Hace ya casi 25 años de la aparición de esta, la obra maestra de esa agrupación extraña, insólita, peculiar, paradójicamente ortodoxa y heterodoxa que fue Morphine. Segundo álbum del trío bostoniano conformado por el malogrado bajista Mark Sandman (fallecido de un ataque cardiaco durante un concierto en Roma, Italia,  en 1999), el saxofonista Dana Colley y el baterista Billy Conway, después de su disco debut Good de 1992, Cure for the Pain (Rykodisc 1993) conjuga en menos de cuarenta minutos las mejores cualidades de un sonido en el cual se fusionan el blues, el folk y el rock duro con una característica fuera de lo común: la ausencia casi absoluta del instrumento rocanrolero por antonomasia: la guitarra.

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¿Cómo fue posible que con tan sólo el uso de voces, saxos, percusiones y un potentísimo bajo de dos cuerdas se lograra una variedad instrumental tan rica como la de Morphine? El genio y el talento de sus integrantes, en especial de Sandman y Colley, es la única respuesta. Esto queda más que claro en Cure for the Pain y sus trece cortes, en los cuales los saxofones y el bajo se encargan de crear paisajes sonoros y atmósferas fascinantes que no se parecen a cosa alguna antes escuchada. El éxito que logró este trabajo se debió en buena parte a la publicidad de boca en boca y a su difusión en las radios colegiales de los Estados Unidos, lo cual permitió que Morphine realizara durante el mismo 1993 y parte de 1994 una extensa gira por Norteamérica y Europa. El disco vendió más de treinta mil copias, una cantidad muy significativa para tratarse de una grabación prácticamente independiente.

La trecena de composiciones de esta cura para el dolor resulta casi perfecta. De hecho, todas y cada una de ellas pueden ser consideradas hoy como piezas clásicas. Desde la inicial y sensualmente acompasada “Buena” (después de la breve y enigmática introducción llamada “Dawna”) hasta el epílogo de “Miles’s Davis Funeral”, pasando por la deliciosa balada (si es que puede llamarse así una canción de Morphine) “I’m Free Now”, la desafiante “All Wrong” (en este trío los riffs los hacían el bajo y el sax), la muy hermosa y cercana a la ternura “Candy”, la rítmica “A Head with Wings” (Billy Conway por cierto debutaba en este álbum, ya que en Good el baterista había sido Jerome Dupree), la folky “In Spite of Me” (aquí aparecen –¡aleluya!– una guitarra acústica y una mandolina), la provocativa y salvajemente desbordada “Thursday”, la cachonda “Cure for the Pain”, el beat de swing de la irónica “Mary Won’t You Call My Name”, la tomwaitsiana (incluso en el título) “Let’s Take a Trip Together” y la sardónica “Sheila”.

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Sin duda, Cure for the Pain representa el momento más alto de una agrupación que tuvo muchos momentos altos. Mark Sandman debe estar sonriendo desde el cielo (¿o desde el infierno?) de los bajistas.

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