendió que no hay barreras entre un artista y su público, salvo el respeto de unos para otros. Que la perspectiva siempre debe ser la misma en cualquier escenario, por simple o sofisticado que parezca. Hoy, por todo ello, Zaz es la nueva voz de Francia.

 

 

3 comentarios en “Zaz: una flor del asfalto

  1. interesante reportaje sobre ésta chica que canta hermoso,me parece muy fresca su voz y me declaro amante de la música francesa,desde Piaf,Georges Moustaki,Jairo,Aznavour,en fin…

  2. desde que la ecsuche por primera vez me cautivo su voz, y principal mente su forma de ir desmenuzando cada uno de los sentimientos que se exploran en el ser humano… me declaro seguidor de esta chica la escuche por casualuidad en un barsito en playa del carmen quintanaroo y desee entonces la sigo escuchando casi diariamente