agosto 22, 2009

Nine Rain: sonorizar al silencio

ninerain-vivamexico_300x264Por David Cortés

Desde su concepción, Nine Rain ha sido una agrupación que busca fundir dos tradiciones: la vanguardia y las sonoridades propias de la música de ciertas regiones de este país. La hibridación ha quedado plasmada en álbumes que distan mucho del éxito comercial, pero que sí han dejado una huella importante en el ámbito artístico. Desde el debut homónimo, en el que un tema como “Rainy Jaranero” se encargó de marcar las directrices del futuro, al fundir el son jarocho con el jazz, hasta México Woke Up (2006), placa en la cual las aportaciones de los nuevos integrantes imprimieron otra visión y una mayor energía, el ahora sexteto (Steven Brown: saxos, clarinete,voz; Alejandro Herrera: vihuela, requinto jarocho, voz; Nikolas Klau: bajo, electrónicos; José Luis Domínguez: guitarras; Daniel Aspuru: teclados, batería y Oxama: percusiones y juguetes) se ha movido en constante ascenso.
  La más reciente acometida de Nine Rain es ¡Que viva México!, el soundtrack para la película del mismo nombre, dirigida por Sergei Eisenstein. No es la primera ocasión que Steven Brown se acerca al cine. Como integrante de Tuxedomoon, musicalizó The Ghost Sonata. Luego participó en The Super-8 Years with Tuxedomoon en el que, además de música, proveyó íntegramente las imágenes. Los adictos al cine tal vez lo recuerden, en el rol de pianista, en Salón México, la versión que José Luis García Agraz dirigiera a mediados de los noventa.
  Poner música a películas mudas no es novedad. Lo han hecho, con mayor o menor éxito, agrupaciones como Art Zoyd o In the Nursery. Hace un par de semanas, la Cineteca Nacional ofreció un ciclo en el que cuatro bandas de rock añadieron música a igual número de filmes. Lo novedoso es que estas bandas sonoras funcionen en dos niveles: sonorizar imágenes silentes y, lo más difícil, sobrevivir alejadas del celuloide.
  ¡Que viva México! marcha en ambos planos, lo cual es un gran acierto, si consideramos que son más las veces que uno se acerca a escuchar un disco que a ver una película. Probablemente lo logra porque Nine Rain es una agrupación que desde sus comienzos se ha inclinado por la música instrumental y sabe cómo crear imágenes con ella. Si bien en esta incursión ha trabajado a partir de imágenes ya construidas, evitó ceñirse a la obviedad y su música funciona como un multiplicador de las filminas primigenias. A las imágenes ya existentes, el escucha puede agregar muchas más.
  Hay, evidentemente, partes incidentales, transiciones, puentes y dado el carácter del filme, también son notorios los momentos en los cuales aflora lo mexicano en la música; sin embargo, este tono en apariencia obvio es trastocado con la inserción de reminiscencias de sonidos clásicos, jazz, experimentación. Ayuda, también, seguir la regla de menos es más y, con frecuencia, escuchamos diferentes apareamientos instrumentales y no al grupo en su totalidad. Esa actitud de los músicos de replegarse siempre que lo consideran necesario, dota a la música de mayor espacio, le brinda instantes de respiro y cuando el grupo ataca en pleno, el efecto es mucho mejor. Pero no busquen rimbombancias o tonos épicos: si algo caracteriza a esta banda sonora es la ausencia del lugar común.
  Vivir la experiencia de cine y música es inigualable. No obstante, ¡Qué viva México!, el disco, tiene su propia vida. El pretexto radica en la obra de Eisenstein y los integrantes de Nine Rain le han hecho honores de muy buena manera, pero al mismo tiempo encontraron la forma de dotar de autonomía y convertir en satisfactoria a la experiencia auditiva, un logro que no muchos pueden jactarse de alcanzar.

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