arteria 1Por David Cortés

Juan Carlos Ruiz es un compositor veterano, un alma que se ha entregado a la música y ha dejado partes de sus vísceras y algo de su corazón en grupos como Nazca y Culto sin Nombre, entre otros. Hace un par de años comenzó a gestar, en medio de grises, blancos y negros, a una nueva agrupación llamada Arteria, cuarteto de vocación vanguardista que debuta con 4 visiones, una placa editada de manera independiente.

Como en la música que le ha precedido, la de Arteria es una manifestación de lo sombrío, un anuncio, casi siempre ominoso, del horror, de las oquedades, de lo infausto y en esta vocación, Juan Carlos Ruiz (fagot) se hace acompañar por Mari Carmen Grawe (cello), Víctor Baldovinos (batería) y Adolfo Zaragoza (guitarra), tres músicos de capacidad probada pero poco afectos al virtuosismo onanista. En vez de ello, han puesto sus virtudes en las manos del instigador de este proyecto, quien incapaz de postergar la posibilidad de convertirse en demiurgo, se ha dado a la tarea de mover armoniosamente los hilos de una fina tela de araña.

Arteria 2En realidad, más que un orquestador o un líder, el fagotista es un pintor decidido a bosquejar lo tétrico, a darle cuerpo y volumen a la oscuridad. Tiene bajo el brazo un palmarés en el cual abundan los paisajes impresionistas, las pinceladas inspiradas en la literatura gótica, en las historias de una pléyade de autores  que, como él, se sienten a gusto al vivir en la otredad.

4 visiones es un itinerario de la desazón, de la inquietud, de la sinrazón. Aquí encontramos pasajes en los que toda calma y toda compasión han sido erradicadas. Quienes en alguna ocasión se han internado en la turbiedad de la música de Juan Carlos Ruiz sabrán lo que habrán de encontrar en las diez composiciones que integran a esta obra. Los otros, aquellos que se acercan por primera vez a los espectrales trazos del compositor, reconozcan que han sido advertidos: una vez tocados por estas composiciones, no hay posibilidad de retorno.

El escucha descubrirá, mitad entusiasmado, mitad sobresaltado, cómo el negro presenta muchos matices, una gradación que anticipa un nuevo episodio de sombras, un susurro apenas audible, un grito ahogado, una lágrima que cae lentamente y cuando por fin lo hace, se ha convertido en ceniza. Abunda una polifonía de voces sin dueño, sin rostro, pero signada por la desgracia, por el mal fario.

No hay momento de reposo, la luz que encontrarán a lo largo de esta travesía está muy lejos de propiciar descanso. Sus tenues rayos logran traspasar la oscuridad pero sólo para volver más siniestro lo que ya lo era de inicio; los sonidos aquí cobran vida, encarnan a personajes marcados por el destino oracular, sujetados a lo inevitable por invisibles hilos cuya lucha está condenada de antemano.

Arteria suma a la producción de vanguardia del rock nacional una obra que abre nuevas brechas. Es un trabajo demandante, un puñado de composiciones que exige el compromiso del escucha, la puesta a punto de su imaginación. 4 visiones es la declaración de principios de cuatro individuos que trabajan conjuntamente en pos de un objetivo, pero que se niegan a subsumirse en una entidad y de esa tensión por ser sin dejarse absorber nace esta música que, como ninguna, pinta los horrores internos, los miedos, la desesperanza de los seres humanos.

(Fragmentos de este texto aparecen en las notas interiores del disco 4 visiones)

 

 

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