Anton Corbjin 1Por Sergio Monsalvo C.

Mirar dentro es estar dentro. Así es como se ubica y comporta Anton Corbijn con los sujetos que posan frente a su cámara: sus monumentales retratos presentan a la gente con la imagen que emana esencialmente. Así es como muestra a David Bowie cual arcángel desvalido, perdido en un mundo denso y expectante, a Mick Jagger como decadente mujer inglesa aristócrata y cincuentona de mediados del siglo XX o a Henry Rollins como troll expulsado de una salvaje noche mitológica.

Pero Corbijn no sólo lo hace con iconos roqueros, su medio elegido y natural, sino también con celebridades como Jodie Foster, Robert De Niro, Demian Hirst, Johnny Depp, Clint Eastwood, Martin Scorsese o el recientemente fallecido Lucian Freud, quienes se han atrevido a dejar entrar su lente en ellos. Los resultados están ahí, en sus fotografías, expuestas por todo el planeta en galerías y museos, en exposiciones como la que actualmente se presenta en el FOAM de Ámsterdam.Anton Corbjin 2

Las salas donde cuelgan sus “Inwards and Onwards” requieren de la implicación tenaz de quien mira y captura, como experiencia biográfica, ese mundo bien compuesto del sepia y el onírico del blanco y negro. Ése que ha convertido al neerlandés en el contemporáneo “Maestro del arte oscuro”, uno que ha hecho del alfa y omega de la luz solar cotidiana su instrumento principal (suele utilizar sobre todo la del amanecer o el ocaso y sin manejar el tripié),

hecho que no es de extrañar, dada su fascinación desde pequeño por la iluminación (como la de los grandes meesters de la pintura holandesa). La oscuridad de los días invernales (los donkere dagen) es característica de Strijen, una ciudad de la provincia de Zuid Holland donde nació (en mayo de 1955) y se crió. La influencia que tuvo la atmósfera de su terruño ha quedado patente en todo su trabajo.

El niño que fue Anton y que se inició al fijar aquellas imágenes sombrías con la cámara Polaroid de su padre, se convirtió, con el paso del tiempo, en la intención adolescente de acuñar una imaginería semejante pero con los intérpretes de la música que más le gustaba: el rock. Comenzó a los diecisiete años, en su país, con una formación autodidacta y pronto su interés se centró en el retrato. Su principal fuente de inspiración fueron los artistas y, en concreto, los músicos (aunque en el trascurso de los años, frente a su objetivo ha desfilado gente de otras disciplinas).

Pero no únicamente los ha puesto en fotografías (de Art of Noise a Tom Waits, pasando por todo el abecedario del género), sino también en el diseño de más de un centenar de portadas de discos; en la publicación de casi una veintena de libros, en los cuales detalla su estética; en laureados videos –otra de sus expresiones– como los de “Personal Jesus” de Depeche Mode, “One” de U2 o “Heart Shaped Box” de Nirvana o en una opción más, pero no menor: como director de cine, con Control (biopic de Ian Curtis) y The American (con George Clooney).

En todas sus manifestaciones, durante cuatro décadas Anton Corbijn le ha restado todo el encanto artificioso al lugar común fotográfico de las luminarias, para hacer patentes “el dolor y el drama” implícitos en el interior de quienes crean. Para ello los ha representado seriamente, al fotografiarlos o filmarlos en ambientes ambiguos, alejados del ruido de la celebridad. Intenta captar, así, el lado humano y las emociones naturales de los que están ahí, frente a él, creándoles una poética singular con una deslumbrante aridez óptica. Corbijn proyecta así, desde dentro, la experiencia individual de los claroscuros emanados de sus criaturas artísticas.

 

 

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