Habrá que aceptarlo: Arcade Fire nació como una agrupación llena de hermosura.

Corría el año 2004 cuando una copioso número de multi-instrumentistas tomó por asalto al mundo. Prácticamente todos se rindieron ante la belleza de sus composiciones, arreglos, energía, carisma y presentaciones en vivo. Dioses musicales como David Bowie los cubrieron bajo su manto gracias a uno de los mejores discos debut de la historia: Funeral. Luego vendría la consolidación: Neon Bible, The Suburbs y Reflektor son obras que fueron alabadas como un nuevo pase de magia por parte de los asentados en Canadá. El atractivo intrínseco de Arcade Fire no hizo otra cosa que crecer hasta convertirlos en una de las agrupaciones más importantes del siglo XXI.

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Hoy, trece años después de su aparición en escena, Arcade Fire es capaz de provocar pasiones como la desatada por el joven Narciso sobre la ninfa Eco. E igual que en el mito griego, la banda no sólo se ha hecho más bella, sino también más arrogante. ¿La prueba? Su más reciente álbum, Everything Now (Columbia, 2017), primer resultado fallido en una discografía prácticamente inmaculada.

¿Dónde radica la falla principal de Everything Now? En su exceso de concepto. Pareciera que Win Butler y Regine Chassagne (sobre todo el primero), matrimonio líder de Arcade Fire, dejaron de lado las buenas composiciones con tal de generar una crítica a la sociedad moderna que acaba por resultar chata, facilona y, paradójicamente, un espejo.

Por ejemplo, el nuevo disco tiene como eje temático el exceso de información y la consecuente falta de retención por parte de la gente. No obstante, para la campaña de lanzamiento, el grupo decidió crear una empresa falsa llamada igual que el disco, la cual lanzaba desde Twitter una cantidad de información abrumadora. Claro, se entiende el intento de “ironizar” al respecto, pero el “chiste” resultó sólo cansino y poco inteligente. Además, la banda lanzó cuatro sencillos (con su respectivo video) en un lapso de dos meses, lo cual puede ser calificado fácilmente como spam.

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Ahora bien, ¿qué tal Everything Now como obra estrictamente musical? Un poco lo mismo. El disco arranca con una introducción que nada aporta y que se repite al final del mismo, para darle una apariencia circular totalmente forzada, así que de los trece tracks del disco, realmente habría que concentrarse en once. El primero de ellos fue el sencillo de nombre homónimo al álbum. Se trata de una canción casi festiva, con una base rítmica cercana a Abba y un gancho melódico de piano memorable. A pesar de haber sido acusada de ser demasiado fresa por parte de algunos fans, se trata de una de las mejores composiciones en la historia de Arcade Fire.

Un poco en la línea “bailable” del corte anterior aparece “Signs of Life”, composición que inicia con un muy interesante contrapunto rítmico para evolucionar en una creación cuyas raíces se encuentran en la música disco y el soul (el arreglo de metales no tiene desperdicio).

En tercer lugar aparece “Creature Comfort” que, en su afán de mantener el hilo conceptual del disco, se vuelve cansina y repetitiva: ritmos semi-disco con una letra de crítica social. Justamente lo mejor de la canción es lo que cantan tanto Butler como Chassagne, no así la armonía y melodía.

A partir de este momento, el disco cae en un bache del cual no saldrá pasados cuatro temas. “Peter Pan” es un esfuerzo decente por apropiarse de ritmos caribeños; sin embargo, es totalmente mediana. “Chemistry” debe ser una de las peores composiciones en la historia de Arcade Fire: un intento de hacer reggae que justo suena más a una parodia malograda que a tributo amoroso. Ignorarla es lo mejor que se puede hacer. Los tracks siete y ocho, nombrados prácticamente igual (la única diferencia es un guión bajo en medio del segundo de ellos), son el centro del disco, y por ende, reflejan muy bien su espíritu: forzados, poco agudos en su intento de ser irónicos, sobrados y arrogantes.

La cosa vuelve a levantar con “Electric Blue”, composición de Chassagne, quien vuelve a demostrar su capacidad para hacer melodías memorables que mucho le deben a Blondie.

El número diez lo ocupa “Good God Damn” que me parece la mejor composición del disco: una base rítmica sólida, una guitarra contrapunteada sencilla pero vital, la voz de Butler sin ese tonito aleccionador que usa en otras composiciones y arreglos precisos que transforman una aparente melodía simple en algo filoso. Grandísima composición que encuentra su fortaleza en la sencillez.

“Put Your Money on Me” es una extraordinaria canción que, estoy seguro, los de Muse matarían por haber compuesto: el uso del sintetizador es magistral, la voz memorable y los arreglos, otra vez muy discretos, sólo coronan el “put your money on me” que Butler canta casi como un mantra.

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Finalmente aparece “We Deserve Love”, una baladita que si bien bonita, resulta totalmente anodina si la comparamos con los tres temas que le preceden.

El resultado final es de cinco o seis canciones buenas en un disco que marca trece. Lo que sería un (muy a secas) buen disco de cualquier otro grupo, resulta en una obra que tira de mediana a mala para una agrupación del calibre de Arcade Fire, la cual, en un símil moderno de Narciso, pecó de vanidad al regodearse en sus atributos ya probados, así como en su esnobismo intelectual, con lo cual le dio la espalda a las musas que antes la habían inspirado. Ojalá Everything Now sea sólo un bache en el camino y no el ahogamiento del incuestionable talento existente en Butler, Chassagne y compañía. Ya veremos en qué acaba este mito.