green day 3Por Yareni Torres

Los Kinks fueron precursores del beat agresivo de mitad de los años sesenta. Fueron una banda que rebasó la línea del rhythm and blues para vincularse al pop y transgredir al rock. Sus álbumes Arthur (Or the Deckine and Fall of the British Empire) (1969) y Lola vs. The Powerman & the Money-Go-Round Pt. 1 (1970) son una prueba fehaciente y magnífica de su incursión en óperas rock al nivel de la multi ovacionada Tommy de los Who. Actualmente, Green Day es una de las pocas agrupaciones que se arriesga a concebir esta clase de álbumes conceptuales, cuando lo que predomina en el orbe es el formato MP3.
  Una trayectoria de veinte años y su obra previa, American Idiot (2004), respaldan a 21st Century Breakdown, una (llamémosla así) ópera punk dividida en tres actos: “Heroes and Cons”, “Charlatans and Saints” y “Horseshoes and Handgrenades”, en los que se relata la historia de la joven pareja estadounidense formada por Christian y Gloria.
  Así como Ray Davis y Pete Townshend se reinventaron y lograron que sus respectivas agrupaciones evolucionaran musicalmente, Billie Joe Armstrong conduce a Green Day en su ascenso artístico, para lograr traspasar la línea del happy punk -y hasta el emo- en la que los había encasillado la crítica especializada.
  Dieciocho cortes pueden resultar excesivos si se tiene en lista de espera a cientos de canciones descargadas. Sin embargo, cuando se opone resistencia a la vertiginosa internet y se escucha la música con cuidado, temas como “Last of American Girls”, “Before the Lobotomy” o “¡Viva la Gloria!” pueden cobrar otra dimensión y ser apreciadas como pequeñas joyas de la música pop.
  De forma justificada y sin aparente oportunismo, en su momento Green Day realizó severas críticas al gobierno de George W. Bush y los conflictos bélicos que el entonces habitante de la Casa Blanca provocaba en el mundo. Pese a que la situación política y económica ha dado un vuelco virtual y a que los Estados Unidos cuentan con un nuevo presidente que ha despertado esperanzas en la sociedad políticamente correcta de la Unión Americana y de buena parte del planeta, temas como “Murder City” y “21 Guns” exponen que, a pesar de todo, en muchos aspectos las cosas siguen muy mal y que continúa latente el deseo de no permanecer con la boca cerrada y gruñirle al imperialismo.
  Un elemento que prevalece en la música de este terceto californiano es que sabe identificar las carencias, necesidades y aspiraciones de una juventud que clama por ser reconocida pero se encuentra sedada por el sistema. Armstrong no sólo personifica a un vocalista guapito que le canta a las adolecentes, es un letrista muy interesante que por medio de melodías enérgicas, estridentes y divertidas trata de exorcizar a una sociedad caótica e histérica que dormita en la cama de la superficialidad. El líder de Green Day no dimite en su afán por cuestionarlo todo, incluida la religión, a la que pone en evidencia con clara ironía en la híper rocanrolera “East Jesus Nowhere” del 21st Century Breakdown.
  El grupo no evitó incluir temas de espíritu fiestero como “Know Your Enemy” o el que intitula al concepto. Sin embargo, trato de fusionar su sonido característico con un country electrónico para concebir “Peacemaker” o con la música de music hall para “¿Viva la gloria? (Little Girl)”. A su vez, consciente o no de ello, acentuó sus influencias del pop sesentero en “The Static Age”, metió jocosas referencias a “Gloria” de Van Morrison en “Horseshoes and Handgrenades” y le hizo un guiñó a The Who en “See the Light”. También se inclinó por incluir temas conmovedores y sutiles como “Restless Heart Syndrome” y “Last Night on Earth”, en los cuales se percibe un rango vocal similar al que emplea Sean Lennon en el bellísimo Friendy Fire (2006).
  Sí, Green Day lo volvió a hacer y lo hizo bien, sin repetirse, tentación en la cual pudo caer, dado el gigantesco éxito de su álbum anterior. Producido por el reconocido Butch Vig, 21st Century Breakdown es un nuevo paso adelante en la carrera de la banda que se diera a conocer mundialmente en aquella guerra de lodo difundida urbi et orbi desde el festival de Woodstock 1994. Para decirlo en palabras del propio Armstrong: “Pudimos haber tomado un camino distinto o volver a nuestras raíces. Decidimos avanzar”.
  Es posible que no se brinde el debido reconocimiento a este trabajo, ya que el iPod no suele dar respiro a las obras conceptuales. No obstante, si acaso las cosas cambian aunque sea un poco, la generación que cada vez menos escucha un disco de principio a fin podrá valorar a este diamante.