BachPor Eusebio Ruvalcaba

1) Tercer Concierto de Branderburgo. Qué placer inefable provoca sumergirse en este concierto. Todo en torno semeja una fuente de agua refrescante en medio del desierto. Terminados hacia 1721, los seis conciertos de Brandenburgo constituyen una feliz entrada al mundo de la música en general y al de Bach en particular. Ligeros y cautivadores, poseen sin embargo pasajes de dificultad extrema, bien sea por la velocidad vertiginosa que en determinados pasajes Bach impone a los instrumentos solistas o por el arte del conjunto que es necesario desplegar.
2) Chacona para violín solo de la Partita No. 2 en re menor. Con esta obra, Bach se adelantó a Paganini y a todos los grandes compositores del violín. En efecto, la historia del violín tiene en las partitas y sonatas para violín de Bach uno de sus fundamentos. Precisamente la Partita No. 2, compuesta hacia 1720 en lo que se conoce como periodo de Köthen (que viene de la temporada que Bach pasó en la corte del príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen), deja muy en claro, además de la musicalidad bachiana que parece reconstruirse a cada paso, la sólida estructura del violín como un instrumento que abría enormes posibilidades en su papel de cámara o como solista o integrante de una orquesta.

3) El arte de la fuga. Complejidad por encima de concesiones emotivas. La música de Bach es también la geometría musical de la más pura reflexión. Considerado por propios y extraños un trabajo de abstracción —sin dejar de lado una empresa de introspección musical—, hoy día se sigue discutiendo sobre el propósito de Bach de haber compuesto esta obra de dificilísima ejecución (sea en su versión para cuarteto de cuerdas, dos pianos, órgano o clave). Por cierto, Bach no alcanzó a concluir El arte de la fuga.
4) Concierto para piano y orquesta No. 5 en fa menor. No hay otro modo de escuchar esta música más que de rodillas. ¿Cómo es posible oír esta plegaria y no sumarse al dolor ajeno? Sin duda, los conciertos para piano y orquesta son prueba de fuego para el intérprete. De un lado exigen toneladas de dominio de la técnica, y, del otro, el espíritu por completo. En su mayoría, estos conciertos se distinguen por el impacto, digamos espectacular, que ejercen en quien los escucha. Con el Concierto No. 5 de Bach, por su dulce melancolía, por el discreto respaldo orquestal, acontece lo contrario: en lugar de levantar al auditorio de su asiento, lo obliga a concentrarse en sí mismo. Bien podría denominarse este concierto: “Viaje al interior”.

 

 

Un comentario en “Ciertas obras de Bach

  1. Estimado Sr. Ruvalcaba:

    Nuestro queridísimo compositor J.S. Bach no compuso conciertos para piano. El concierto al que Ud. se refiere-lo sabrá muy bien- es para clavecín. Sin más, su siempre lector:

    Oscar Hernández M.