Pudo ser el cantante de Led Zeppelin o de Deep Purple, pero no lo fue. Pudo ser muchas cosas espectaculares. Ser uno de los Rolling Stones o de Jethro Tull. Ser un solista como Rod Stewart, Tom Jones o Joe Cocker. Pero mejor quiso ser solamente él mismo, mejor quiso ser Terry Reid (1949) y no ser nadie más ni de nadie más. Quiso ser un rockero genuino y enruquecer así, como un ser libre y rebelde por su cuenta, un juglar de la jovialidad duradera, una persona feliz. Y lo logró de modo perfecto. Hoy es Terry Reid. Por eso se le admira. El más grande rockero que nadie conoce.

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Formó parte del underground bluesero y psicodélico de la segunda ola inglesa de los años sesenta del siglo pasado. Se dijo que lo mejor que le podía pasar a Inglaterra eran los Beatles, los Rolling Stones y Terry Reid. Pero jamás tuvo un éxito de masas, aunque nunca le ha faltado un público capaz de apreciarlo y así poder contar con una buena recepción por parte de la crítica entendedora. Él optó por crear su obra para esa gente, tocar para ellos, en lugares pequeños donde pudieran tenerlo muy cerca y gozar de modo íntimo con la calidad de su música.

Se le reconoce por contar con una voz excepcional y por ser un virtuoso de la guitarra. Le gusta hacer música rasposa y chirriante, buen rock punketoso; pero igual puede interpretar dulces baladas romanticonas. Hace covers sensacionales, pues se apropia por completo de las piezas que elige. Su versión de “The Whole of the Moon” es tan buena que hay un clip en YouTube en el que un fan de The Waterboys pone el audio de la versión de Reid sobre el video del grupo.

Me gusta verlo ahora en los videos de sus presentaciones en vivo. Es un viejo feliz, con algo de sobrepeso y cada vez menos pelo, pero con bigote de padrotito. Un viejo que goza cantando y tocando rock, igual solo con su guitarra que acompañado por un grupo pequeño. Para alcanzar siempre un sonido fresco y muy vivo, brillante y auténtico. Música para dar sentido al absurdo de la existencia.

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Como se puede ver en este video casero de una presentación de Reid en el 2006. Nomás escuchen la calidad de su voz y su guitarra, más el correcto acompañamiento de la banda. Pero lo que más luce y reluce es su interacción con el público, un auténtico diálogo creativo y no la mera manipulación de la masa; nada que ver con las cachiruladas chairas de Roger Waters, por ejemplo.

Un brillante ejemplo del ser rockero ruco de Terry Reid lo encontramos en la versión que hace de una rola de los Beach Boys, “Don’t worry baby”. Nunca la toca y canta de igual forma, siempre la hace diferente, de acuerdo a la ocasión. He aquí tres ejemplos de ella.

Da gusto verlo ruco, calvo y pazón, rockeando con muchas ganas y estilo, de acuerdo a la realidad, sin fingir que el tiempo no pasa, como hacen los payasos de Mick Jagger y Paul McCartney. Es importante encontrar héroes del rock que duren vigentes toda la vida y que no sean sólo una llamarada de petate, héroes que sean locos y rebeldes de chamacos y de ancianos, héroes que no truenen como ejote y se suiciden a los 40 o 50 años de vida, héroes a los que no mataron las drogas y el alcohol al llegar a los 27. Y esa heroicidad de toda la vida es la que encuentro en el sin igual Terry Reid.

Así que, para cerrar esta columna, les dejo su inspirado cover de un súper rolón de los Kinks, “Waterloo Sunset”.