petra-fausto palmaPor David Cortés

La vida del compositor Fausto Palma está marcada por la movilidad. El periplo inició en 1993, cuando tomó sus primeras lecciones en la guitarra. Desde entonces, ya sea en La Habana, El Cairo, Nueva Delhi, el Distrito Federal, Londres o Ámsterdam, se ha encontrado con el sarangi, el oud y el cabaquinho, instrumentos a los cuales ha tratado de robar sus misterios.
  En 1999, la historia del rock progresivo mexicano lo retrata en Asallam, un grupo con influencias pastorales y sinfónicas del que hay un disco homónimo, incierto, intuitivo, cantado en su mayoría en inglés, prácticamente inencontrable, pero en en el cual ya se advierte la devoción por los sonidos místicos y misteriosos de Oriente (uno más aún se encuentra enlatado). Con pocas perspectivas en el horizonte, la emigración fue idónea. Su nomadismo lo llevó a Europa y después a visitar Siria, Egipto, Jordania y Líbano, sin saber qué se nutría más, si sus ojos o sus oídos.
  De su paso por Nueva Delhi, además de su contacto con el sarangi, queda Ghazali (Cero Records, 2004), álbum de aprendizaje, con filos todavía por restañar, grabado en su mayoría en esa ciudad y en Holanda. De regreso en México, el guitarrista se dio a la creación de Petra, grupo que toma su nombre de la ciudad jordana y sin ninguna relación con un colectivo estadounidense con el mismo apelativo.

  “Se trata —dice— de un proyecto personal, porque lo concebí, junté a los integrantes y para el cual compongo la música, pero se ha convertido en un grupo porque a los músicos les gustó, lo tomaron como un reto, lo aceptaron y se habituaron al lenguaje propuesto. Hoy, después de tocar juntos durante cinco años, hemos desarrollado nuestro propio lenguaje”.
  Farah (2005) fue el primer episodio en la conformación de este lenguaje, son composiciones permeadas por el misticismo oriental y muy cinematográficas. Una segunda placa, Zinat (GeR, 2007), muestra a una banda que, sin abandonar el misticismo, ahonda en la neurosis citadina, se abre al rock, incorpora la guitarra eléctrica e incluso voltea a la música klezmer y turca en busca de otras sonoridades. El más reciente capítulo de esta historia en construcción es Dawn (Intolerancia, 2009), álbum doble en el que a las influencias ya citadas hay que añadir sicodelia, krautrock, rock progresivo, ritmos antillanos y africanos.
  Aunque breve, la trayectoria de Petra está en pleno ascenso. El sexteto (Pablo Ramírez, clarinete; Manuel Rodríguez, batería; Enrique Rosales, bajo eléctrico y contrabajo; Salvador Patiño, saxofones, Paul Conrad, tuba; Fausto Palma, oud, sarangi, guitarras) no sólo ha plasmado un lenguaje propio en sus grabaciones en estudio; en concierto se escuchan desbordantes, han desarrollado mucha interacción y la improvisación convierte cada una de sus presentaciones en verdaderas celebraciones en las que la fusión, la sicodelia y el rock progresivo se tienden la mano.
  “La música que hago es el reflejo de todo lo que he vivido y es música del mundo vista desde México. Puede no ser tradicional pero esto es México ahora: el tráfico, lo multicultural, los colores, todos los sonidos de los campos y el silencio”, concluye el compositor.

(Foto: Iyari Tirado Burnat)

 

 

4 comentarios en “Petra y el nomadismo de Fausto Palma

  1. Vi a Petra en el Vive y me gustaron mucho. Que bien que escriban de estas bandas porque en otros lados no se habla de ellas