Fue Emmanuel Boundzéki Dongala, autor de La Sonate À Bridgetower (2016), quien dijo que el erotismo se da cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo. Pero al escuchar Victims of Love Propaganda, el nuevo material discográfico de los tapatíos Descartes a Kant, pienso que Boundzéki debería replantear su frase, ya que no sólo la imaginación fornica con la carne, sino también la música, tal como lo hace el rock de esta agrupación de horror punk y noise fundada en el 2001, con influencias de Sonic Youth, Primus, The Blood Brothers y Annie Clark (St. Vincent).

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Renatus Cartesius e Immanuel Kant nunca fueron tan sexis, no hasta que éstos seis melómanos, amigos y músicos talentosos decidieron combinarlos para formar el nombre del grupo. Lo de “sexi” no lo apunto a la ligera, lo escribo explícitamente por Dafne Carballo, Cristina Morelos y Sandrushka Petrova, quienes son las verdaderas metáforas de la sensualidad, la alta criba del erotismo, la combinación carnal del ruido, las tres víctimas de la propaganda del amor y su lubricidad.  Dafne, Cristina y Sandra le dan sensualidad a los prestigios de la guitarra, son el triunfo de la nota musical sobre el punk, el refugio del espíritu de la lascivia que sobrevive a todo, incluso a las giras, y llegará un punto en el que la mera proximidad con ellas se traducirá en casi un dolor físico, porque así son la música, la belleza y el síndrome de Stendhal.

Aunque quizá la cita que más defina al disco no sea la del congolés Boundzéki, sino aquella de La Rouchefoucald: “El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto”, un amor gótico, que lacera, que marca y deja heridas en la piel, lejos, muy lejos del absurdo y cursi concepto del afecto estacional, el de las etapas del mismo como los cursos de la vida o las diferentes estaciones del año. El amor del que son víctimas Descartes a Kant es el de la propaganda, aquella que no engaña al escucha, sino que simplemente le ayuda a engañarse a sí mismo; la propaganda que desvirtúa el producto, al afecto –y no a la sensualidad–, que vendido a gritos y a riffs pierde el silencio de su calidad y gana resonancia lírica, verosímil y enérgica.

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La propaganda de Descartes a Kant —y de este trío de chicas (animales del erotismo en bruto)—, busca, en definitiva, a los seres forzados a vivir en sociedad, aquellos que no se sienten ligados a ellas ni por la más ligera fibra del corazón y por célula alguna de su cerebro, pero que terminarán siempre en sus redes, vagando con la incidencia del amor y sus entrepiernas dulces, inducidas por una psicosis de histeria y una incesante propaganda de miedo, de miedo al amor.

Victims of Love Propaganda rescata la realidad de la música mediante la grabación directa de las atmósferas, la voz de los espíritus que engloban el suceso y la propaganda del apego, la construcción estética de todos los elementos sonoros que lo constituyen. El arte de los ruidos no debe limitarse a una simple tentativa de reproducción. Descartes a Kant amplía y enriquece el campo sonoro con esta producción, porque sabe que es ineludible a nuestra necesidad de sentirlo todo, incluso el dolor del afecto.

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Los más grandes compositores evolucionan siempre hacia las disonancias más complejas, y así es como ha evolucionando esta gran banda, partiendo del sonido “puro” llegan casi al ruido y al avant-garde. Reemplazan la limitada variación de timbres de los instrumentos por la variación ilimitada de contrastes de ruidos y expresiones de los instrumentos, obtenidos por mecanismos especiales y sicalípticos. Cada ruido en Descartes a Kant se comporta por medio de sus vibraciones irregulares, en un sonido predominante, afectivo; esta es la razón por la cual la agrupación destaca en el rock experimental, por la variación y la comprobación de los semitonos o cuartos de tono, con las aportaciones de instrumentos especiales cuya misión será imitar la tonalidad del amor, de la propaganda del amor.

Cuando hayamos descubierto el principio mecánico por el cual se obtiene el ruido particular en este grupo, seremos entonces víctimas y podremos graduar su tonalidad según las reglas de la pasión; podremos, por ejemplo, acrecentar o disminuir su velocidad de rotación en nuestras vidas, si se trata de un instrumento de movimiento circular o la bragadura de estas tres musas; podremos aumentar o disminuir su grado de tensión por diferentes partes, si se trata de un instrumento inmóvil o de su mano rasgando el miembro con un riff discordante. Seremos capaces, en Victims of Love Propaganda, de distinguir diez mil o veinte mil ruidos propagandísticos del erotismo. Estos ruidos no debemos simplemente escucharlos, sino combinarlos según nuestra imaginación erótica.