iannis-xenakis-001Por Sergio Monsalvo C.

Iannis Xenakis murió en febrero del 2001, hace poco más de diez años, pero el legado que heredó al mundo continúa fructificando. Fue uno de los tantos pilares sobre los cuales se fundamenta la música electrónica, cuya historia no es ni remotamente lineal sino compleja, intrincada y plena de inflexiones, mismas que han sido parte del progreso y la asimilación tecnológica por parte del ser humano, en su vida y en su arte.

En dicha historia destaca este personaje universal, quien fue un hombre multidisciplinario, político en toda la extensión de la palabra, entre cuyas “gracias” estuvo la de ser el constructor de la música estocástica, basada en complejos sistemas matemáticos que ayudaron a desarrollar un vocabulario de nuevas perspectivas para la música de gran parte del siglo veinte y que, de manera sorprendente, se ha convertido en parte de un muy fructífero intercambio con la música popular de las décadas recientes, entre cuyos legatarios se encuentran subgéneros como el art rock, el art punk, el avant-garde metal, la IDM (Intelligent Dance Music), el rock experimental, la música industrial, el math rock, la No Wave, el noise, el RIO (Rock in Opposition) y el Glitch.

Este polifacético artista de origen griego nació en Braila, Rumania, en 1922, pero cuando tenía diez años su familia se trasladó a Grecia, donde estudió ingeniería. Durante la Segunda Guerra Mundial, participó en el movimiento de resistencia y perdió un ojo en las refriegas. Después de la conflagración, tuvo que huir a Francia a causa de dichas actividades; allí vivió desde entonces (en 1965 adoptó la nacionalidad francesa). Estudió música en París con los compositores Arthur Honegger, Darius Milhaud y Olivier Messiaen y entre 1948 y 1960 trabajó como ingeniero calculista del afamado arquitecto francés Le Corbusier.

“Éste —escribió Xenakis— me abrió los ojos para la arquitectura moderna, con su espíritu de búsqueda perpetua, su facultad de ver las cosas desde ángulos diferentes, su doble tendencia hacia lo abstracto y hacia lo funcional”. Como miembro de su estudio, diseñó el pabellón Philips de la Exposición Mundial de Bruselas de 1958, mismo que presentó algunas analogías con su obra orquestal Metástasis (de 1954).

Su música se caracterizó por este tipo de interacción entre la música y las ideas procedentes de la física, la arquitectura y especialmente las matemáticas. Su concepto original sobre la música estocástica se basa en ideas matemáticas como la teoría de conjuntos, la lógica simbólica y la teoría de probabilidades unidas a un concepto de stochos o evolución hacia un estado estable. En su trabajo de composición utiliza elementos similares a los procesos aleatorios de John Cage, pero en un marco global de control, de forma que el resultado queda totalmente registrado con notación musical.

La rigurosidad matemática de la obra de Xenakis podría hacer pensar en resultados excesivamente intelectuales, pero la contundencia de sus composiciones genera un impacto emocional ligado a una extrema claridad armónica y estructural. Entre algunos de los modelos matemáticos que el compositor utilizó en sus obras se encuentran la distribución aleatoria de puntos en un plano (en Diamorphoses, 1957), la ley de Maxwell-Boltzmann (en Pithoprakta, 1955/56), la teoría de Juegos (en Duel, 1959, y Stratégie, 1962), la teoría de Grupos (en Nomos Alpha, 1966) y la teoría de conjuntos y el algebra booleana (Herma, 1960/61 y Eonta, 1963/64), entre otras.