agosto 30, 2013

Siddhartha (El alma ubicua de Hermann Hesse)

Siddharta-foto-Jaka-BabnikPor Sergio Monsalvo C.

Fue dos años después de su muerte, en 1962, que Hermann Hesse alcanzó la divulgación global de su obra (falleció en Montagnola, Suiza, su patria adoptiva). Esta difusión se inició durante los años de la guerra de Vietnam, al convertirse (el autor y sus libros) en un símbolo de identificación para el movimiento juvenil (la contracultura específicamente) que se rebeló contra esa guerra, tanto en los Estados Unidos como en diversas geografías.

Al respecto, Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, escribió de Hesse que, una vez desaparecido, al autor alemán le sucedió “lo más grande que puede sucederle a un escritor: ser adoptado por los jóvenes rebeldes de medio mundo y convertido en su mentor. Eran los años sesenta, los de la revolución psicodélica, de la sociedad tolerante y la evaporación de los tabúes sexuales, del espiritualismo y la religión pacifista. El culto de los jóvenes novísimos por el autor suizo-alemán me intrigó y volví a leerlo. Era verdad, tenían todo el derecho del mundo a entronizar a Hesse como su precursor y su gurú. Fraguó una fábula contra el pesimismo y la angustia en un mundo que salía de una tragedia y vivía en la inminencia de otra, Hermann Hesse anticipó un retrato con el que iban a identificarse los jóvenes inconformes de la sociedad afluente medio siglo después”.

2010011604_Y2CY96El acicate de Hesse para vivir con autodeterminación (contracultural) y en forma opuesta (contestataria) a la sumisión hacia la autoridad, así como las soluciones ideológicas de corte universal, explican su fuerza de atracción sobre las nuevas generaciones. A la creciente desorientación, él contrapuso una imagen global en la que se mezclan tradición y modernidad, ética y estética, de un modo por demás futurista.

A diversos rincones del mundo siguen llegando sus ecos y con el mismo apelativo de una de sus novelas se han creado grupos y solistas llamados Siddhartha, como reconocimiento al autor de la misma. En España (Asturias) existe Siddhartha  & The Kashmir Band, de rock y balada pop; en los Estados Unidos (Detroit) está el grupo de garage comandado por el cantautor Marlon Hauser, con dos discos en su haber: el homónimo Siddhartha e If It Die; en México (Guadalajara), con el mismo nombre y dos discos instalados en el indie: Why You? y Náufrago; y, en las antípodas eslovenas, una banda con amplia historia y reconocimiento internacional por su original sonido.

Siddhartha es un grupo de hard rock y gótico de Eslovenia, considerado como el más importante de aquella joven república centroeuropea (formada apenas en 1991, tras deslindarse de la antigua Yugoslavia), por encima de Liebach o Magnífico. Se fundó en 1995, bajo el nombre del libro clásico de Hesse. En sus orígenes fue una agrupación standard, con dos guitarras, bajo y batería, pero luego del agregado de un tecladista y un sax, obtuvo un sonido distintivo. Tras varios cambios en su configuración a lo largo del tiempo, los integrantes actuales son Tomi Meglič (guitarra y voz), Primož Benko (guitarra y coros), Jani Hace (bajo), Tomaž O. Rous (teclados), Cene Resnik (sax) y Boštjan Meglič (batería).

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El Siddhartha esloveno se mueve bajo la batuta estética de Tomi Meglič, quien es el autor de casi todas las letras del conjunto. Este escritor pertenece, a su vez, a la selecta asociación de poetas eslovenos. El carácter simbolista de su lírica, cuya evolución se puede seguir a través de los discos ID, Nord, Rh, Petrolea, Saga, VI e infinidad de discos EP y remixes, habla de un mundo extraordinario y complejo, oscuro, con tradiciones ancestrales en las que conviven el horror y la lealtad, la traición y la amistad, el amor, la crueldad, el humor negro y la muerte. Meglič pertenece a esa clase de autores que busca la eficacia del auténtico fabulador, fiando la mirada a la imaginería de la palabra, tanto para describir como para marcar a los sentimientos y personajes que habitan sus canciones. El alma ubicua de Hesse está presente, pues, también en la obra de esta banda que ha mostrado desde su fundación un gran poder expresivo.

agosto 23, 2013

La inspiración de Guty Cárdenas

GutyconlopezmendezyduartemPor Eusebio Ruvalcaba

Estoy en una cantina del centro, la Buenos Aires. Bebo un tequila doble, blanco, como debe ser. A solas, como dicta el protocolo de la derrota. “¿Una canción?”, escucho la pregunta. Es un trío que se ha acercado sigilosamente hasta mi lugar. “Nunca”, respondo, y los músicos dan media vuelta. “Oigan, espérenme un segundo, que me toquen “Nunca”, por favor.” Y añado, en un tono que recuerda al maestro de primaria: “Con todo respeto, ¿saben que su autor, el hombre que compuso esa canción, el gran Guty Cárdenas, hoy cumpliría cien años, que hoy se celebra su centenario? Aquí en México nadie se acuerda, pero Mérida está ahorita de fiesta” Me miran entre sonrientes y desconcertados. “¿Se la saben?”, insisto yo. Y, en vez de responder, comienzan a cantar. No podía ser de otra forma. Tal vez, por ser 12 de diciembre, ahora mismo habría de estar postrado ante una imagen de la virgen de Guadalupe; pero no, prefiero estar aquí. Este día y en esta cantina, porque no es posible separar la figura de Guty Cárdenas de las cantinas, y no porque haya sido un bebedor consumado, sino porque murió en una de ellas, el Salón Bach. En efecto, cuatro balazos retumbaron en el interior de aquel antrillo el 5 de abril de 1932. Llevaban un destino: cegar la vida de un joven de veintisiete años, Guty Cárdenas. Mucho se habló de ese crimen. Hubo quien dijo que simple y llanamente se trató de un pleito de borrachos; que Guty se había hecho de palabras con uno de los parroquianos, luego de cruzar brindis con él, y que de pronto el desconocido había sacado su pistola y vaciado la descarga en el pecho del autor de “Caminante del Mayab”. También hubo quien afirmó que en el trasfondo había un lío de faldas: alguna pasión que despertó el compositor, como tantas otras que le dieron vuelo a su existencia. Pero que ésta había tenido un fin trágico.

Gutybio09  Ciertamente, las canciones del gran trovador habrían de marcar una época y reafirmar una tradición. Guty Cárdenas provenía de una acaudalada familia productora de henequén que, aunque venida a menos, aún podía satisfacer una excelente educación para sus vástagos. Desde pequeño, Guty destacó por su inteligencia precoz, su disposición innata para la música y su afición a los deportes. Mientras que en la escuela obtenía diplomas por sus altas calificaciones y buena conducta, su corazón se hallaba muy cerca de la emoción deportiva. El futbol y el béisbol lo atraían como ningún otro deporte. Formó parte del equipo de béisbol Águilas de Veracruz —con el tiempo, sus amigos recordarían lo bien que se veía con su gorra beisbolera y lo feliz que se ponía cuando anotaba un jonrón y cómo lo festejaba más tarde, silbando melodías que nadie había escuchado nunca. En fin, la vida fue generosa con este hombre de inspiración profunda y constante. Pago lo que debo y les cuento a los integrantes del trío una anécdota de Guty Cárdenas que lo pinta de cuerpo entero. En Campeche, a la salida de una presentación, un chiclero se acerca y le regala su mercancía; pero muestra tal arrobamiento que Guty se sorprende y le pregunta a qué se debe su expresión. “Porque nunca había oído nada como su música. Usted es un dios”, le responde, y el músico se conmueve y complace al humilde chiclero en su más grande ambición: llevarle serenata a su novia. Aquella chica tuvo esa noche, a su ventana, al más celebrado compositor de México en ese momento, Guty Cárdenas, cantándole sus propias canciones. El trío se emociona y canta una vez más “Nunca”, esta vez por cuenta suya.

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Así como al siglo XIX le corresponden los conciertos de violín de Beethoven, Brahms, Mendelssohn y Chaikovski, al XX le pertenece el concierto de violín de Sibelius. Enorme obra, compuesta en 1903, acaso se trata del concierto de belleza más altanera y punzante. Su rival más cercano sería el de Alban Berg, intitulado A la memoria de un ángel, y desde luego los dos de Prokofiev. Y a propósito de Sibelius, símbolo finés por excelencia, se cuenta que cuando los rusos invadieron Finlandia, se le envió a un rancho para resguardarlo de los ataques aéreos; pero bastaba con que el compositor escuchara los aviones rusos, para salir al jardín y arrojarles piedras.

agosto 16, 2013

Rancho Shampoo y el vuelo del golondrino

Rancho+Shampoo+904509_353181491469963_5907725Por David Cortés

Rancho Shampoo. La dualidad: por un lado, el deseo de inscribir el discurso, de hacer mella, de propagar una idea, un sentir; por el otro, la imposibilidad de obtener ya no éxito sino atención con un nombre semejante. En realidad a él la difusión y lo que ésta podría acarrear le es indiferente, pues desde la aparición de su debut discográfico (Apache mudo, Indian Gold Records, 2011), sabe de imposibilidades.

Este año, Rancho Shampoo (flautas, cintas, voces, programación), apoyado en la Indian Gold Orchestra (Rubén Alonso Tamayo, guitarra, mini moog, maraca; Rodo Ibarra, bajo, percusiones; Hernán Franco, batería, percusiones; y David Bautista, sax y percusiones), entrega un EP vital, sugerente, indómito, una placa en la cual los sonidos étnicos se funden con la sicodelia y algo de rock progresivo, pero en la que predomina el misticismo, el misterio y la voz de los espíritus.

  El vuelo del golondrino (Static/ Indian Gold, 2013), el EP de marras, es un resumen sonoro de la cosmovisión de su autor. Se trata de una música construida a partir de una conexión cósmica superior y de la cual Rancho Shampoo sólo es el transmisor: “Creo que nuestros ancestros Rayovacs (sic) se han sentido olvidados durante varias décadas en las que ha imperado el egoísmo musical contemporáneo en el cual me encuentro inmerso. Hoy, cada vez que visito el Cerro Sangrado de la Panocha en Tecate y El Cerro del Centinela en Mexicali, Baja California, para tocar la flauta ancestral, las voces se repiten constantemente, voces cherokees, apaches y hopis, y esas voces aterrizaron a lado de la Indian Gold Orchestra, con quienes tuve la capacidad de escuchar el viento. A raíz de ese encuentro, pudimos desarrollar la habilidad de hablar con el Halcón”.

6109375bac40465c34ec2d9f2fc1562bPara penetrar el discurso anterior, habría que confrontarse con los sonidos, escuchar, como ejemplo, “Ancestro Rayovac”, corte en el que mientras el sax, las percusiones y la guitarra hacen florituras, el pulso machacante del bajo crea un tapiz sobre el cual el trance hipnótico viene dado por una flauta, unos coros en el fondo y una voz con un recitativo ancestral de tonos mántricos.

Pregunten a Rancho Shampoo por sus antecedentes, por sus influencias y la respuesta nos habla de una realidad ajena: “Son los cherokees ancestrales, los salmos, proverbios, cantares, hopis cósmicos, lakotas y kumiais del Estado de Baja California que suenan en el Cerro Sangrado de Tecate y que no dejan de sonar en el viento”. Escuchen “Atole de bellota” y el cuadro, la percepción cambia: sobre una profusión de percusiones salvaje, agitada, el contraste lo aporta una flauta ancestral, una voz de otros tiempos y de ese cuadro abigarrado, en apariencia monocromático, surge el vínculo, la conexión cósmica con el tercer cielo, “con los ancestros Rayovacs que moran allí con el fin de guiar a los creyentes auditivos frente a los guerreros naturales” y de quien es representación Rancho Shampoo.

Y es que la música de este misterioso personaje, alimentado de las vibraciones del Cerro Sangrado de la Panocha, es una simbiosis entre la desolación de un desierto, los  espacios aún vírgenes y las atmósferas limpias y cristalinas y la urbe y sus miasmas. “Relámpago triste”, como muestra, comienza con sonidos de la naturaleza, aves, la voz de un sacerdote (¿?), truenos y luego se mezcla con un bajo motorístico, cercano a los pulsos monótonos del krautrock, un saxofón y unos gritos más afines a las artes marciales, creando con ello una composición hipnótica, sucia y densa,  elevada y liviana al mismo tiempo. Es un cuadro de aparentes tonalidades blancas y negras, pero que en realidad es un mosaico colorido.

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  El vuelo del golondrino es un EP condenado desde su nacimiento, la clase de producción que no sabe de contenciones, el disco que se rehúsa a ser encasillado y cuya libertad le permite volar y explorar territorios que no son originales, pero sí susceptibles de nuevas combinaciones. Sí, a veces entender las palabras de Rancho Shampoo puede ser complicado, pero si uno se adentra en su música, si uno acepta el desafío planteado, entonces también se derrumbarán esos estereotipos que impiden comunicarnos con otras dimensiones: “Hoy día necesitamos un mensaje, buscamos donde nada hay que buscar. Las tormentas surgen de la nada y la nada es nada. Moverse entre una y otra corriente musical da como resultado el estremecer el espíritu, la mente, el cuerpo, la sensación de ser tú quien crea esas ondas auditivas. Derribar a los impíos que se mantienen de pie a los bordes del río es nuestra constante lucha, llevar las ondas musicales más allá de lo que algunos seres humanos pretenden, a ellos es a los que debemos derribar”.

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