decibelPor David Cortés

En la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado, la agrupación mexicana de vanguardia Decibel alcanzó sus mejores momentos; desafortunadamente, la ausencia de condiciones impidió que el grupo cristalizara su trabajo en grabaciones. Cuando en 1980 apareció El poeta del ruido, su álbum debut, el grupo ya se había desbandado y sus integrantes se encaminaron al punk, la new wave o el techno.

Pero el virus por desarrollar una música exploratoria, experimental, de búsqueda, jamás ha abandonado a los integrantes de este colectivo que es uno de los pocos verdaderamente laureados en los circuitos internacionales. Por eso, al llegar los noventa, más que un regreso formal, Decibel decidió inscribirse en las grabaciones con una regularidad que no encontró en sus momentos más creativos. Así, con composiciones nuevas y materiales de archivo aparecieron Contranatura (1992), Mensaje desde Fomalhault (1997) y Fortuna Virilis (2000) y en 2003 el sello israelí MIO Records editó toda su producción en el box set  Fiat Lux. The Complete Recordings 1977-2000.

28AAntes de concluir 2011, Decibel anunció la aparición de Méliés (Discos Abronia/ Fonarte Latino, 2012) una nueva producción inspirada en los filmes del director galo George Méliés (proyecto que Walter Schmidt y Carlos Robledo ya habían desarrollado hace unos años, aunque sin llegar al estudio de grabación). La banda se conformó para este regreso con la mayoría de sus integrantes originales: Carlos Robledo (sintetizador y percusiones), Alejandro Sánchez (violín), Walter Schmidt (bajo, sintetizador, percusiones y juguetes) y Javier Baviera (saxofón alto y tenor). Alex Eisenrig —amigo de la banda e integrante de El Queso Sagrado y líder de Syntoma— se unió en guitarra, sintetizador y programación.

No deja de ser curioso que una banda caracterizada por su actitud de búsqueda y siempre libre en sus intenciones, haga de su quinta incursión discográfica uno de sus trabajos más constreñidos. Si bien es cierto que recientemente pulula la musicalización de filmes con bandas de rock, también lo es que la mayoría de éstas únicamente tocan encima del filme, sin reparar en la necesidad de construir una música específica a la sucesión de imágenes.

Decibel respetó las imágenes de Méliés y encontró la manera de musicalizarlas; pero en el proceso, el grupo se vio supeditado más a una ilustración sonora de las mismas, con resultados que si bien no son del todo convencionales, por lo menos sí se muestran muy limitados para lo que nos ha acostumbrado el grupo a lo largo de su carrera. Ejemplo de ello son “El inquilino diabólico” y “Tchin Chao”. Hay instantes en los cuales Decibel puede jugar con los sonidos y en los que la música consigue cierta autonomía, como en algunos pasajes de “El viaje a través de lo imposible” o “El viaje a la Luna”.

También, es la primera ocasión en que Decibel echa mano de la guitarra y si bien las intervenciones de ésta se justifican plenamente, también lo es que no deja de asombrar su inclusión en la música de la banda.

No se trata de un regreso impresionante musicalmente hablando; sin embargo, el disco funciona como un trabajo de calentamiento, permite a estos músicos —salvo Alejandro Sánchez que ha estado más activo en años recientes— recuperar la forma. Hay, por supuesto, la necesidad de ajustarse a la presencia de Alex Eisenrig —lo cual parece haberse dado sin problemas— y de recuperar el enfoque; pero tal vez la mejor noticia de este regreso es que lo desarrollado por la banda para este disco, los motivó a trabajar en nuevas composiciones que, en virtud de que no habrán de supeditarse a una propuesta ya establecida, sin duda mostrarán la verdadera cara de este Decibel que llega al siglo XXI con ganas de hacer cosas distintas en un medio que en años recientes se ha caracterizado por su conformismo.