febrero 2, 2011

Transatlantic: odio y amor por el progresivo

TransatlanticPor David Cortés

La historia del rock progresivo está plagada de excesos. Es, quizás, el género en el cual las lecciones de la historia no han hecho suficiente mella ni han sido aprendidas debidamente. Esto, en un gesto que concita amor/odio, atracción/rechazo, interés/desdén, ha sucedido desde sus inicios.

Prueba de la afirmación anterior es la edición de lujo —dos DVD, tres CD, “más de ocho horas de magia pura”— de An evening with Transatlantic Whirld Tour 2010, una producción resultado de la gira mundial del supergrupo formado por Mike Portnoy (Dream Theatre) en batería, Neal Morse (ex Spock’s Beard y ahora solista) en teclados y voz, Roine Stolt (Flower Kings) en guitarra y voz  y Pete Trewavas (Marillion) al bajo (más Daniel Gildenlow, de Pain of Salvation, en  guitarra y coros, como invitado).

Dadas las cartas credenciales de los integrantes de esta agrupación, podemos anticipar lo que habremos de encontrar: largos solos cargados de virtuosismo, extensas composiciones (“The Whirlwind” dura ¡ochenta minutos!), diálogos vitales entre los instrumentos (especialmente entre  teclados y la guitarra), en suma, todo un exceso.

transliveSin embargo, en ese derroche de música que para algunos resulta absurdo, abrumador y por demás aburrido, están también las semillas de su atracción. “The Whirlwind” funciona porque uno lo puede ir cortando en secciones (como seguramente fue construido), aunque hay momentos insufribles (“Bridge Across Forever”, por ejemplo), de un romanticismo nauseabundo.

Pero también es ineludible no caer prendado con cortes como “Duel With the Devil” que  es una gema por su dinamismo y por contener, sin duda, algunos de los momentos más intensos que se hayan compuesto en la trayectoria de esta banda, así como algunos diálogos musicales muy hermosos.

Por eso decía al inicia este texto de la ley de atracción/rechazo que parece darse con el progresivo. Se le ama y se le detesta al mismo tiempo, pero también de eso tienen la culpa sus fanáticos. Es un género en el que algunos de sus seguidores han crecido poco. Gustan de soñar en medio de rimbombantes pasajes, se solazan con los cuentos épicos de sus creadores y aman, sobre todo, lo melifluo, esos sonidos bonitos que con el paso del tiempo han llegado a ser una especie de easy listening. Parte de esto lo tiene Transatlantic.

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Pero  el colectivo también tiene oculta una cara y ésta es menos amable. Aquí encontramos solos con colores bluesísticos a cargo de Stolt, momentos cercanos al pop cortesía de Morse y un empuje muy cercano al metal de parte de Portnoy.

No, Transatlantic no es una agrupación promedio de progresivo. Ellos veneran sus antecedentes, reverencian a ciertos maestros, pero lo suyo no es una mera recreación del pasado, sino la mirada al mismo para extraer lo mejor y desde allí construir un presente que apueste por un futuro que permita impulsar al género, revitalizarlo.

Odio a los aires de suficiencia de Portnoy, amor a la dedicación y a la seguridad de Trewavas en el bajo; odio al mesianismo siempre latente de Morse, amor a los solos de guitarra de Stolt y amor, también, a la interacción entre Morse y Stolt, lo mismo, por qué no, que a ese Portnoy capaz de impulsar proyectos como éstos. Cierto, excesivos, grandilocuentes, pero también capaces de engendrar buena música.

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Un comentario a “Transatlantic: odio y amor por el progresivo”


  1. jose ramon

    Sígueno en facebook y twitter. Soy promotor del concierto de Portnoy y MOrse en Octube y me gustaria invitarte @mexprog