Boulez Conducts Zappa: The Perfect Stranger (Angel, 1984) tiene como antecedente inmediato el álbum London Symphony Orchestra Vol I (1983), en el que la Orquesta Sinfónica de Londres, conducida por el director japonés Kent Nagano, interpretó los primeros trabajos plenamente orquestales de Frank Zappa (y si nos vamos más atrás, están los discos Lumpy Gravy, de 1968, y Orchestral Favorites, de 1979, en los que Zappa empezó a mostrar sus inquietudes por realizar composiciones y arreglos para orquesta sinfónica).

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Aparecido después de dos discos normales (es un decir) del músico, como lo fueron The Man from Utopia y Baby Snakes, ambos del mismo año 83, el platosorprendió por la calidad de su música y porque casi nadie se esperaba que Zappa fuese capaz de escribir obras sinfónicas de semejante calidad y envergadura (nada que ver con el uso de la orquesta como mera acompañante de un grupo de rock, como había hecho, por ejemplo, Deep Purple). En el caso de The Perfect Stranger, el álbum contiene piezas específicas para orquesta (que son las que interpretó el Ensemble Intercontemporian de Pierre Boulez) y otras en las cuales el propio Zappa tocó un instrumento novedoso en aquel tiempo: el synclavier, un teclado computarizado con el que también grabó su curiosa incursión en la música barroca: Francesco Zappa, de 1984.

En The Perfect Stranger destacan composiciones completamente avant-garde como la homónima “The Perfect Stranger”, de doce minutos de duración y con evidente influencia de Karlheinz Stockhausen y Edgar Varese, la tensa “Naval Aviation in Art?” y la grácil “Dupree’s Paradise”, a la que Boulez consideró “demasiado estadounidense”. En cuanto a los muy interesantes temas con synclavier, están “The Girl in the Magnesium Dress”, “Love Story”, “Outside Now Again” y “Jonestown”, cuatro composiciones absolutamente vanguardistas para su momento y en las que Zappa da rienda suelta a su imaginación y a su asombrosa capacidad musical.

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The Perfect Stranger no fue un disco exitoso y permanece entre los menos conocidos del creador de Freak Out (1966) y Absolutely Free (1967). No obstante, se trata de una obra digna de ser revisitada y apreciada en todo lo que vale dentro del campo de la música avant-garde del siglo pasado.

 

 

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