¿Alguien se acuerda de Humble Pie? Para las nuevas generaciones, se trata de un grupo por completo desconocido y la gente de la vieja guardia apenas lo rememora. No obstante, la agrupación encabezada originalmente por Steve Marriott (quien provenía de Small Faces) y Peter Frampton (sí, el mismo Frampton que después se volvió híper fresa —recuérdese “Baby, I Love Your Way”— y sólo se reivindicó de algún modo mediante sus colaboraciones ochenteras con David Bowie) fue en su momento una de las más importantes de Gran Bretaña y su tremenda fuerza rocanrolera quedó recogida en varios álbumes, entre ellos ese estupendo disco “en vivo” que es Rockin’ the Fillmore (1971), mismo que incluye su escalofriante y potentísima versión a “I Don’t Need No Doctor” de Ray Charles.

Conformado por Marriott en la voz y la guitarra de acompañamiento, Frampton en la guitarra principal, el ex Spooky Tooth Greg Ridley en el bajo y el baterista Jerry Shirley, este cuarteto —surgido en 1969 en la ciudad de Essex, Inglaterra— interpretó siempre un rock duro de fuertes bases blueseras, caracterizado por la voz chillona de su vocalista y la finura interpretativa de su virtuoso guitarrista líder. De entre los álbumes grabados en estudio que constituyen su discografía, el mejor es Smokin’, una obra maestra de blues y hard rock que no ha perdido vigencia. Sin embargo, en este disco ya no estaba Frampton, quien por diferencias artísticas abandonó al grupo y fue reemplazado por Dave “Clem” Clempson, surgido de Colosseum.

Sin variar en esencia el estilo que el conjunto tenía con Frampton, incluso endureciéndolo todavía más, lo que se escucha en este trabajo es una serie de temas irresistiblemente rocanroleros, llenos de alma bluesera y contundencia casi heavy metalera. La voz de Steve Marriott (quien fallecería trágicamente en 1991, mientras dormía, al incendiarse su casa de campo) muestra aquí todo su poderío y profundidad, como si perteneciera a la reencarnación de algún viejo bluesero originario del Delta del Mississippi. La de Marriott es una de las voces más subvaloradas de la historia del rock. Con este músico se ha cometido la gran injusticia del olvido, siendo que a principios de los setenta había muy pocos que pudieran cantar como él. Se cuenta que cuando Mick Taylor dejó a los Rolling Stones, en 1975, Keith Richards propuso al por entonces ya ex Humble Pie para reemplazarlo. Sin embargo, intimidado ante la perspectiva de verse opacado, Mick Jagger lo vetó de modo terminante. También Jimmy Page había pensado en él años antes, para conformar nada menos que a Led Zeppelin. No fue posible y Robert Plant resultó finalmente el elegido. ¿Por qué se desvaneció Marriott? Por la misma razón de muchos rocanroleros que de súbito vieron truncadas sus prometedoras carreras: el abuso de las drogas.

Smokin’ (A&M, 1972) abre con “Hot ‘n’ Nasty”, una pieza finísima que se acerca al gospel, con un uso espléndido de los teclados (órgano Hammond y piano) y un coro sensacional, conformado entre otros por Stephen Stills, Madeleine Bell y Ricky Wills. La sigue la provocadora y deliciosamente mórbida “The Fixer”, con un riff seco y grasoso de Dave Clempson y el contrapunto guitarrístico de Marriott en un juego instrumental asombroso, sólidamente apoyado por la precisa sección rítmica.

“You’re So Good for Me” es una suave y muy delicada tonada semiacústica de enorme belleza que los Rolling Stones pudieron haber incluido en Let It Bleed o Led Zeppelin en su cuarto álbum. Las voces alternadas de Steve Marriott y Gred Ridley más los coros femeninos crean un clima conmovedor y lleno de emotividad que se rompe en forma espectacular con los acordes de “C’mon Everybody”, el clásico de Eddie Cochran en una versión fuera de serie.

“Old Time Feelin’” es un viejo tema tradicional, un blues como los que gusta interpretar Eric Clapton, con un arreglo perfecto que nos remite a un sórdido bar del sur profundo estadounidense. Un piano muy honky tonk, guitarra acústica debidamente punteada, armónica cachonda y persistente, voces aguardentosas. Una completa maravilla.

“30 Days in the Hole” es otra canción magnífica que mantiene el sentido ascendente del disco para dar paso a otro cover, el que el cuarteto y sus invitados hacen a “Road Runner”, otro gran clásico del rock and roll de finales de los cincuenta que aquí se convierte en un jam session en el cual el enorme Stephen Stills se luce con un muy espeso uso del Hammond.

“I Wonder” es un blues muy en la senda de lo que gustaban tocar músicos norteamericanos como Al Kooper y Michael Bloomfield o grupos como Canned Heat. Aquí, Marriott hace lo que quiere con su voz y su armónica y muestra por qué se encontraba en el Olimpo del rock en aquella época.

El disco culmina con “Sweet Peace and Time”, un tema de difícil clasificación y quizás el que más se aproxima a lo que sería el heavy metal. Hay algo de Blue Cheer en su densidad y pesadez, en esos solos de guitarra con distorsionador, en las voces de Marriott y Ridley. El tema menos bluesero y más instrumentalmente elaborado, pero de igual forma extraordinario.