• Somos hijos del Diablo


    El mundo está lleno de muerte muchas veces inútil, absurda. Ante esto, Cruz apuesta por una cura con blues, con estupendas composiciones y haciéndose acompañar por los músicos portentosos de su trío Lucy Blues.

  • Kathmandu Ensemble, imágenes y misterio


    A diferencia de su proyecto paralelo, en el Ensemble la dupla hace a un lado las guitarras para concentrarse en la creación de composiciones con recursos electrónicos. En un trabajo que recoge siete temas, se adentran en la construcción de imágenes oníricas, algunas de ellas incluso con tintes de pesadilla.

  • 40 años con The Clash


    The Clash es un muy  afortunado debut de esta banda, un trabajo esencial —de hecho, uno de sus dos discos básicos— y un anuncio de lo que estaba por venir.

  • Flüght, 35 años después


    En 1982, editado de forma independiente, comenzó a circular en el mercado uno de los álbumes seminales del rock progresivo en México, una obra que se destacó por su calidad, su inclinación al sinfonismo y por servir de guía a obras posteriores.

  • De cómo San Pascualito Rey nos trae hasta hoy


    Luego, alcanzado el clímax, entramos al descenso y  se apaga el sonido, muere la letra, muere el disco, pero queda el aliento de vida de una obra tejida con pasión, cuidado y contagioso amor. SPR toma la batuta y nos dice que no es necesario vivir del pasado para mantener vivo al rock mexicano.

  • Brian Wilson y sus Pet Sounds


    ¿Es Pet Sounds, como afirman sus panegiristas, el mejor álbum en la historia del rock? Desde mi punto de vista, la respuesta es negativa. Que se trata de un gran disco no cabe la menor duda, pero de ahí a exaltarlo como la cumbre del género existe una enorme distancia.

  • 20 años de Tempestad


    Tempestad es la obra maestra de La Barranca, un disco que navega a través de mares procelosos y al final, cada vez que se le escucha, llega siempre a buen puerto.

  • Moon Duo, de música y geografias


    Ripley Johnson vivía bajo el sol de California; reproducía ese estereotipo de chicas, playa y felicidad eterna instaurado desde los tiempos de los Beach Boys. Sin embargo, cuando tocaba con sus compañeros de Wooden Shjips, había cierta oscuridad que parecía cernirse sobre él.

  • La hechicera de Opeth (más tres)


    El metal perdió un exponente, pero se lo entregó al progresivo. Hoy Opeth no sólo mira al futuro, Sorceress es una muestra de cómo el pasado puede ser una piedra de toque y no mera nostalgia. En realidad, la doceava placa de los suecos es un combo.

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