agosto 1, 2012

La consolidación de Tacits

Por David Cortés

Persistencia. Siempre, al encontrarme con una banda relativamente nueva e invariablemente desconocida, pienso en que, al menos en este país, la música de avanzada se teje a partir del aferre, de la práctica, de la persistencia.

The Tacits es un grupo oriundo de Puebla que comenzó su trayecto discográfico con una grabación en concierto de ampuloso título: Bootleg X.XII.MMV (2005). A éste siguió un año después el EP Korova. Otro EP, grabado también en vivo, Jazzatlán I.II.MMVII vio la luz en 2007; finalmente, ese mismo año, editaron su primer disco en estudio: Iron Bridge (NoTV Records). Para la promoción de este álbum viajaron a Bélgica y Francia y fue en este país donde grabaron una serie de improvisaciones que lanzaron en 2008 con el nombre de Vauban; en 2010, apareció The Foreign Affair.

No obstante el número de discos y la continuidad en su trayectoria, The Tacits es una agrupación que permanece ignorada por la mayoría del público mexicano. Tal vez la razón de esto se encuentre en sus filias, en sus devociones y afectos. Su música nace en ese vertiginoso afluente que es el rock; pero se nutre de más elementos, entre ellos el jazz, la experimentación, la sicodelia. Añádase a esto la ausencia de canciones (salvo algunas excepciones) dentro de su repertorio.

Por si fuera poco The Tacits también gusta de improvisar, de dar rienda suelta a sus escarceos con los instrumentos sin una idea preconcebida. De esa simiente, del fruto de intercambiar ideas al momento y de generar la música in situ, el grupo ha gestado un lenguaje que comienza a ser único. Hace unos años, en mi primer acercamiento a la banda, Iron Bridge se me reveló como un disco con posibilidades, aunque con  ideas sin definición. Había potencial, pero a mi juicio no la suficiente concreción; no obstante, el álbum bastaba para dar seguimiento al colectivo.

En un lustro, The Tacits ha crecido al grado de que de aquellas primeras impresiones no queda ni un resabio en Cycles I & II (NoTV Records, 2012), la más reciente producción de la banda poblana, integrada en esta ocasión por Felipe Bazán (sax); Jan Ingram (bajo, teclado);  Fran Rubio y Álvaro Hernández (guitarras);  Sergio Carreto (batería); Paco Sáez (batería en Cycles I); y Alejandro Tapia (guitarra en Cycles I).

  Cycles I & II es una obra que desafía las convenciones, no sólo porque nace de sesiones en vivo, también porque se trata de un álbum doble. “Zeta”, el corte abridor, es un track potente, liderado por una guitarra de tintes ácidos y una sección rítmica sicodélica y maciza, muy pesada. Al menos en el inicio, el sax de pronto aparece para salpicar de más sudor y mugre a este tema que se caracteriza por su intensidad. El corte posee un carácter hipnótico que luego nos conduce a un estado de cierta laxitud, en el que la banda se dedica a tocar sus instrumentos sin una aparente dirección, pero en realidad lo que está haciendo es prepararnos para un nuevo ascenso, ahora más intenso, mismo que nos conduce hasta el fin.

La descripción de este corte engloba el carácter de la música de los Tacits. Aquí no nos vamos a topar con solos onanistas; en vez de ello se trata de composiciones que se desarrollan lentamente y que generan una tensión que da a la música del colectivo un toque vibrante, no necesariamente espectacular, pero sí de mucho sentimiento y organicidad.

Difícilmente podrá encasillarse a The Tacits en una corriente única. Lo que ellos hacen es una progresión, pero no en el sentido primigenio del concepto de rock progresivo. Al contrario, si algo los define, es que están con los pies bien plantados en el siglo XXI y su música respira y abreva de influencias recientes (hay un poco de Mogwai en un plano estructural), aunque se permiten el lujo de no embarcarse en la nave de la moda.

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Hay, además, un sentido muy lúdico en la música de este grupo, algo que permea cada una de estas sesiones-improvisaciones y que le da una contagiosa vitalidad a cada una de ellas. Pero si se me diera el ocio, yo diría que la música de la banda oscila entre la sicodelia, lo progresivo y el jazz. De esa mezcla, siempre explosiva, el grupo ha salido bien librado y ha hecho de Cycles I & II uno de los mejores discos de la vena experimental que se hayan editado hasta el momento en este país, una obra en espiral que abre su primer disco intensamente y cierra en el segundo de igual manera, dando una circularidad pocas veces advertible en otras producciones realizadas en este país. A seguirle la pista.

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