mayo 22, 2012

Hogarth y Barbieri: lo mejor de dos mundos

Por David Cortés

Es una asociación sorpresiva, aunque, mirada con detenimiento, lógica. Si juzgamos a partir de los resultados: fructífera. Steve Hogarth, cantante de Marillion, y Richard Barbieri, tecladista de Porcupine Tree, pueden jactarse de pertenecer a dos de las bandas más importantes de la escena progresiva de la actualidad. Ahora, también pueden vanagloriarse de haber construido un hermoso álbum titulado Not the Weapon But the Hand (Kscope, 2012).

Barbieri ha escrito la música, a Hogarth le corresponden las letras. Para dar acabado a la obra, llamaron a Dave Gregory, Chris Maitland, Danny Thompson y Arran Ahmun, quienes colaboran en algunos de los cortes; pero en síntesis, la responsabilidad final pertenece a los dos y uno de los primeros rasgos a destacar es la alquimia gestada, el equilibrio entre un par de voluntades del cual ha resultado un álbum bello y por momentos conmovedor.

Barbieri es un gran arquitecto al momento de construir atmósferas, de levantar monumentales edificaciones de sólidos cimientos. Esta vez no ha sido la excepción. Su mano firme, segura, le ha tendido a Hogarth una mullida alfombra sobre la cual su canto se desliza suavemente, para invitarnos a entrar en sus canciones. Not the Weapon But the Hand tiene un tono intimista, las canciones se despliegan lentamente, cual velas frente a un calmo viento.

“Red Kite” es un ejemplo de ello, de ese flujo lento, del pausado oleaje y sonidos prístinos que tejen una hermosa melodía sobre la cual Hogarth narra la historia de un papalote que se mantiene estático mientras abajo todo es vértigo; cuando finalmente se mueve, es para “fijar” su ojo en lo que habrá de morir. “A Cat With Seven Souls” y “Crack”, son composiciones más dinámicas; la primera se construye sobre un ritmo de tintes exóticos en donde Barbieri monta un lenguaje sonoro a capas. La segunda, en medio de ese dinamismo, incluye un vibrante solo de guitarra, uno de los pocos que aparecen en el álbum.

“Naked” se mueve sincopadamante, tiene ligeros toques de jazz. En “Your Beautiful Face” también hay atisbos al género de la síncopa, pero brilla sobre todo por la historia que cuenta el vocalista, la de una hermosa mujer “con acero detrás de los ojos” (“Recuerdo tu hermoso rostro, apareciendo repentinamente en mi cuarto por la tarde. Mientras el joven dentro de mí me apresuraba a despojarte de tus ropas, el hombre dentro de mí volteaba al campo después de mostrarte cortésmente la puerta de salida”), una amenaza hasta que su belleza muere y entonces el mundo se convierte en un “lugar más seguro”.

“Only Love Will Make You Free”, la composición más cercana a Marillion en el disco, es un  recordatorio de que sólo el verdadero amor libera, mientras “Lifting the Lid” es un tema más atmosférico, con toda la marca de Barbieri.

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Not the Weapon But the Hand es el producto de dos artistas que se miran uno al otro a la misma altura. Aquí no hay excesivas muestras de virtuosismo; en su lugar tenemos un trabajo maduro, reposado, de fluir lento, de texturas suaves y atmósferas íntimas, un disco cuya belleza se despliega conforme más se le escucha, la clase de álbum que parece un oasis en medio de la velocidad que nos atosiga diariamente.

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