“We hate you, please die”, cantaban los Crash & The Boys en Scott Pilgrim Vs The World, la película de 2010 dirigida por Edgar Wrigt, con Michael Cera, el tótem de los niños freaks. Ahí, Cera debía derrotar a los siete exes malignos de su nueva novia, para ganarse su corazón. Una comedia de acción escrita por el mismo Wright (The World’s End, 2013).

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En aquella película, Crash & The Boys no es una banda real. Los interpretes de “I’m So Sad, Very vVery Sad” son encarnados por Broken Social Scene, un colectivo de pop churrigueresco e indie de Toronto, Canadá, la ciudad que erigió a Drake.

Un colectivo es una agrupación social o artística en la cual sus integrantes comparten ciertas características o trabajan en conjunto por el cumplimiento de un objetivo en común. En este caso, el colectivo de la Escena Social Rota consta de 19 integrantes, entre los que destacan Emily Haines (Metric), Kevin Drew (K.C. Accidental), Brendan Canning (Cookie Duster) y la guapísima y multitalentosa Leslie Feist, mejor conocida en el mundo de la música como FEIST  (Pleasure, 2017).

Dentro de la armonía conceptual del Broken Social Scene caben todo tipo de instrumentos, desde los más raros y extravagantes hasta los más elementales: vihuelas folclóricas, ingentes mandolinas, cuernos, sirgas, violines y demás juguetes sonoros.

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La Escena Rota había lanzado hasta la fecha siete álbumes extraordinarios, destacando entre ellos, el primero: Feel Good Lost (2010) y el que los dotaría de una profunda madurez resonadora, un exitoso disco homónimo, editado en el 2005, seguido por el Broken Social Scene Presents Brendan Canning-Something for All of Us, del 2008; hasta su ultimo aliento, del que nos quedaríamos completamente embarazados: Forgiveness Rock Récords (2010), arquitectura congelada, concordancia celestial, eufonía etérea, pero nos convendríamos ahí, escuchando esa excelencia un millón de veces, siete años para ser sinceros y exactos, años de llenarse los tímpanos de cerilla y mugre, de nostalgia y extrañeza, pero todo llega para el que sabe esperar (“hay que esperar”, nos dijeron ellos), la vida es una paralización de espera, siempre estamos mirando a la ventana, que pase el buen tiempo; aguardamos a que caigan las soluciones del tiempo mismo. Sentados escuchamos el sonido, la canción de nuestros hechos. Miramos hacia arriba para encontrar el tragaluz por donde hemos de salir, pálidos y azorados, y ser escuchas del propio drama estupefaciente, si es posible, si la vida y el Broken Social Scene lo permiten. Y así fue, llegó la efusividad convertida en un abrazo de trueno: Hug of Thunder (2017).

A diferencia de Forgiveness Rock Récords, Hug of Thunder despliega a un Broken Social Scene como un colectivo de rock que hace canciones de rock, sin más. Un montaje coherente en lugar de un producto comercial y carente de sentido. Cualquier tipo de contrapeso en la industria musical queda fuera de los sonidos y de los conceptos de Broken Social Scene y el juicio errante de que sólo están buscando hits es totalmente teórico, peripatético. No estamos ante una banda comercial de canciones pegadizas, sino ante un colectivo de músicos de culto, estudiados y leídos.

Nunca han tenido un problema que suene tan grande como sus propios tracks, pero, desafortunadamente, en cada registro grabado por Drew y su ex productor David Newfeld no pudieron mantenerse bajo control y ese ha sido siempre el gran tema, un error o característica de discusión. Si no era posible mantenerse juntos, sí era posible trabajar con el productor Joe Chiccarelli (cuyo C.V. incluye al Joe’s Garage de Joe de Frank Zappa) y ello realmente le proporcionó límites y nuevos bríos a la banda. Esto es especialmente trascendental, porque a partir de esto Hug of Thunder comienza a reforzar su agarre en la segunda mitad del disco. Así es como los álbumes de Broken Social Scene suelen interpretarse: renuncian a su típica deriva de lado B para algunas de las canciones más emocionantes y conmovedoras de la banda. En esa fórmula de lado B y en esa deriva de banda conceptual es donde se establecen las apuestas más arriesgadas de Hug of Thunder, logrando reconciliarse con los enemigos: canciones de amor que apelan a los ejercicios desilusionados de la amistad y fundamentales para aquellos que tienen su cabeza en las nubes o en la guerra, encontrando un terreno común entre “Stay Happy”:

“You set me straight at love / With your fists up and your bracelet / You’re the belle and you beckon / The hours the minutes the seconds / The more you are will I be / Will I be me”

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y “Please Take Me With You’:

“Please take me with you / It’s getting dark / And nobody’s speaking / Everyone’s getting caught / All the men are leaving / There’s nothing to start / Please take me with you / I want your heart”.

Porque la amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea, aún así en una escena social rota y desgastada.