1082-aPor David Cortés

Es difícil dirigir a un grupo y más durante años. Pero hacerlo, y bien, desde la batería es aún más complicado. Casos ejemplares son los de Christian Vander (Magma) y Daniel Denis (Univers Zero), quienes  han llevado y mantenido a sus respectivas agrupaciones en planos de trascendencia.

Un tercer baterista capaz de unirse a la dupla anterior es Yoshida Tatsuya, músico japonés nacido en 1961 y que se ha caracterizado, en los años recientes, por su empuje para renovar el sonido Zeuhl, ese universo sonoro gestado en la mente de Christian Vander y puesto en marcha por Magma —agresivo, con tintes de jazz, complejas partes vocales,  ritmos energéticos, bajo pulsante e hiriente— y al cual Yoshida le rinde homenaje, tributo y continuación desde 1985, año en el cual fundó Ruins, una agrupación en la cual bajo y batería tienen un papel predominante.

Yoshida es uno de los pocos músicos en el mundo que se ha dado a la tarea de continuar la obra emprendida en los setenta por Vander y compañía y lo hace no sólo desde una, sino desde varias agrupaciones. Koenjihyakkei, Korekyojinn, Ruinzhatova son sólo tres de las bandas de las cuales se vale el baterista para expandir su mensaje, mismo que tiene como finalidad la de hacer música exploratoria, experimental.

Se trata de una música que, como ya se dijo atrás, tiene su base en el sonido Zeuhl, pero que dista mucho de ser una copia del mismo. Yoshida es un instrumentista bestial, un músico de gran inventiva y con un dinamismo  contagioso. Pero también es un músico en el amplio sentido de la palabra, porque es capaz de encarar cualquier estilo y atacarlo con el debido conocimiento y suficiente habilidad. Cuando la banda Samla Mammas Manna emprendió una gira de reunión y estaba necesitada de un nuevo integrante en el sillín, allí estaba él para colaborar (Dear Mamma, 2002). Un año después, Yoshida y Hoppy Kamiyama, en los teclados, se unieron a Elton Dean y Hugh Hooper (ambos ex Soft Machine) y dieron vida a Soft Mountain. Los resultados de semejante fusión quedaron asentados en un álbum homónimo increíble (Hux, 2007).

El palmarés de Yoshida incluye colaboraciones con hizo lo mismo con Painkiller, al lado de Bill Laswell y John Zorn, Fred Frith, Derek Bailey, Otomo Yoshihide y Keiji Haino (Uhrfasudhasdd, Tzadik Records, 2008). Además, ha grabado innumerables duetos, la mayoría de ellos inclinados al free jazz y a la experimentación, como es el caso de los tres volúmenes al lado de Kazuhisa Uchihashi (inicien con Improvisations 3, Magaibutsu, 2009, acompañado de un DVD). Lo más impresionante es su capacidad para adaptarse rápidamente al estilo de música y a las peculiaridades de sus acompañantes. Varias de sus grabaciones son producto de primeros encuentros y prácticamente todas tienen algo de interés para el melómano. La música que practica con Ruins es muy dinámica, de estructuras complejas, con muchos cambios de tiempo, pero es endogámica, a veces resulta muy cerrada, claustrofóbica (un ejemplo está en Symphonica, Tzadik Records, 1998).

En Koenjihyakkei, dispone de más colorido instrumental y la música se acerca más a la corriente de Zeuhl; sin embargo, posee más tonos jazzísticos y una paleta vocal más diversa. Se recomienda Nivraym (Skin Graft, 2009) y Swan Dive (Magaibutsu, 2009) de Korekyojinn. Yoshida es multifacético,  un músico poliédrico y tratar de resumir en un texto una trayectoria de más de dos décadas no deja de ser aventurado; pero es peor guardar silencio ante una trayectoria comprometida con la música del siglo XXI y que tan buenos dividendos le ha aportado.