reginaPor Hugo García Michel

Conocida como parte de la escena anti-folk (cualquier cosa que ello signifique) de Nueva York, la excéntrica cantautora neoyorquina de origen ruso (de hecho nació en Moscú en 1980) Regina Spektor ha construido una carrera musical por demás original y provocativa, siempre dentro de los límites de un rock pop pleno de virtudes melódicas y hallazgos poéticos, sin más armas visibles (y audibles) que su voz y su piano. Si en su disco Begin to Hope (Sire, 2006) cantaba en francés “después de mí, el diluvio”, la verdad es que sus composiciones nunca han llegado a ser discordantes o a subvertir las convenciones, no al menos como tal vez ella misma quisiera. Spektor escribe canciones con toda la formalidad necesaria, aunque –eso sí– con una frescura y un sentido del humor que de pronto la pueden acercar a contemporáneas suyas como Ani DiFranco (aunque menos radical que ésta) o con una intensidad desgarradora que la aproxima a autoras e intérpretes como Tori Amos o Fiona Apple.

  Hace un par de meses, Regina Spektor regresó a los terrenos discográficos con Far (Sire, 2009), para muchos (como la crítica francesa Stéphane Deschamps) de lejos su mejor disco, mientras que otros (como la estadounidense Heather Phares) piensan que, por el contrario, se trata del trabajo más complaciente y menos brillante de la artista.
  A veces es bueno tratar de situarse en el punto medio y, sobre todo, no dejarse influir por otras opiniones antes de apreciar un material por uno mismo. Fue lo que hice con Far y la verdad es que mi apreciación se aproxima más a la de Deschamps que a la de Phare. El flamante álbum de Spektor me pareció magnífico y no porque haya trabajado con cuatro productores (nada menos que Jeff Lynne, Mike Elizondo, Garret Lee y David Kahne, lo cual hace que los trece cortes que lo conforman tengan tratamientos muy variados). Hay temas espléndidos, contagiosos, escritos e interpretados con una sensibilidad a toda prueba, dentro de un pop de gran finura, como “The Calculation”, “Eet”, “Blue Lips” (maravillosa), “Folding Chair”, “Two Birds” y las extraordinarias “Human of the Year” y “Genius Next Door”. Mención aparte merecen “Machine” (quizá la pieza más experimental –por decirlo de alguna manera- del disco) y “Dance Anthem of the 80’s” (una explosión de alegría y gracia).

  Far es un disco austero en instrumentaciones, como todos los de Regina Spektor, pero lo que nos ahorra en elementos superfluos nos lo abona en creatividad y hondura. Si resulta mejor o peor que Begin to Hope o Soviet Kitch (Sire, 2004), eso es lo de menos. Los tres son igualmente disfrutables, como toda la obra de esta singular exponente del anti-folk (cualquier cosa que ello signifique).

 

 

Un comentario en “La cercana lejanía de Regina Spektor

  1. Gracias por el comentario, Regina Spektor me parece una artistota de la que me considero gran admiradora, yo la conocí con Far, gracias al blog de La Mosca en la Red, después escuché sus trabajos anteriores y todos tienen una personalidad única, sin perder el estilo que tanto me gusta de esta mujer!