El jazz se vibra, se hace y difunde de manera diferente en el mundo. Aquí en México, como en otras partes del globo, influye la localidad, aunque no necesariamente para darle un sonido específico, sino para su práctica. ¿Cuántos grupos de jazz existen en el Estado de México? ¿Cuántos de ellos tocan con frecuencia en la Ciudad de México? ¿Cuántos tienen acceso a la difusión radiofónica? ¿Cuántos han alternado con Le Monqué Spazzuah?

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¿Le Monqué Spazzuah? Con tan extraño nombre —“un juego de palabras que inventamos, inspirado en una escena de la película El club de la pelea que significa Los Simios del Espacio”— se bautizó esta agrupación formada en 2010 en Toluca e integrada por Pepe Ruvalcaba (trompeta), Pepe Gonezqui (saxos tenor y alto), Héctor Tadoza (batería), Kefrén San River (piano y piano eléctrico), Danaky Torres (sintetizadores) y Lalo Velázquez (bajo eléctrico y contrabajo).

En su ideario, volcado en los discos Monocturno (2013), T3rc3r mundo (2015) y Urban Suite (2016), el último producido por Frankie Mares, baterista de Troker, la idea es una: “lo técnico deja de ser lo primordial para dar un paso a la musicalidad y al efecto catártico que la música genera en las personas”.

No obstante el poco tiempo que lleva, el sexteto ha logrado hacerse de una voz en la que la mayor parte la lleva el jazz, pero en la cual también encontramos visos de funk y un condimento electrónico que añade un color diferente (“Kamikaze”). Su primera placa está marcada por la espontaneidad, se advierte en ella una crudeza de la cual se han despojado paulatinamente. Los estallidos de energía son más frecuentes, es una batalla que se libra entre el día (“Sick Monk Fraud”) y la noche y alcanza su clímax en “Sombra”, el único corte cantado en la historia de la banda.

Para su siguiente producción, esa vigorosa mezcla de jazz y funk persiste (“For God Zero”) y si bien los sintetizadores están allí, aunque no con la misma preeminencia que en su trabajo anterior, “No Signal” es una muestra de cómo la agrupación los incorpora para ganar más color; el corte que da título al disco es un tema refinado, más dado al quehacer jazzístico, pero perlado por el funk y, aunque parezca “grosero”, por unas pizcas de pop.

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Ciertos toques de narración cinematográfica aparecen en “Le Monque Spazzuah’s Theme” y si bien el grupo sigue un acercamiento convencional cuando echa mano del funk y el jazz, se permite experimentar en fragmentos de  “Midnight Train” y hurgar un poco en la música disco y electrónica en temas como “Travel”.

Urban Suite, su más reciente grabación, es una obra más breve, apenas de cuatro tracks, pero probablemente por eso se escucha más enfocada. Por momentos hay mayor apertura a la experimentación (“Monónimo”) y en otros temas no hay los arrebatos del primer disco, aunque sí un mayor uso del lenguaje del jazz, ciertos coqueteos con algo de free; el sentido del humor, junto con esos aditivos de la electrónica, aflora en “Sentido contrario” y el disco cierra con “Mr. Chale”, un tema poderoso en el que logran balancear la síncopa con los tintes electrónicos.

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¿Cuántas veces al año visita Le Monqué Spazzuah la Ciudad de México? ¿Cuántas ocasiones han sentido la necesidad de escuchar a una banda de jazz que no sea acartonada y con un repertorio anacrónico? ¿Es usted de los que creem que el jazz no existe en México? Una mirada a los bajos fondos no le caería mal para comprobar el trabajo de agrupaciones cuyas aspiraciones están más allá de la fama y el dinero fácil.

Le Monqué Spazzuah se presentará en Zinco Jazz Club este miércoles 6 de septiembre.