Colin Stetson es un saxofonista con la habilidad para moverse en diferentes ámbitos. Lo mismo se le encuentra en el terreno pop (Arcade Fire, Bon Iver) que en la vanguardia al lado de Sarah Neufeld. Como solista es autor de una interesante trilogía (New History Warfare) y una arriesgada lectura a la obra de Gorecki (Sorrow: A reimagining of Gorecki’s 3rd Symphony) además de contar con una nueva placa: All This I Do for Glory. Credenciales suficientes como para llamar la atención.

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Con la seguridad que da el contar con una trayectoria sólida, Stetson comenzó a trabajar con tres músicos igual de avezados y arriesgados que él, aunque menos conocidos: Greg Fox (baterista de Liturgy), Shahzad Ismaily (bajista en Ceramic Dog y Secret Chiefs 3) y Toby Summerfield (Larval), guitarras. Resultado de esa unión es Ex Eye, cuarteto que ahora debuta con un álbum homónimo (Relapse Records, 2017).

El grupo se inscribe en el post metal —la definición se las encargo— y en cuatro cortes que apenas y alcanzan los cuarenta minutos, la cuarteta hace alarde de energía e intensidad. Si bien Stetson descuella porque los escasos momentos melódicos que aparecen en el álbum le corresponden a él, lo cierto es que el input que imprimen sus compañeros es fundamental. Una prueba de ello es “Opposition / Perihelion”, una composición en la que Fox toca una rápida batería sobre la cual Stetson y Summerfield entablan varios diálogos a lo largo del mismo, mientras Ismaily —cuyo instrumento regular es el bajo, pero en la banda se hacer cargo de los  sintetizadores— ilumina el tema con entradas y salidas de su teclado, ráfagas que colorean, pero al mismo tiempo funcionan como cuchilladas rápidas y certeras.

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En los pocos momentos en los cuales hay espacio para el reposo, Stetson ataca su saxofón con respiración circular, mientras los demás trabajan atmósferas y texturas en una vena más cercana a un ambient sombrío y crepuscular.   Mientras la tensión rítmica crece hasta volverse opresiva, el saxofonista evita crear pasajes violentos con su instrumento y en vez de ello construye drones y experimenta para añadir mayor densidad a un entramado que de nacimiento ya es abigarrado en su estructura.

“The Arkose Disc” es una composición que se construye sobre un sax burbujeante y sobre el cual Fox, Ismaily y Sommerfield escalan poco a poco; la intensidad crece hasta colmar el dique que amenaza con reventar a la mitad. En ese momento de aparente calma, el caudal de sonidos fluye con menor fuerza, aunque no se pierde la sensación de vértigo. Es una voz, una jaculatoria cifrada, la que libera el ánima, la fuerza. Una imagen sonora que rememora a ese extinto trío llamado Painkiller.

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El cierre se da con “The Grip”, un tema menos violento, atravesado casi en su totalidad por el sax, mientras batería y guitarra crean una capa densa, oscura, misma que refuerza el sintetizador y acerca el track al death metal; un final ideal, catártico, para un disco que abrirá ventanas, especialmente para quienes no están familiarizados con otras muestras más radicales de la vanguardia o del metal.