Por Eusebio Ruvalcaba

VivaldiAntonio Lucio Vivaldi. El cura pelirrojo, le decían. En señal de respeto y de camaradería ―aunque alguna mujer podía agachar la cabeza a su paso. Porque todos deseaban ser saludados por él. Ser distinguido por un saludo de Antonio Lucio Vivaldi no era cualquier cosa. Se sabía de sus innovaciones violinísticas. Del dominio inusitado de su instrumento que a la menor provocación desplegaba. De que a partir de su debut en la basílica de San Marcos, su fama crecería hasta ser invitado por Su Santidad para que le tocara en días santos o de ceremonia fastuosa. De su capacidad introspectiva: La gran  lección de la música es la conmiseración: si a través de ella no entiendes el sufrimiento de los demás, estás perdido, había escrito en su cuaderno, al lado de los sonetos de los que se  desparramarían Las cuatro estaciones. Pero se sabían más cosas. Nada importaba que fuera vicario de los coros y vicario maestro de cuerdas en La Pietà, uno de los ospedali donde bajo el manto de las sagradas escrituras se educaba a las jovencitas huérfanas o abandonadas de Venecia. Él detenía su mirada en la belleza de aquellas niñas y su violín se inflamaba de vigor. Nada importaba que las órdenes menores, las órdenes mayores y el sacerdocio rubricaran su persona. Se le había concedido la gracia de no oficiar por temor a que la crisis de asma sobreviniera. Y otra gracia se le había otorgado: que pasara temporadas a la vera de Anna Giró, la hermosísima soprano que estrenaba las óperas vivaldianas. Más de diez años vivieron juntos. Después de todo, Venecia, tras la bruma o el inclemente sol, era ciudad comprensiva tan colmada de agua como de música ―los mendigos pedían limosna cantando y los conductores de las barcas se saludaban entre sí con un do de pecho a voz en cuello, que de esa manera y no de otra vinieron las barcarolas al mundo. Quién iba a juzgarlo, si su música incitaba a las parejas a amarse.

Claude+DebussyClaude Debussy. Su nombre suena a música. A esa música suya dulce y sumergida. Porque su música simboliza el mar. El mar que habita en el corazón y que tiene la forma de cada hombre. Gaby, la cortesana que vivió con él, tenía los ojos de mar mediterráneo. Debussy hablaba de esos ojos verdes en su música ―aunque no especificara Para Gabrielle Dupont. Fue el pianista de cámara de Mme. Von Meck, la protectora de Chaikovski. Por intermedio de ella, Debussy le hizo llegar su música al compositor ruso. Chaikovski le sugirió que dejara de componer. “Joven, dedíquese a otra cosa”, le dijo en una misiva. Que Debussy no conservó. Y cómo iba a ser así. Una fuerza lo llevaba hasta la música, más allá de su voluntad. Las gotas que escurrían por el techo de la buhardilla que habitaba le dictaban melodías que él resolvía al piano, su instrumento. Caían en las ollas, la bacinica, la cafetera y los pozuelos y Achile-Claude Debussy tomaba nota. Ni en sus momentos de suprema gloria olvidaría aquellas jornadas de trabajo en las que Gaby lo llamaba a la cama con palmaditas en el colchón. El autor de la música fina por antonomasia valoraba el amor de las cortesanas. A su hija Chouchou, a quien tuvo de otra mujer, la hermosísima, adinerada, inteligente y culta Emma Bardac, le dedicó su Children’s Corner. En la dedicatoria escribió: “A mi muy querida pequeña Chouchou, con las más tiernas excusas de su padre por lo que sigue”. Pero el nombre de Debussy evocaba algo más que música: el 19 de octubre de 1899, contrajo nupcias con Rosalie Teixir. El 13 de octubre de 1904, esta mujer se disparó en el corazón cuando supo que él la iba a dejar por la señora Bardac. No murió, porque la mano de Dios desvió el tiro.

RevueltasSilvestre Revueltas. Me mira desde su fotografía. Esa fascinante fotografía que alguien le  tomó tres o cuatro meses antes de morir. Me traspasa con su mirada. En realidad está mirando un punto perdido en el horizonte. Tal vez su muerte, tal vez la tragedia del pueblo resuelta en trazos de orquestación punzantes. Porque nadie como él entendió la hiriente alegría del hombre mexicano. Está saliendo de una cantina. En el ojal de la solapa porta un clavel marchito. Su grueso cinturón es incapaz de sostener la prominencia del estómago. Menos aún la camisa luida. El pelo revuelto, ensortijado. Casi negro. El rostro sin afeitar, los ojos hundidos. Cierta tristeza, cierta tragedia, pero también cierto desparpajo. Cierto cinismo y en el fondo un punto de infinita melancolía. De acre dulzura. ¿Qué tendría en la cabeza en ese momento? ¿Sensemayá, Ocho por radio, La noche de los mayas, Homenaje a García Lorca? Quizá no había música. O quizá la música tenía forma de noche y tormenta. Que eso se alcanza a distinguir en su frente. En ese manantial de luz.

ernest_chaussonErnest Chausson. Nada enturbia su alma pura. Basta oírlo, para que nuestro ánimo sufra una elevación espiritual. No es la suya música que emocione a las multitudes ni menos que se escuche con reverencia en los altares. Es una música que colma de amor y ensueño a almas desesperadas. Que llama luz a la miseria y dulzura al desastre. Para el espíritu abatido o confuso es el agua  bienhechora. Apacigua el ánimo. Cura la angustia. Propicia el encuentro ―así sea con uno mismo, que es el que vale. Chausson es a los hombres devastados lo que el oasis a los tránsfugas del desierto. Nadie que haya oído a Ernest Chausson permanece indiferente ante la inclemencia. Nadie que haya oído a Chausson pasa de largo ante el mensaje cifrado de la música.

ysaye_eugeneEugène Ysaÿe. Apenas se levantaba emprendía largas caminatas, con el violín bajo el brazo, en los bosques que rodeaban su casa. Y cuando lo juzgaba prudente, se detenía, extraía el violín del estuche y le cantaba al sol. Llamado El león por su mirada encendida, complexión robusta y melena enmarañada sus contemporáneos decían de él que era más grande que Paganini ―cosa que a Ysaÿe le enardecía. Aunque nació en Bélgica, él se consideraba francés. Como francesas eran las mujeres que ocultaban el retrato del violinista en el camafeo y que le pedían a Dios que ese hombre fuera para ellas o que le quitara la vida.

 

 

Un comentario en “Puros y perversos

  1. Encantada estoy con las semblanzas de estos artístas del ayer. Me gusto la fluides y detalles de sus vidas, en realidad muy educativas, que muestran la finura de quien las escribe….